V: Pero esta adoración de Dios consume toda mi vida. No me doy cuenta de nada que no sea Dios. El llena mi corazón.

K: Y el hombre que rinde culto a su trabajo, a su jefe, a su ideología, se consume también en lo que le ocupa. Vos llenáis vuestro corazón con la palabra Dios, y otro con actividad; es eso devoción? Vos sois feliz con vuestra imagen, vuestro símbolo, y otro con sus libros o con música; es eso devoción? Es devoción el perderse en algo? Un hombre se consagra a su esposa por varias razones satisfactorias, es devoción la satisfacción? Identificarse con el país de uno es muy embriagador; es devoción la identificación?

V: Pero al entregarme a Dios no hago daño a nadie. Al contrario, me aparto a la vez del daño propio y no hago daño a otros.

K: Eso es algo, por lo menos; pero aunque podáis no hacer ningún daño exteriormente, no es dañosa la ilusión en un nivel más profundo, tanto para vos como para la sociedad?

V: No me interesa la sociedad. Tengo muy pocas necesidades; he dominado mis pasiones y me paso los días a la sombra de Dios.

K: No es importante averiguar si esa sombra tiene tras de sí alguna sustancia? Rendir culto a la ilusión es aferrarse a la satisfacción propia; ceder al apetito, en cualquier nivel, es ser sensual.

V: Sois muy perturbador y no estoy nada seguro de querer continuar esta conversación. Como veis, yo vine a adorar en el mismo altar que vos; pero veo que vuestro culto es totalmente diferente y que lo que decís me es incomprensible. Me gustaría, sin embargo, saber cuál es la belleza de vuestro culto.

Vos no tenéis cuadros, imágenes ni ritos, pero tenéis que adorar. De qué naturaleza es vuestra adoración?

K:  El que adora es el adorado. Rendir culto a otro es rendir culto a sí propio; la imagen, el símbolo, es una proyección de nosotros mismos. Al fin y al cabo vuestro ídolo, vuestro libro, vuestra plegaria, es el reflejo de vuestro trasfondo; es vuestra creación, aunque esté hecha por otro. Escogéis con arreglo a vuestra satisfacción; vuestra elección es vuestro prejuicio. Vuestra imagen es lo que os intoxica, y está esculpida por vuestra propia memoria; vos os estáis adorando por medio de la imagen creada por vuestro propio pensamiento. Vuestra devoción es el amor de sí mismo recubierto por el cántico de vuestra mente. El cuadro sois vos mismo, es el reflejo de vuestra mente. Semejante devoción es una forma de auto engaño, que no conduce más que al dolor y al aislamiento, que es la muerte.