El trabajo sufi en el umbral del sueño

En la tradición sufi, se realza la importancia del umbral que separa el estado diurno de vigilia y el estado de dormir con sueños. “Cuando uno está posado, con un precario equilibrio, en este umbral – explica el Pir Vilayat Khan, Maestro sufi contemporáneo que visitó Chile hace algunos años – se filtran fugaces indicios de las dimensiones superiores del ser. ” Y añade que el secreto de la habilidad de mantenerse en este umbral consiste en ser capaz de ir y venir entre el estado de vigilia, en que uno distingue claramente entre su consciencia de observador y el objeto de su darse cuenta – sea este el mundo físico o su propia psique – por un lado, y el estado de sueño en que las imaginaciones espontáneas fluyen libremente desde nuestra consciencia. Diversas tradiciones esotéricas enseñan a sus discípulos métodos para mantenerse en este umbral, entre ellas la secreta práctica del Nidra Yoga, además del budismo tibetano y el sufismo.

Cuando ponemos el foco de nuestra atención en nuestros pensamientos emergentes, caemos de nuevo en el formato diurno de la dualidad sujeto-objeto, en el punto de mira del ego, y perdemos nuestra espontaneidad. Podemos comprender, así, el rol de la luz coherente de nuestra inteligencia cuando se proyecta a la región nebulosa del inconsciente, al estar posados en el umbral entre la vigilia y el sueño: el de hacer coherente el paradójico patrón de interferencia de ondas de nuestra mente en su formato implicado (en el sentido de David Bohm) para obtener un significado comprensible, al precio de reducir al mismo tiempo la riqueza de nuestra mente oculta.

Por consiguiente — explica el Pir Vilayat – para sintonizarnos en un estado de ‘reverie’ (ensueño) tenemos que consentir en perder nuestra identidad en el flujo de los pensamientos. Para poder desconectarnos de nuestra perspectiva diurna debemos aceptar que no sólo el mundo físico no es lo que parece ser, sino que tampoco nuestra autoimagen es nuestra verdadera identidad. ” Y realizar que la forma que asumen nuestras imaginaciones no son nuestras imaginaciones sino sólo proyecciones de ellas, la punta del iceberg, por así decir. Por consiguiente, debemos dejar que las formas emerjan naturalmente del flujo onírico sin tratar de enfocar directamente la luz sobre ellas ni preocuparnos acerca de si dejarán o no una traza en nuestra memoria diurna.

Cuando la persona se haya acostumbrado a ir y venir entre estas dos perspectivas, llegará a un punto en que será capaz de mantener un doble contacto simultáneo con ellas. “Allí es donde nuestra psique consciente tendrá acceso a una invaluable fuente de recursos que revelará nuevos significados para nuestros problemas o desarrollo personal o nos inspirará en nuestra creatividad, especialmente en los trabajos artísticos. Y para esto es necesario entrenarse con repetida autosugestión antes de dormirse – nos recuerda el Pir – hasta que nuestra mente incorpore efectiva y naturalmente esta práctica… ”

El sueño lúcido en la tradición tibetana:
preparándose para morir lúcidamente

En octubre de 1992, tuvo lugar en Dharamsala, India, un taller privado de, científicos occidentales con S.S. el XIV Dalai Lama y otros representantes de la tradición tibetana sobre el tema “Dormir, soñar y morir”, coordinado por el el neurobiólogo chileno Francisco, Varela, Este taller fue el cuarto de una serie de encuentros sobre la mente, y la vida – cuyo primer volumen, llamado Diálogos entre el Budismo y las Ciencias Cognitivas apareció en Shambhalla Press, USA – organizados por iniciativa de S. S. el Dalai Lama.

Esta vez, la idea unificadora del encuentro fue el estudio de aquellos “estados marginales en que la mente cognitiva se “desarma” por así decir , según explicó Francisco Varela. En particular, se discutió sobre los estados llamados de “cuasi muerte, la neurobiología y la psicología del sueño, el sueño lúcido y sus aplicaciones en Occidente a partir de presentaciones hechas por especialistas occidentales en estos temas, completadas por la descripción de la especial tradición tibetana del Yoga del Sueño y las enseñanzas sobre el Bardo – estado intermedio entre la muerte y el siguiente renacimiento – a cargo de un yogui del sueño tibetano.

“Una de las primeras comprobaciones del taller – relata Varela – fue que para los tibetanos el trabajar con la lucidez en el sueño es algo banal. ” Y les divierte, de hecho, la tendencia occidental de usar la lucidez en el sueño para manipularlo, aunque sea con fines terapéuticos, para liberar traumas, represiones, tener experiencias placenteras, etc.

“La actitud de ellos agrega – es que el sueño, dicho someramente, es una especie de ‘ruido de fondo’. El proceso de transformación se acaba cuando uno agota sus sueños. El Buddha no sueña… porque no necesita soñar.” El sueño es la manifestación, no constreñida por el acoplamiento sensoriomotor, como dicen los neurobiólogos, de todas las tendencias habituales que la persona trae. Cuando toda esa actividad mental y esas emociones diversas, conflictivas o no, han sido usadas completamente, lo que ocupa su lugar es el estado que, para ellos, es el más interesante de todos: la luz clara del sueño”, aquel estado de consciencia lúcido sin contenido.

Cómo se puede describir este estado? “Supongamos explica Francisco Varela – que la idea, mejor dicho la experiencia del sueño lúcido nos sea ya familiar: estás soñando y, de pronto, despiertas en el sueño y te das cuenta de que estás soñando. Según tu grado de habilidad puedes entonces jugar con el contenido del sueño, transformarlo, dirigirlo, etc. Pero lo que dice la tradición budista tibetana es que, en lugar de jugar con el sueño, puedes volver a la médula de sus instrucciones de relajar y reposar la mente de manera radical, en profundidad, por completo. ” Y agrega que, al hacerlo, ocurre como si el sueño entrará en colapso y quedara sólo una especie de centro, de núcleo de consciencia bien despierta, pero que no tiene contenido, un simple darse cuenta (“naked awareness”). Es muy distinta y muy parecida, al mismo tiempo, de aquella que se puede haber experimentado en estado de vigilia. Es muy distinta porque es pura, totalmente pura, una clara luz, una lucidez sin ninguna olita. Y cuando la persona despierta, la transición al despertar se realiza como si no hubiera transición, y en eso esta consciencia se parece a la consciencia de vigilia. La clara luz de un zazen, una meditación bien hecha o la experiencia de una presencia muy vívida en la vida cotidiana están impregnadas de esa misma intensidad, pero allí hay contenido. Está, por lo menos, todo el funcionamiento mínimo, con un cierto contenido sensoriomotor, de memoria, pero en la vivencia en el sueño no hay nada. La diferencia es que el despertar no es un despertarse de otra cosa. La persona está en lo mismo. Es como que el mundo aparece, se superpone, sin cambiar el escenario… Eso es lo que hace la continuidad de consciencia, y la experiencia de sueño lúcido llevada a ese punto, en que el soñador experimenta como el colapso del sueño, según la tradición se parece mucho a la primera etapa de la muerte. Cuando una persona está muriendo, como su cuerpo está muriendo, en vez de colapsar el sueño, son los sentidos los que se están colapsando ! Y se puede llegar al mismo punto, si la persona lo sabe ver… Ese es el punto crucial !

“Es notable que, aunque esta etapa de la luz clara del sueño es conocida experiencialmente, aunque sea de manera esporádica, por algunos occidentales, como Hervey de Saint-Denys, Patricia Garfleld, Stephen LaBerge – continúa Varela – es casi desconocida en la literatura. En Occidente no se habla ni se conoce acerca de ese estado. Los soñadores lúcidos se han quedado en la lucidez en todo lo que se puede hacer, cambiar el contenido del sueño, etc. ” Pero falta la orientación más contemplativa, en que la idea es, por el contrario, recordar y poner en obra la instrucción clave de zazen, dzogchen o mahamudra. Ahí los tibetanos nos dicen que estamos pasando por alto el punto esencial, llegando al umbral y no entrando en la casa.

Cómo se llega a la luz clara?, podría preguntarse el lector. Y Francisco Varela responde: “Si has trabajado en meditación en el sentido clásico, en qué te has entrenado ?, El dirigir tu atención a estar en el momento y relajar todo lo que sea accesorio, una y otra vez. Y de pronto ocurre que recuerdas esa actitud al estar comprando en el supermercado. Y así, el recordar la instrucción de fondo, empieza a ser parte espontánea de lo que te viene a la mente. Es mi experiencia en estos sueños lúcidos: me doy cuenta de que estoy soñando y, entonces, me sucede en el sueño lo mismo que al estar comprando en el supermercado, espontáneamente. Ah !, estar aquí, simplemente, relajado, es algo que llega a estar incorporado a la médula, tanto en vigilia como al soñar.

Pero no es algo que se pueda producir. Lo único que se puede trabajar es hacerlo una y otra vez en la vida, donde tienes la voluntad de hacerlo, de manera que en el sueño aparezca en forma espontánea, tal como ha llegado a aparecer en la vida diaria. Ahora, si no aparece espontáneamente en la vida cotidiana, no va a aparecer tampoco en el sueño. Ese es todo el misterio en la técnica del yoga del sueño. Lo único que hay que hacer es tener muy claro que las instrucciones hay que aplicarlas en todo momento, incluso llevar al momento de dormir la intención de aplicarlas en el sueño. Dormirse con esa intención, que no será suficiente si la persona no la tiene incorporada casi como un automatismo, que viene regularmente en la vida cotidiana. ”

Otra cosa cierta es que hay que mantener una especie de entrenamiento, de recurrencia, en tratar a esta realidad como si tuviera en alguna medida las propiedades del sueño. Darse cuenta de que tampoco en esta realidad las cosas son tan sólidas como parecen. “En el sueño, uno no tiene este acople sensoriomotor de la vigilia – acota Francisco Varela – entonces las cosas son enormemente fluidas. Pero en este mundo, aunque están más constreñidas, tampoco están solidificadas como sí fueran de cemento; tienen una calidad onírica también, un elemento de lo inesperado, de las transiciones bruscas, de lo que pasa sin que sepa de dónde viene… Cultivar esa apreciación hace que la transición entre los dos estados, de vigilía y sueño lúcido, sea muy natural. Y no es tan difícil, según mi experiencia…” Por supuesto, quien haya practicado intensivamente muchos años y rara vez no esté “presente” en su vida cotidiana, seguramente no tendrá transición, al dormirse continuará en forma ininterrumpida en la luz clara. Pero si es algo que ocurre de vez en cuando, es como si después de una semana dormidos, tuviéramos un momento de presencia. .. No es como para estar muy orgullosos, en opinión del especialista… Aunque es mejor que nada.

El científico chileno relata que durante el taller, un “dream yogui’ (yogui del sueño) dio una clase magistral sobre la relación meditación-sueño lúcido, y sobre el sueño lúcido como un instrumento y no un fin en sí mismo: “Aunque la meditación no es el único camino para llegar al sueño lúcido, yo no entenderia cómo llegar a la luz clara del sueño sin la práctica de alguna forma de meditación que reconozca la cualidad desnuda de la mente. ”

Por supuesto, se puede ser lúcido en el sueño sin meditar, como Hervey de Saint-Denys. Más aún, S. LaBerge ha fabricado ya una maquinita para inducir el sueño lúcido: cuando el aparato detecta que uno está soñando (por los movimientos oculares rápidos) proyecta luces a través de los párpados…

Por otra parte, un experimento que no se ha hecho aún, y que interesa mucho al Dalai Lama, según nos informa Varela, es analizar fisiológicamente qué ocurre en el cerebro de un soñador que está experimentando la luz clara.

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