No querer contestar a una pregunta o decir algo que en apariencia no tiene nada que ver con ella, no significa que el maestro se resista a ayudar a su discípulo. El maestro sólo trata de no dejar que el discípulo entre en el mundo de las especulaciones. De hecho, el maestro puede citar siempre pasajes de las escrituras santas y dar explicaciones detalladas concernientes a las nociones de tathata, nirvana, prajna, etc. Si no lo hace, es porque sabe que todo eso no es útil para el despertar de su discípulo.

Claro que hay casos en que tales explicaciones pueden ayudarle en su esfuerzo para desembarazarse de los falsos puntos de vista sobre la doctrina y los métodos. Pero el maestro no quiere dar ni respuesta ni explicaciones que pudieran destruir la oportunidad del despertar y perjudicar así al discípulo. Kuei Chan preguntó una vez a Po Tchang: Se puede hablar sin servirse de la garganta, los labios, la lengua?, y Po Tchang respondió: Claro, pero si lo hago, habré destruido toda mi posteridad.

Long Tan vivió muchos años con su maestro Tao Sin sin recibir de éste los secretos del zen. Un día ya no pudo aguantar más el silencio: Maestro, llevo años a tu lado para aprender el zen, pero tú no me has transmitido nada. Te ruego que me trates con más compasión. Tao Sin le dijo con voz sumisa: Siempre te he estado transmitiendo los secretos del zen, desde el día que entraste en el monasterio. Cuando me traes una taza de té, yo la acepto; cuando me traes la comida, te doy las gracias; cuando te inclinas ante mí, inclino la cabeza; cómo dices entonces que nunca te he transmitido la esencia del zen?

El maestro zen vietnamita Tina Khong, a quien su discípulo reprochaba por no haberle enseñado el secreto del zen, le dijo: Vivimos juntos en este templo; cuando encandilas el fuego, yo lavo el arroz; cuando pides limosna, sostengo tu escudilla Nunca te he desatendido.

Para ayudar a los practicantes a atravesar el río y ganar la orilla del despertar, los maestros zen les tienden la pértiga de los medios hábiles. Pero es menester que el discípulo llegue a asirla. Si sus ojos están cerrados y su mente bloqueada, el practicante la deja escapar. Un monje fue a preguntar al maestro zen vietnamita Cam Thanh: Qué es el Buda? Cam Thanh dijo: Todas las cosas. El monje prosiguió: Qué es la mente del Buda? Cam Thanh respondió: Nada ha sido escondido. Y el monje dijo: No lo entiendo. Cam Thanh replicó: Has fallado.