Podemos comprender cuán decepcionado se sentiría. Habiendo empleado un antiguo kong-an, lo veía transformado en un kong-an enteramente nuevo cuyo efecto podía ser mucho mayor. Aquel día Hu Teu y sus colegas no recibieron el impacto. Pero es posible que 300 años más tarde, otras gentes hayan podido conocer la iluminación gracias al mismo kong-an.

To Chan viene a consultar a Long Tan y se queda a su lado hasta media noche. Entonces Long Tan le dice: Es tarde, por qué no te retiras ya? To Chan abre la puerta y sale, pero al poco vuelve diciendo: Está oscuro ahí fuera. Long Tan enciende entonces una vela, pero en cuanto To Chan la alza, Long Tan la apaga. Les envuelve la oscuridad y, en ese preciso momento, se produjo el despertar de To Chan. Se inclinó profundamente. Las tinieblas repentinas ayudaron a To Chan a comprender la acción de Long Tan.

Ya hemos dicho que Hiang Yen en una ocasión pensó que Kuei Chan no quería enseñarle el secreto del zen. Abandonó el monasterio y se retiró a un lugar muy apartado. Pero Hiang Yen no es el único practicante que ha pensado así. No pocos discípulos proponen a sus maestros problemas que creen importantes, pero a los que al parecer éstos no quieren contestar. Y los discípulos se quejan: Llevo aquí tantos años Por qué se me trata como a un recién llegado?. Un monje preguntó al maestro Long Tan: Qué es la realidad en sí (tathata), qué es la sabiduría suprema (prajna)? Y Long Tan respondió: No tengo en mí la menor realidad; no poseo sabiduría suprema. Otro monje preguntó a Ma Tsu sobre la intención del primer patriarca. Ma Tsu dijo: Estoy cansado, no puedo decírtelo hoy. Vete a preguntárselo a tu hermano-mayor-en-el-dharma, Tche Tsang. Cuando el monje se dirigió a Tche Tsang, éste le dijo: Por qué no se lo preguntas al maestro? Ya se lo he preguntado. Está cansado y me ha recomendado que venga a ti. Tche Tsang le dijo: Me duele la cabeza. Vete a consultarlo a nuestro hermano-en-el-dharma Tche Hai. Y cuando el monje se dirigió a Tche Hai, le contestó: No lo sé.