Un maestro zen que ha obtenido el despertar posee una capacidad extraordinaria para comprender a los alumnos que trabajan bajo su dirección. Y porque comprende bien la mentalidad de su discípulo puede recomendarle métodos eficaces para iniciarlo en el mundo del despertar. El lenguaje del zen es uno de esos medios. Y para que pueda ayudar al practicante, ese lenguaje debe:

a) Tener poder para liberar a la persona de los prejuicios y del apego a los conocimientos (puntos de vista).

b) Convenir a la persona a la que va dirigido.

c) Ser un medio hábil y eficaz.

El medio hábil puede ser una declaración verbal o un simple gesto. Los grandes maestros poseen lo que el budismo llama la sabiduría de los medios hábiles (upaya-jnana), o capacidad de crear y emplear diferentes medios según convenga a distintas ocasiones y mentalidades. Las conversaciones entre Tchao Tcheu y Nan Tsiuan son un ejemplo de medios hábiles. El ciprés en el patio y la flor mostrada por Buda en silencio, también son medios hábiles.

Pero esos medios no son verdaderamente hábiles si no convienen a las circunstancias particulares. Deben ser eficaces y por eso responder exactamente a una necesidad real y a una mentalidad particular. Si el maestro no es capaz de comprender la mentalidad del alumno, tampoco será capaz de crear esos medios hábiles y eficaces. Un único medio no puede ser empleado en cualquier circunstancia y por ello el maestro debe crear otros muchos apoyándose en su comprensión de la mentalidad de los individuos o grupos. En el budismo se habla de las ochenta y cuatro mil puertas de entrada a la realidad. El budismo zen subraya la extrema importancia de la eficacia y de la habilidad de los medios empleados por los maestros zen para el despertar de sus discípulos.

Si te encuentras a Buda, mátalo
Uno de los grandes poderes de los medios hábiles es liberar a los seres de la cárcel de sus conocimientos y prejuicios. Estamos apegados a nuestros conocimientos, a nuestras costumbres y prejuicios; el lenguaje del zen debe ser capaz de liberarnos. En el budismo el saber constituye el mayor obstáculo para el despertar, al que se le llama obstáculo de conocimiento y se trata de los conocimientos basados en los conceptos. Si estamos dominados por esos conocimientos no tendremos posibilidad de ir más allá y realizar en nosotros el despertar. El Sutra de las cien parábolas cuenta la historia de un joven viudo que vivía con su hijo de cinco años. Un día, al volver a su casa la encontró incendiada; había perdido a su hijo. Cerca de la casa quemada estaba el cadáver carbonizado de un niño que él creyó que era el suyo; y en ese estado de ánimo lloró a su hijo y preparó la cremación del cuerpo según los ritos de la India. Guardó las cenizas en un saquito que llevaba siempre consigo, noche y día, en el trabajo y en el descanso. Pero resultó que su hijo no había muerto carbonizado, sino que lo habían secuestrado unos forajidos. Un día el niño se escapó y volvió a la casa de su padre. Llegó a medianoche, cuando su padre iba a acostarse, llevando siempre consigo el famoso saquito. Llamó a la puerta. Quién es?, preguntó el padre. Soy tu hijo. Mentira. Mi hijo murió hace tres meses. Y se empeñó en no abrir. Al fin, el niño tuvo que irse y el pobre padre perdió para siempre a su hijo tan querido