El maestro debe conocer a fondo la mentalidad de su discípulo para poder proponerle un kong-an idóneo. Todo maestro cosecha éxitos, pero también fracasos cuando propone un kong-an no apropiado. Cuando se nos plantee un kong-an antiguo ya propuesto a otra persona – es posible que gracias a él lleguemos también nosotros al despertar; basta con que nos convenga y nuestra mente esté madura. Si el kong-an no nos produce ningún efecto, puede ser por dos razones: la primera es que no sea para nosotros, que no nos esté destinado; la segunda es que no estemos aún prestos para recibirlo. En cualquier caso, hay que dejar que obre el kong-an y no hacer esfuerzos de deducción y de razonamiento para darle una significación conceptual, ya que no tiene significado más que para el que está en el círculo de las circunstancias. Si estamos fuera de ese círculo no puede tener sentido para nosotros. Quizá lleguemos un día a estar en ese círculo; es decir, quizá podamos encontrarnos exactamente en las mismas condiciones que aquel a quien el kong-an fue dirigido entonces; pero entretanto estamos aún fuera del círculo. Lo que debemos hacer en tal caso es sembrar ese kong-an en el terreno de nuestra vida espiritual y regarlo con nuestra consciencia. Algún día puede ofrecernos la flor del despertar.

El no de Tchao Tcheu
Un monje le preguntó a Tchao Cheu: Tiene un perro la naturaleza del despertar?. No, contestó el maestro. Y otra vez le preguntó otro monje: Un perro tiene la naturaleza del despertar, o no la tiene?; y Tchao Tcheu le contestó: Sí. Por qué esas dos respuestas diferentes, contradictorias, para una misma pregunta? A causa de la diferente mentalidad de los que preguntaban.

El sí y el no han de ser considerados aquí como medios hábiles, que tienden a producir efectos apropiados en la mente de aquellos practicantes. Cada respuesta no pretende ser una realidad objetiva. En el círculo del budismo mahayana se dice que todo ser posee la naturaleza del despertar; que todo ser puede llegar a ser un buddha. En el plano conceptual, la verdad objetiva está del lado de la palabra sí. Pero en el mundo no conceptual de la verdad viva, la palabra sí no es un concepto que se opone al concepto de no. Las palabras sí y no obran aquí sobre el practicante en dirección diferente: por lo cual su significación sólo puede ser recibida de modo subjetivo por la mente del practicante en cuestión.