Un hecho menos conocido y menos espectacular, aunque quizás más significativo, es que incluso un moderado y justificado bienestar, la seguridad material o la desaparición del miedo con respecto a los apuros económicos pueden presentar inconvenientes. Un claro ejemplo de ello son los países escandinavos, donde las extendidas previsiones sociales aseguran a todos los ciudadanos subsidios y asistencias en caso de necesidad. Pues bien, la falta de incentivos y de riesgos ha generado un sentimiento de monotonía y de aburrimiento en estos países que se muestran en elevados índices de suicidio. Naturalmente que han influido aquí causas diversas; pero ello nos demuestra que el bienestar económico no resuelve los problemas, y no es sólo que no aporte la felicidad, sino ni siquiera serenidad. Ciertamente que el remedio no consiste en acabar con estas ayudas sociales que eliminan una gran cantidad de desgracias y de sufrimientos. El remedio consiste en adecuadas ayudas de carácter psicológico y espiritual.

Tales ayudas son también actualmente necesarias y urgentes por otra razón. El rápido desarrollo técnico, la revolución industrial que se está llevando a cabo debido a la automatización y a la utilización de la energía nuclear producirán, una vez superadas las inevitables crisis de ajuste, una considerable disminución del trabajo y de las horas laborales y, en consecuencia, mayor bienestar económico. De esta forma las personas podrán disponer de más tiempo, de más energías y también de más dinero. Pero si no han sido educadas para utilizar todo esto de forma constructiva, para refinarse y elevarse, dicha disponibilidad se convertirá en una amenaza y en un peligro.

Finalmente, para evitar cualquier sentimiento de inferioridad o quizás de noble amargura en aquellos que no tienen posibilidades de contribuir económicamente a una causa, es bueno recordarles que esta forma de beneficiar a los demás no es la única ni tampoco la más elevada; existen muchas y distintas maneras de servir a la humanidad. Incluso las más sencillas y humildes, como mecanografiar un texto, escribir unas direcciones, etc., tienen un gran valor y dignidad espiritual cuando se realizan con fines humanitarios y al servicio de una obra espiritual. En realidad, los diversos modos y medios de servicio se entrelazan e integran recíprocamente. Las obras de quienes dedican su propio tiempo y sus energías requieren para su desarrollo de las aportaciones económicas y de los medios materiales necesarios. Y a la inversa: cuanto más numerosos y generosos sean los donantes, más numerosos deberán ser aquellos que sepan hacer uso fecundo y elevado de dichos medios. Por ello, y bajo este prisma, la tarea esencial e impelente es formar nuevas élites, esos equipos de pioneros de la Nueva Era constructores de una civilización nueva y mejor y de una cultura nueva y superior.

La totalidad del organismo heredado es trastornada y se descompone; el alma se entreabre de forma natural y se produce una refusión general que tan sólo aguarda el advenimiento de la impronta espiritual que le dotará de una nueva forma. Es precisamente esta inmensa posibilidad, vislumbrada y presentida por millones de hombres, lo que en definitiva alimenta el entusiasmo, el fervor y el espíritu de sacrificio que se evidencia en las revoluciones de cualquier nación. Y ello se debe a que el hombre, aunque conscientemente crea sólo en los datos y en los valores terrenales, es en el fondo EspírituDe ahora en adelante todo depende de la iniciativa espiritual, y por lo tanto personal, de los hombres.
Hermann Keyserling

De todo lo expuesto creo que es fácil deducir que el problema del dinero y de los bienes materiales es un problema esencialmente espiritual que sólo puede resolverse a la luz del espíritu. En verdad que espíritu y materia, esos aparentes y relativamente enemigos, pueden y deben unirse de manera armoniosa en una síntesis dinámica en la unidad de la vida.

Roberto Assagioli

Extractado por Pablo Cáceres de
El Ser Transpersonal.-Ed. Gaia, Madrid