Si decidimos que existe sólo para sí mismo, o para la gloria del Estado, del arte, o de Dios, transportamos todo el problema al ámbito de los fines. Por consiguiente, lo importante acerca de la vida humana, aquello que le servirá de base, es el fin por el cual el hombre come, bebe, se divierte y existe. Si no podemos ponernos de acuerdo en esto, no podemos unirnos socialmente. Las necesidades físicas comunes no proporcionan más base para la unidad que lo que la mera capacidad y deseo de caminar puedan determinar dónde se debe ir. Decir que no hay ningún lugar especial adonde dirigirse, o que existimos simplemente por existir en la forma más segura y cómoda posible, no es más que oponerse a los que – con buenas razones – puedan sostener otros puntos de vista. En tal caso, el que los unos y los otros necesiten comer no marcará una diferencia que ayude a decidir la finalidad de la vida.

La unidad biológica del hombre es simplemente una unidad instrumental. Todos poseemos los mismos instrumentos, pero la vida de cada uno consiste en lo que se haga con ellos. De este modo, para estar unidos en la acción debemos estar de acuerdo en los fines, es decir, debemos estar de acuerdo filosóficamente. El concordar en que haya disensión, el dejar que cada uno adopte concepciones independientes y hasta contradictorias del fin del hombre, es estar de acuerdo en no tener una unión social verdadera, y permitir que nuestra sociedad se desintegre espiritualmente, como está sucediendo. Convenir en que todos debemos comer, beber y vivir en paz, es no estar de acuerdo en los fines, es decir, en un principio de unidad significativo. Convenir en que no se debe filosofar en absoluto, lo que sería el único modo de lograr la unidad en el nivel puramente animal, es cosa imposible, puesto que tal decisión es ya la opinión filosófica del agnosticismo. El hombre es por naturaleza filósofo, y no puede ser de otra manera.

Así resulta obvia la gigantesca contradicción entre el deseo y la necesidad urgentes de unidad social y la desesperanza por conseguir el acuerdo filosófico, o la oposición a este. Trabajar por la paz y el orden en el nivel puramente político o económico puede ser eficaz en ciertos casos secundarios, pero trabajar exclusivamente – o aun primariamente – en este nivel es el procedimiento más alejado de la realidad que pueda imaginarse. Una sociedad que no está de acuerdo en para qué existe el hombre, que no puede ser unánime en una filosofía del verdadero destino del hombre, no puede ser una sociedad unida.