Y qué quiere decir eso de tener nuestro propio ciprés? Ese ciprés que está dentro del círculo, no llegará a ser el nuestro hasta que nosotros mismos no hayamos entrado en el círculo. Lo cual quiere decir que habremos aceptado el kong-an como nuestro: ya no seremos de los que sólo quieren estudiar el kong-an de los demás! Un kong-an no es para nosotros hasta que sea el nuestro; los de los otros no son kong-an. Por consiguiente, el ciprés del discípulo de Tchao Tcheu no es mi ciprés. Debo hacer que ese ciprés sea mío, y una vez que sea mío, ya no es suyo.

El primer paso es rechazar la actitud de observador. Siguiendo el dedo de Tchao tcheu, mira al ciprés con tus propios ojos. Tchao Tcheu está allí sentado, ante ti, y el ciprés en el patio, al alcance de tu mirada. Estás frente a Tchao Tcheu; estás frente al ciprés. Ves el ciprés? Si lo ves, el kong-an ha tenido éxito. Que sea un ciprés, un limonero o un sauce viene a ser igual. Como si fuera una nube, un arroyo, o esta mano que se apoya en la mesa. Si los vemos, el kong-an ha tenido éxito.

A veces los maestros zen, en lugar de crear nuevos kong-an, vuelven a los antiguos. Eso no quiere decir que permitan a sus discípulos hacer el papel de observadores sirviéndose de su intelecto para examinar los kong-an de los demás. Los maestros zen quieren que los kong-an antiguos sean renovados y que los discípulos los tomen como propios. Un monje preguntó a Dien Ngu Giac Hoang, maestro zen vietnamita del siglo XIII: Qué se entiende por el asunto único del avance? Refiriéndose a una antigua imagen, Dien Ngu respondió: Es llevar la luna y el sol en su báculo. El monje repuso: Y de qué sirve un antiguo kong-an? Dien Ngu sonrió: Cada vez que es re-enunciado, se hace nuevo.

Si uno no ve el ciprés, es que no ha podido hacer de él un ciprés nuevo para sí mismo, el ciprés vivo de la realidad y que se ha contentado con ir a buscar la imagen del ciprés de otro.

Después de la muerte de Tchao Tcheu, un monje vino a aprender de su discípulo: Ha dado explicaciones acerca del ciprés? El discípulo, que por entonces había alcanzado el despertar respondió: Mi maestro no habló nunca de un ciprés. Sin embargo, el kong-an del ciprés era muy famoso y todo el mundo hablaba de él en el círculo zen. Cómo es que el discípulo quería negar un hecho conocido por todos? El monje insistió: Todo el mundo sabe que el propio maestro ha enunciado el kong-an del ciprés; por qué negarlo? El discípulo de Tchao Tcheu le contestó enérgicamente: Mi maestro no enunció nunca semejante kong-an; sería mejor que dejaras de calumniarlo.