El lector comprenderá ahora el sentido más profundo de la prohibición de mentirse a sí mismo: quien se miente, mentirá también a su álter ego. Eso será el fin del milagro. El lado maravilloso del encuentro desaparecerá detrás de un telón trivial de mentiras que rápidamente tomará el aspecto de un muro infranqueable. Más acá de este muro, la relación con el ser polar no se distinguirá en nada de aquellas que un hombre pueda tener con otras mujeres: esposas, amantes y aventuras. Una vez más la experiencia habrá fracasado.

Si están abiertos a la verdad, si su encuentro hace vibrar en ellos en armonía, cuerdas hasta ahora silenciosas, el camino está entonces trazado a los seres polares para recrear con sus esfuerzos conscientes el Microcosmos antes disociado y roto. La Escalera será franqueada como un solo peldaño, y rápidamente se verán colocados delante del segundo Umbral.

Exigencias del Camino

Al comprometerse en el Cuarto Camino, el discípulo tiene como tarea esforzarse en todas las circunstancias de su vida interior por actuar como si su Centro Magnético ya estuviera formado y pasablemente desarrollado.

Al empeñarse en este Camino – obligatoriamente de a dos – el Caballero y la Dama de sus Pensamientos sostienen el esfuerzo por actuar en todas las circunstancias de su vida interior y exterior como si ya estuvieran unidos en su consciencia del Yo real, indivisible aunque bipolar, UNO para sus dos Personalidades y sus dos cuerpos.

Esta tarea es, de distinta forma, más difícil y ardua que la que corresponde al Hombre astuto, porque desde el comienzo exige un gran esfuerzo consciente – en principio permanente – de maestría de los dos participantes. Aquí se exige un rigor sin tropiezos del pensamiento, un tratamiento metódico de las emociones negativas, así como el cultivo de las emociones positivas orientadas – como los esfuerzos mentales – hacia un objetivo esotérico bien determinado, elegido sinceramente e idéntico para los dos. No es sólo que deben satisfacer la exigencia más válida que nunca para cada uno de ellos de no mentirse a sí mismos, sino que tampoco deben mentirse el uno al otro, ni en palabras ni en pensamientos, y esto desde el día de la decisión tomada en común de emprender juntos este Camino.

En compensación, si satisfacen las condiciones generales de conducta y trabajo, así como las indicaciones particulares que les hayan sido dadas, el hecho mismo de marchar juntos esforzándose a cada paso por actuar con el espíritu de un Yo bipolar, facilitará en gran medida su tarea.

La sinceridad absoluta que se les exige debe constituir una base sólida para sus relaciones en todos sus aspectos: en consecuencia, toda falta a esta condición esencial se traducirá inmediatamente en una caída parcial, provisoria, y que incluso podrá transformarse en definitiva en caso de reincidencias. En estos casos los culpables serán arrojados de este lado del primer Umbral. Entonces todo tendrá que volver a empezar.

El primer interrogante a dilucidar es saber si los dos seres polares pueden pertenecer a dos tipos humanos diferentes. Por ejemplo, un hombre intelectual puede tener como ser polar a una mujer de tipo instintivo o emocional? Ello está absolutamente excluido. El Yo real que es UNO para la pareja comporta una bipolaridad ideal. Así mismo, la polaridad de dos Personalidades de seres polares, reflejo desdoblado de la del Yo real, es también ella necesariamente ideal. Es decir, que es total entre los centros psíquicos respectivos. Esto va incluso más lejos: los cuerpos físicos de dos seres polares son también rigurosamente polares.

La segunda cuestión que se plantea al Caballero empeñado en la búsqueda de su Dama elegida es saber cómo podría reconocerla después de haberla encontrado. Cómo no tomar por ella a una persona extraña? Cómo también no pasarla por alto? Para los justos, incluso ni se plantea el problema porque en cualquier circunstancia ellos ven con exactitud. Para los corazones corrompidos – y en distintas proporciones, es el caso general – la cuestión no es tan simple de resolver.

La tara kármica provoca una deformación de la Personalidad, la que, por este hecho, ya no representa un reflejo ideal del Yo real. Esta deformación duplicada por las que producen las taras adquiridas en esta vida – por ejemplo, la deformación profesional de la psiquis – recubren la Personalidad con una especie de corteza. De manera que, a menos de un ya serio entrenamiento a causa del trabajo esotérico, el hombre ve todo a través de esta corteza que deforma la imagen exacta de los seres y las cosas.

Agreguemos que la tara kármica de dos seres polares no es ni puede ser jamás idéntica, En efecto, cada Personalidad en la autonomía de su vida produce un karma particular. De ello resulta, entre otras consecuencias, que dos seres polares pueden no nacer en la misma época, como normalmente debería producirse, sino con una diferencia en el tiempo que en ciertos casos puede ser considerable. Todos estos obstáculos explican por qué es raro que los seres polares se reconozcan espontáneamente en el momento de su encuentro.

Esta confusión en los hechos justifica también la noble tradición medieval según la cual el Caballero y la Dama elegida, antes de unirse para siempre, aceptaban buenamente pasar por pruebas, generalmente duras. Pero antes de hablar de las pruebas – que siempre están en vigor – es necesario que los dos seres enamorados con el Amor vivificante lleguen a una sincera y casi absoluta convicción de su polaridad.

Como hemos dicho, la deformación kármica de la Personalidad se presenta siempre como una corteza en la superficie. Detrás de la corteza, la psiquis queda igual a sí misma: más o menos desarrollada, más o menos equilibrada. El ejercicio de constatación proseguido metódicamente permite al hombre hacer en sí mismo las separación entre los elementos de la corteza adquirida, por consecuencia, de naturaleza heterogénea, y distinguirá entonces con facilidad, al observarse introspectivamente, el tipo humano al que pertenece. Esto es importante. Pero todavía no es suficiente como para que pueda hacerse una imagen precisa de la Dama de sus pensamientos. Para ello le es necesario aún hacer considerables esfuerzos conscientes,

El hombre no puede verse en tanto se identifique con el conjunto: Personaldad-corteza. Porque entonces se identifica – en el plano de la consciencia de vigilia, entendámoslo bien – con lo que no es él mismo, hablando con propiedad. Al eliminar la corteza por medio del ejercicio, llega a una identificación con su Personalidad desnuda, y adquiere así una posibilidad de proceder a una introspección de segundo grado. Esta le permitirá distinguir en sí mismo la imagen de su ser polar ideal que vive en él, y lo acompaña noche y día aquí abajo desde el nacimiento a la muerte. Así como en su ser polar la imagen ideal de él mismo vive toda la duración de su vida y en todas las circunstancias.

El Yo real, en sí bipolar y UNO para la pareja, está, por así decirlo, vuelto en el hombre de cara a su lado femenino, y en la mujer hacia su lado masculino. Es de esta manera que el Caballero lleva en sí la imagen ideal de su Princesa Visión y la Dama lleva consigo la de su Príncipe Encantado. La imagen crece en el hombre con su crecimiento. Pero sólo aparece en función de la evolución de la Personalidad y, en consecuencia, no puede alcanzar toda su amplitud más que en el límite del desarrollo mismo de la Personalidad. Cual es entonces ese considerable esfuerzo consciente que debe desplegar el Caballero en el curso de la introspección del segundo grado para descubrir en sí – maravillado – la imagen ideal de su Princesa Visión?

Por la práctica metódica de constataciones introspectivas, el hombre alcanza a distinguir en él la corteza de su propia Personalidad. En otros términos, con ello vuelve a encontrar el verdadero Yo de su Personalidad. Por supuesto que no es su Yo real, pero ya no es más su falso Yo de la Personalidad tal como se presenta cuando el hombre se identifica con sus pequeños yoes. Cuando esta preponderancia es muy pronunciada, es fácilmente perceptible. Se dice que el hombre es falso, disimulado o deformado. Al liberarse del imperio de la corteza, el hombre vuelve a ser él mismo, por supuesto que en el plano de la consciencia de vigilia, la del Yo de la Personalidad. Se dice entonces de él que es un espíritu abierto, Aunque todavía no tengan nada de propiamente esotérico, estos últimos casos son demasiado raros en la sociedad contemporánea.

El ejercicio de constataciones por el cual el hombre alcanza este importante logro en el camino del Conócete a ti mismo, es un acto de concentración pasiva. Sin embargo, para alcanzar la visión en sí mismo de su ser polar, el hombre debe practicar, en esta introspección de segundo grado, una concentración activa.

Desde el día en que el hombre ha captado la existencia de los seres polares, y al captarla su corazón se enciende con el deseo ardiente de encontrar el suyo, debe dedicarse sin tardanza a la tarea. Así el hombre – joven o viejo – de ahí en adelante debe vivir para ello, cultivando dentro de ese objetivo el doble deseo de:

a) merecer la felicidad de reconocer en sí mismo la imagen de su ser polar,
b) merecer la felicidad de reconocerlo desde que se vuelvan a encontrar.

La máxima general que debe aplicarse rigurosamente es que para alcanzar la meta propuesta es necesario pensar en ello sin cesar. Es la concentración activa exigida. Al contrario de lo que podría creerse, este permanente ejercicio no sólo no constituye un impedimento a la actividad exterior, sino que aumenta considerablemente la capacidad de trabajo. No es difícil comprender por qué. Es porque, desde el primer día de práctica de esta concentración activa introspectiva, el hombre se vuelve hacia su Yo real, la fuente de su vida y de sus fuerzas y, paso a paso, día tras día, marcha a su encuentro.

También no se perderá de vista que a causa de las necesidades del Período de Transición, la rápida aproximación de la Era del Espíritu Santo y la encarnación acelerada de las almas ligadas a nuestro planeta, la puerta del que llamaríamos Quinto Camino se encuentra ampliamente abierta. En virtud de lo cual, tanto los Caballeros como sus Damas son beneficiados más particularmente con la gracia divina: unidos para siempre en la Verdad y la Vida, entrarán en el seno del Señor para ser empleados inmediatamente en un trabajo realizado en Su propio Nombre.

Porque en la actualidad, tal como 2.000 años atrás: la cosecha es grande, pero los obreros pocos.

Boris Mouravieff

Extractado por Farid Azael de
Boris Mouravieff.- Gnosis.- C. S. Ediciones

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