Se deduce entonces que las sociedades tradicionales asignan poca importancia al estudio de la historia, pues ellas entienden la tradición no a la manera occidental, como algo trasmitido desde el pasado, sino como la transmisión de los principios del reino de lo eterno al reino de lo temporal. La tradición que penetra en el pasado es simplemente algo análogo a esto, y como tal su historia presente es de poca importancia. Además su carácter relativamente constante y estable – unido a una piadosa ausencia de periódicos y de rápidas comunicaciones – explica que no haya mucha historia significativa que registrar. Salvo algunos pocos prodigios y disturbios aislados de naturaleza suficientemente sensacional como para distinguirlos de otros, cada año y cada siglo se parecen mucho al anterior y al siguiente.

Es interesante señalar que el espíritu occidental se horroriza ante la estabilidad y aparente monotonía de este modo de existencia antihistórico. El occidental considera estática a una cultura de este tipo, en contraste con su propia cultura dinámica. El sentido de la monotonía es el resultado de un uso inadecuado de la memoria y de la comparación continua del presente con el pasado, comparación a la que tiende el hombre occidental por su egotismo, por su prurito de ser más perfecto que todas las generaciones anteriores de la humanidad. Aun una ligera apreciación de las realidades eternas hace que los hombres vivan principalmente en el presente, y de este modo aumenten su capacidad para observar y comprender la vida como realmente transcurre ante ellos. Decir que esta vida no es dinámica, es decir que el sol, la luna y las estrellas, los océanos y los ríos, todo el reino de la naturaleza, no son dinámicos simplemente porque siguen las mismas normas de movimiento – aunque con innumerables variaciones sutiles – durante milenios. Hay una diferencia enorme entre el dinamismo verdadero y la mera agitación, la que es movimiento inconsistente en busca de la mera novedad y que es, en gran parte, el resultado de un sistema nervioso sobreexcitado.