Cuál es el sonido de una sola mano? Esta pregunta es un hacha que corta los raíles ante la locomotora: destruye en nosotros el hábito de la conceptualización. Si el fruto está maduro, es decir, si nuestro espíritu está bien preparado, ese hachazo nos podrá liberar de los lazos que nos encadenan desde hace tantos años al mundo en que vivíamos como muertos, y reintegrarnos al seno de la realidad viviente Pero si no estamos prestos a recibirla, continuaremos nuestras vanas peregrinaciones en el mundo de los conceptos. La pregunta sigue ante nosotros: Cuál es el sonido de una sola mano? Especulamos todo lo que podemos e imaginamos de mil formas el famoso sonido de una sola mano; y lo que encontramos se lo presentamos al maestro con la esperanza de que responda a su idea Pero el maestro dice siempre que no. Llegamos a un callejón sin salida, corremos el riesgo de volvernos locos, de perder la cabeza por ese maldito kong-an. Y exactamente a partir de ese momento de crisis terrible comenzamos el retorno a nosotros mismos. Entonces el sonido de una sola mano puede llegar a ser como un sol que bañe todo nuestro ser.

Hiang Yen era un discípulo del maestro Po Tchang. Era inteligente, pero al morir su maestro no había obtenido aún el despertar. Entonces se adhirió al maestro Kuei Chan y trabajó bajo su dirección. Kuei Chan le preguntó un día: Háblame de la vida y de la muerte. Cómo era tu cara, cómo eran tus ojos cuando todavía no habías nacido? Hiang Yen se esforzaba en vano por dar una respuesta; se retiró a su cuarto, reflexionó día y noche, releyó los textos que había estudiado, buscó en los apuntes que había tomado en los tiempos de Po Tchang, pero no halló la respuesta. Cuando se presentó Kuei Chan, éste le dijo: Yo no quiero saber cuáles son los conocimientos que has adquirido; quiero solamente captar de ti cuál es tu visión espiritual. Dime algo. Hiang Yen respondió: No sé qué decirte, maestro. Si te parece, dime algo tú a mí. Pero Kuei Chan respondió: Para qué te serviría que yo te hablase de mi propia visión?. Hiang Yen se desesperó; pensó que su maestro no debía querer ayudarle. Quemó todos los libros que tenía y se retiró a un lugar muy apartado de la gente. Y se dijo: Para qué trabajar tanto en el estudio del budismo? No necesito estar versado en la doctrina, sólo quiero vivir la vida de un simple monje. Un día mientras preparaba la tierra para sembrar alubias, su azada hizo saltar una piedra que dio contra una gran caña de bambú e hizo tac. Ese sonido provocó en él el despertar. Lo que Kuei Chan llamaba tu cara y tus ojos antes de nacer brilló de repente en su mente. Había alcanzado el despertar.

Kuei Chan no quiso introducir a Hiang Yen en el mundo del intelecto, sino que éste volviera a su propia naturaleza. De hecho, la posibilidad del despertar no se le ofrece a Hiang Yen más que cuando ha abandonado las empresas del intelecto. El kong-an, en este caso, hizo bien su papel, fue eficaz. Puso al practicante en el campo de la experimentación espiritual y provocó una crisis que desencadenó el despertar.

El dedo y la luna
Como la realidad sólo puede ser vivida y experimentada, la doctrina budista no podría tener por fin describir la realidad. Únicamente sirve de medio, de guía para el practicante en su experiencia de esa realidad.
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El Sutra, el despertar perfecto, nos dice: Todas las doctrinas enseñadas por Buda han de ser consideradas como un dedo que señala la luna. Para mostrar la luna nos servimos de un dedo, pero no hay que confundir el dedo con la luna, porque el dedo no es la luna. Los medios hábilesupaya en sánscrito – son métodos creados con intención de guiar a las gentes en sus esfuerzos hacia el despertar. Si esos medios son tomados por fines, es decir, por la descripción del despertar o por el despertar mismo, dejan de ser útiles; al contrario, vienen a ser como una especie de prisión definitiva. En cuanto pensamos que el dedo es la propia luna, ya no sabemos mirar en la dirección señalada por el dedo.

Significado del kong-an
Hemos hablado de la función del kong-an más que del significado que se esconde en él. Pero un kong-an, para ser eficaz, debe significar algo para la persona a la que va dirigido. Cuando el maestro propone un kong-an a su discípulo, debe estar seguro de que ese kong-an le conviene. En otras palabras, el kong-an debe ser un medio hábil.

El kong-an no puede ser una frase cualquiera que envuelva una contradicción destinada a desviar al practicante que busca la verdad hacia el camino de la especulación. Por eso, cuando recibe un kong-an, el practicante se siente tentado a descubrir en él un significado. Y este deseo de descifrarlo le arrastra siempre al laberinto de las reflexiones filosóficas.

Hay que tener en cuenta que un kong-an no tiene significado si no va dirigido a una persona determinada o a un grupo determinado. Fuera de esa persona o de ese grupo, el kong-an no tiene significado. Es el principio del medio hábil. Cada kong-an se aplica a un caso particular. Si se emplea para más de una persona, es porque tienen mentalidad y condiciones psicológicas parecidas. El significado del kong-an no existe pues más que para la persona a quien le afecta, y no para las demás.

Tener significado, tratándose de un kong-an, es tener significado para alguien. Este significado no se puede expresar en conceptos o ser reducido a conceptos. Si por significado se entiende conceptos e ideas, los kong-an no poseen en absoluto ese tipo de significado. Su significado es el efecto producido en el espíritu del que lo recibe. Si un kong-an no está adaptado a su destinatario, carece de significado, aunque lo haya proferido un maestro zen.

Un monje que pasaba por un mercado oyó que un carnicero le decía a su cliente: Esta carne es de primera calidad. La mente del monje se iluminó y obtuvo el despertar. Está claro que el carnicero no era un maestro zen y que lo que dijo no estaba destinado a ayudar al monje. Pero, por casualidad, esa afirmación sobre la calidad de la carne impactó en la mente madura del monje y produjo un gran efecto. Sólo el recién iluminado vio el significado y el efecto del kong-an. El carnicero, que era su autor, no tenía ni idea de lo que había ocurrido.

El maestro debe conocer a fondo la mentalidad de su discípulo para poder proponerle un kong-an idóneo. Todo maestro cosecha éxitos, pero también fracasos cuando propone un kong-an no apropiado. Cuando se nos plantee un kong-an antiguo ya propuesto a otra persona – es posible que gracias a él lleguemos también nosotros al despertar; basta con que nos convenga y nuestra mente esté madura. Si el kong-an no nos produce ningún efecto, puede ser por dos razones: la primera es que no sea para nosotros, que no nos esté destinado; la segunda es que no estemos aún prestos para recibirlo. En cualquier caso, hay que dejar que obre el kong-an y no hacer esfuerzos de deducción y de razonamiento para darle una significación conceptual, ya que no tiene significado más que para el que está en el círculo de las circunstancias. Si estamos fuera de ese círculo no puede tener sentido para nosotros. Quizá lleguemos un día a estar en ese círculo; es decir, quizá podamos encontrarnos exactamente en las mismas condiciones que aquel a quien el kong-an fue dirigido entonces; pero entretanto estamos aún fuera del círculo. Lo que debemos hacer en tal caso es sembrar ese kong-an en el terreno de nuestra vida espiritual y regarlo con nuestra consciencia. Algún día puede ofrecernos la flor del despertar.

El no de Tchao Tcheu
Un monje le preguntó a Tchao Cheu: Tiene un perro la naturaleza del despertar?. No, contestó el maestro. Y otra vez le preguntó otro monje: Un perro tiene la naturaleza del despertar, o no la tiene?; y Tchao Tcheu le contestó: Sí. Por qué esas dos respuestas diferentes, contradictorias, para una misma pregunta? A causa de la diferente mentalidad de los que preguntaban.

El sí y el no han de ser considerados aquí como medios hábiles, que tienden a producir efectos apropiados en la mente de aquellos practicantes. Cada respuesta no pretende ser una realidad objetiva. En el círculo del budismo mahayana se dice que todo ser posee la naturaleza del despertar; que todo ser puede llegar a ser un buddha. En el plano conceptual, la verdad objetiva está del lado de la palabra sí. Pero en el mundo no conceptual de la verdad viva, la palabra sí no es un concepto que se opone al concepto de no. Las palabras sí y no obran aquí sobre el practicante en dirección diferente: por lo cual su significación sólo puede ser recibida de modo subjetivo por la mente del practicante en cuestión.

El no de Tchao Tcheu ha sido empleado por no pocos maestros como kong-an para sus alumnos. Oigamos, por ejemplo, al maestro Wu Men, monje chino nacido en Hang Tcheu y muerto en 1260, en su obra Wu Men Kuan:

Para llegar al zen, hay que franquear la puerta de los patriarcas. Para obtener el despertar, hay que llegar al fondo del espíritu. Si no podéis franquear la puerta de los patriarcas o si no podéis llegar al fondo de vuestra mente, seguiréis siendo siempre como los fantasmas que se apegan a las plantas y a las hierbas. Pero qué es la puerta de los patriarcas? Esta sola palabra: no, es ya la puerta para toda la escuela del zen. El que pueda franquearla, no sólo podrá encontrar a Tchao Tcheu, sino también caminar de la mano con todos los demás patriarcas. Mirará las cosas con los mismos ojos y escuchará con los mismos oídos. Qué alegría Hay alguno entre vosotros que desee franquear esa puerta? Si hay alguno, yo le invito a que tome toda la masa de incertidumbres de su cuerpo, con sus trescientos sesenta huesos, con sus ochenta y cuatro mil poros, para buscar ese no día y noche, sin un segundo de descanso. No entendáis ese no como si fuera la nada; no lo asimiléis al concepto del no-ser, como contrario al ser. Tenéis que tragarlo, como os tragaríais una bola de hierro candente que no pudierais rechazar. Hay que arrancar todos los conocimientos almacenados en los numerosos años anteriores. Hemos de madurar lentamente Un día, lo interior y lo exterior serán uno y despertarás. Pero como una persona muda que sueña, guardarás lo que has obtenido por ti mismo sin poder comunicárselo a nadie Tu despertar hará temblar la tierra y el cielo. Será como si tuvieras en tus manos la soberbia espada de Kuan Yu: cuando encuentres a Buda, mátalo; cuando encuentres al patriarca, mátalo. Llegarás a la libertad absoluta en el borde mismo del precipicio de la vida y de la muerte, y pasearás por los seis reinos de la existencia y por los cuatro tipos de renacimiento morando siempre en la concentración perfecta. Cómo hacer para llegar a tal estado? Sólo hay un camino: movilizar la energía de todo vuestro ser y suscitar esta palabra no, sin dejarla ni un solo segundo El despertar vendrá, como la mecha del candil se enciende al contacto con la llama. Escuchad:

La naturaleza del despertar en el perro
es el decreto oficial, es el tema concreto;
pero si introduces los conceptos del ser y del no-ser,
perderás la vida.

Este poema de Wu Men ha llegado a ser en sí mismo un notable kong-an. Qué quiere expresar Wu Men cuando dice Tomad la masa de incertidumbres de vuestro cuerpo Es sencillo! Dice que se debe iluminar la propia existencia. No dejar que se hunda en las tinieblas, no quedarse envuelto en la inconsciencia y el olvido; no vivir como un muerto. Hemos de estar vivos cada minuto, cada ksana; los trescientos sesenta huesos y los ochenta y cuatro mil poros han de despertarse, como se encienden las velas.

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