Hiang Yen era un discípulo del maestro Po Tchang. Era inteligente, pero al morir su maestro no había obtenido aún el despertar. Entonces se adhirió al maestro Kuei Chan y trabajó bajo su dirección. Kuei Chan le preguntó un día: Háblame de la vida y de la muerte. Cómo era tu cara, cómo eran tus ojos cuando todavía no habías nacido? Hiang Yen se esforzaba en vano por dar una respuesta; se retiró a su cuarto, reflexionó día y noche, releyó los textos que había estudiado, buscó en los apuntes que había tomado en los tiempos de Po Tchang, pero no halló la respuesta. Cuando se presentó Kuei Chan, éste le dijo: Yo no quiero saber cuáles son los conocimientos que has adquirido; quiero solamente captar de ti cuál es tu visión espiritual. Dime algo. Hiang Yen respondió: No sé qué decirte, maestro. Si te parece, dime algo tú a mí. Pero Kuei Chan respondió: Para qué te serviría que yo te hablase de mi propia visión?. Hiang Yen se desesperó; pensó que su maestro no debía querer ayudarle. Quemó todos los libros que tenía y se retiró a un lugar muy apartado de la gente. Y se dijo: Para qué trabajar tanto en el estudio del budismo? No necesito estar versado en la doctrina, sólo quiero vivir la vida de un simple monje. Un día mientras preparaba la tierra para sembrar alubias, su azada hizo saltar una piedra que dio contra una gran caña de bambú e hizo tac. Ese sonido provocó en él el despertar. Lo que Kuei Chan llamaba tu cara y tus ojos antes de nacer brilló de repente en su mente. Había alcanzado el despertar.

Kuei Chan no quiso introducir a Hiang Yen en el mundo del intelecto, sino que éste volviera a su propia naturaleza. De hecho, la posibilidad del despertar no se le ofrece a Hiang Yen más que cuando ha abandonado las empresas del intelecto. El kong-an, en este caso, hizo bien su papel, fue eficaz. Puso al practicante en el campo de la experimentación espiritual y provocó una crisis que desencadenó el despertar.

El dedo y la luna
Como la realidad sólo puede ser vivida y experimentada, la doctrina budista no podría tener por fin describir la realidad. Únicamente sirve de medio, de guía para el practicante en su experiencia de esa realidad.
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El Sutra, el despertar perfecto, nos dice: Todas las doctrinas enseñadas por Buda han de ser consideradas como un dedo que señala la luna. Para mostrar la luna nos servimos de un dedo, pero no hay que confundir el dedo con la luna, porque el dedo no es la luna. Los medios hábilesupaya en sánscrito – son métodos creados con intención de guiar a las gentes en sus esfuerzos hacia el despertar. Si esos medios son tomados por fines, es decir, por la descripción del despertar o por el despertar mismo, dejan de ser útiles; al contrario, vienen a ser como una especie de prisión definitiva. En cuanto pensamos que el dedo es la propia luna, ya no sabemos mirar en la dirección señalada por el dedo.