– Urano. Rige los desórdenes repentinos, como los calambres, las convulsiones, lo sorpresivo o imprevisto, la actividad cerebral y los nervios, todo lo eléctrico, las emanaciones magnéticas del cuerpo, las intuiciones repentinas, las crisis nerviosas, lo que desorganiza, la parálisis, todos los cambios bruscos, como un Mercurio pero de una octava superior en cuanto voltaje.

– Neptuno. Rige el sueño, la anestesia, la amnesia, la hipnosis, la ensoñación, la percepción extrasensorial, lo onírico, las alucinaciones, los espejismos, los delirios, la confusión mental; también la iluminación, por su asociación con la glándula pineal. Participa en la actividad de los sistemas vegetativos y automáticos, tal como la Luna, porque ambos funcionan independientemente de la voluntad, normalmente por debajo de la consciencia. Por eso se asocia también a las adicciones, a las enfermedades de diagnóstico difícil o curso cambiante, a los secretos, a los venenos.

– Plutón: rige el código genético y su transmisión (ADN), el cáncer, la vida y la muerte, el inconsciente más profundo, el suicidio y todos los procesos radicalmente transformadores, como los que producen las enzimas digestivas y metabólicas en general, la actividad o motivación sexual, los procesos al interior del colon.

Los límites de las regencias, como puede observarse, no son netos, y en el funcionamiento armónico de un sistema cualquiera participan normalmente más de un signo o planeta. De hecho, los signos opuestos son complementarios, y de alguna manera todo lo que afecta a un órgano en particular influye en cierto grado a aquello que rige el signo opuesto a él, lo que es particularmente notorio en los signos que constituyen la cruz Fija del zodíaco (Tauro, Leo, Escorpio, Acuario). Por ejemplo, el despertar sexual de la pubertad (Escorpio) conlleva cambios en la voz (Tauro). Y cada órgano no es sólo su constitución física, sino también sus funciones e interacción con otros órganos. Un ejemplo sencillo como las uñas, en las que participa la dureza saturnina, pero también la agresividad marciana, o la belleza venusina. En cualquiera de los órganos o sistemas mencionados, la enfermedad puede provenir de la cualidad del signo/planeta con dificultades para expresarse, o por exceso de esa expresión, o por necesidad de expresión de lo opuesto. Debemos recordar que siempre intenta desarrollarse y expresarse la totalidad de nuestro ser.