Una vez había una pareja que no tenía niños y que tenía muchos deseos de tener uno. Oraron al Dios Shiva, uno de los dioses hindúes, y finalmente su deseo fue concedido. Pero existía una condición: su hijo no viviría más allá de su cumpleaños número 25. Incluso así, la pareja era muy feliz. Su hijo creció sano, bien educado e inteligente y pronto llegó el momento de casarlo. Su padre se tomó considerable trabajo para encontrarle una novia adecuada. Finalmente encontró a la hija de una familia muy devota y sintiéndose satisfecho hizo todos los arreglos para la boda. Al principio la madre del joven objetó que sería malo casarlo con una mujer que tendría que quedar viuda tan pronto, pero su padre insistió en que no existiría miseria en la vida de esta pareja. Todo marcharía bien.

Los jóvenes se casaron y pasaron los años. A medida que el joven se aproximaba a los 25 años de edad su madre comenzó a llenarse de miedo y tristeza, pero su padre de alguna manera se mantenía calmado, asegurándole a su mujer que nada ocurriría. El temido día llegó y pasó sin incidentes y luego el siguiente día y luego el siguiente. La madre del joven se calmó pero estaba perpleja, ¿cómo podía ser? El mismo Dios Shiva había fijado la fecha. El padre, viendo que su esposa estaba profundamente perturbada por los eventos, sugirió que fueran a la casa de su hijo donde ella encontraría respuesta a su pregunta.

Llegaron antes de la salida del sol y se ubicaron por afuera, frente a una ventana desde donde a la luz tenue de una pequeña cocina, pudieron ver a la joven nuera preparando el desayuno para su hijo. Observaron cómo ella batía la leche fresca para preparar mantequilla, y con cada movimiento del batido ella cantaba Shiva. Luego ubicaba la mantequilla en una fuente en la cocina para hacer ghee y al revolver la mantequilla que se derretía ella cantaba Shiva, Shiva. Asimismo mientras picaba las cebollas y el ajo fresco, el nombre de su Maestro del cielo estaba en sus labios. Y así cuando ella colocaba los condimentos dentro de la masa de la parantha (*), su clara y dulce voz cantaba con añoranza: Shiva, Shiva, Shiva.

Tiempo después, la simple comida en la que ella había estado trabajando por varias horas la sirvió a su esposo, él la comió con gran apetito y luego se fue a su trabajo. Al volver a casa los padres, la mujer le dijo al esposo: “fue lindo ver a nuestra nuera sirviendo a su esposo con tal devoción, pero todavía no entiendo por qué él está aún vivo.” El replicó: “querida, es cierto que el señor Shiva decretó que la vida de nuestro hijo iba a ser corta pero incluso el señor Shiva debe atender los rezos de sus devotos. Tú viste la forma en que esa mujer rezaba al señor Shiva al preparar la comida. Sus oraciones se introdujeron en la misma comida. Cada día, la muerte está esperando para llevarse a nuestro hijo y cada día él come esa comida y la muerte debe mantenerse fuera. Mientras ellos continúen con esta rutina divina, nuestro hijo no puede morir.”

 

Relato transcrito de

“Alimentos para la Salud y la Curación”

Yogi Bhajan

Guru Nanak Dev Publicaciones, 1983

 

(*) Parantha: Es un chapati relleno, frito en ghee.

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