Este sistema evidentemente es el reflejo especular orgánico de los elementos lunares de la carta natal, de modo que, aunque no sea más que por atenuar la oposición fisiológica a nuestros propósitos, parece del todo conveniente trascender a un sistema que se manifiesta como un auténtico quinta-columnista. La asociación directa es que el evento que se intenta vivir roza con un recuerdo no consciente de un evento que de algún modo aparece como traumático, porque derivó en un rechazo, en una crítica, en un dolor, en una sensación física desagradable, en un enojo o en indiferencia. Y quedó ahí instalado como un engrama. En alguna parte de la estructura corporal. Dónde? Habitualmente en la zona corporal regida por el signo zodiacal en el que la Luna se encuentre.

Escenas como las descritas se repiten centenares de veces a lo largo de la vida de las personas, que en casos extremos las sienten como imposibles de superar. Muchas personas son completamente dominadas por estas reacciones, provocando gran sufrimiento. Cada evento refuerza esa misma forma de reaccionar, sin que resulte explicable la causa que se encuentra en el olvido-, lo que lleva incluso a aceptarla como parte de uno mismo: es que soy tímido, soy ulceroso, soy asmático, etc. Se llega a aceptar la dominación del sistema nervioso autónomo que se ha constituido en parte de la identidad, permitiéndose resignadamente la limitación impuesta.

Y esa limitación impide o dificulta vivir plenamente todo lo demás de la carta natal que, en la concepción gurdjieffiana, constituye la esencia, es decir, nada menos que lo que le es propio, no impuesto ni condicionado, y que es lo que expresa a la verdadera persona: su forma genuina de enfocar los desafíos, su forma de dar y recibir cariño, su forma de expresarse, su sensibilidad estética, sus anhelos espirituales, su deseo de saber, la forma en la que asume responsabilidades, etc., todo esto, si no estuviera limitado por esas reacciones automáticas o lunares que lo restringen en su desarrollo o al menos lo perturban con un puñado de reacciones fisiológicas establecidas en un remoto pasado. La vida siempre nos está impulsando y desafiando a vivir nuestra totalidad, a ampliar nuestra visión, y cuando no logramos comprender en un nivel sutil, el mensaje desciende hasta el nivel más denso, la materia, nuestro cuerpo físico, expresándose como enfermedad.

Así pues las cosas, todo camino de evolución de la consciencia debe pasar, al menos en alguna etapa de su desarrollo, por el cuerpo físico, pues ahí se encuentran inscritos gran parte de los elementos que atornillarán al revés respecto de nuestros propósitos libremente escogidos. Revivir esos engramas con una visión y capacidad de comprensión adulta es lo que libera al cuerpo de sus reacciones automáticas, a menudo desproporcionadas a la realidad presente, y que nos debilitan al hacernos sentir que ni siquiera somos capaces de controlar nuestra respiración en un momento dado.

Todas las terapias físicas alternativas trabajan estos puntos, desde la respiración holotrópica de Groff a la eutonía, pasando por el Rolfing, la bioenergética, el hatha yoga, la antigimnasia, la danza consciente, etc. Cada una de estas terapias nos invita a vivir el territorio total y no sólo aquella parte de nuestro cuerpo o nuestra psique que reconocemos como nuestra. La proposición es volver al cuerpo, como sus plenos habitantes, y no relegados a un rincón en el que apenas se nos permite malamente subsistir, sometidos a lo que nos autorice el funcionamiento orgánico autónomo. El mensaje es que es posible superar este nivel, pero que debe mediar un trabajo, que no ocurre espontáneamente, en la gran mayoría de los casos. Si el cuerpo físico es nuestro elemento Tierra, debe serlo: Tierra, presente, percepción directa de la realidad actual a través de los sentidos.

A un célebre maestro zen le preguntaron cierta vez: Hacéis algún esfuerzo para disciplinaros en la verdad?

– Sí, por supuesto.
– Y cómo os instruís?
– Cuando tengo hambre, como; cuando estoy cansado, duermo.
– No es lo que hacen todos?
– No. Porque cuando yo como, sólo como, y cuando duermo, sólo duermo.

Podemos ver, a esta altura, las dimensiones que pueden alcanzar nuestras tempranas decisiones de ambiente amigable y ambiente hostil, condicionando enormemente nuestra vida futura. Ahí está el trabajo personal, fundamental e intransferible de cada uno; la contracción es involución, y nos lleva a aumentar nuestra densidad; la descontracción es evolución, y nos sutiliza. La descontracción extiende el mapa y nos permite experimentar el y con todo el territorio. Si la forma lunar de reaccionar se plasma en la forma de actuar del sistema nervioso autónomo, que controla todas las reacciones orgánicas, se puede evidenciar que esta forma de actuar, repetida miles de veces a partir de una contracción inicial producto del instinto de supervivencia, puede llevar a una patología orgánica. Si cada vez que se me presenta un desafío o me enfrento a lo desconocido secreto gran cantidad de ácido clorhídrico y tengo acidez porque tengo la Luna en Cáncer, es obvio que esta acción orgánica reiterada puede llevar a una úlcera gástrica. Hay, por así decir, un sustrato susceptible. Simbólicamente, la Luna en Cáncer, signo regente del estómago, frente a un ambiente interpretado como hostil, no es capaz de digerir el acontecimiento, por más que lo intente secretando más jugos gástricos. Se va constituyendo así una persona que va a tener problemas psicológicos con incorporar experiencias nuevas, con dejar entrar algo a lo que instintivamente se considera como lo interno por oposición a lo extraño o ajeno. Y evidentemente, va a tener problemas físicos con las gastritis.

ElCuerpoFisico04La psiquis, como reiterara innumerables veces Jung, funciona en forma simbólica, de ahí que conversar estos temas tenga importancia para las personas. El que cada cual conozca sus territorios físico-anímicos susceptibles, que los pueda trabajar hasta llegar a los engramas fundacionales, puede tener enormes consecuencias en el desenvolvimiento cotidiano de las personas. Hemos mencionado las terapias físicas con efectos psicológicos, para tratar estos problemas, debido al enfoque que hemos adoptado en esta oportunidad, relacionando la salud física con el esquema astrológico.

Pero evidentemente que el camino inverso de la observación objetiva de las propias emociones y reacciones en cada momento o frente a diversas situaciones, como se promueve en el Curso de Crecimiento Personal de nuestra Revista Alcione, cumple con los mismos propósitos, y aunque requiere de mucha más dedicación y atención al tratarse de un método bastante más activo que los físicos, también es cierto que su alcance puede ser mucho mayor que el simplemente llegar a habitar en forma plena el cuerpo físico. En el esquema humano de Gurdjieff, no es posible llegar a constituir un Testigo o Yo Observante sin haber tomado posesión previamente del nivel de la esencia, es decir, las tendencias genuinas de la persona, más allá de lo lunar/reactivo/autónomo.

El camino descendente desde la consciencia, como el propuesto por la Observación y el Recuerdo de Sí, puede poner en evidencia las zonas contraídas del cuerpo y su correlato con las emociones, lo que al cabo tendrá consecuencias orgánicas y físicas. En el camino ascendente como el de las terapias físicas, la descontracción de ciertos núcleos puede originar dolorosos recuerdos o emociones olvidadas que liberan las áreas contraídas. En ambos casos aumenta nuestra comprensión y puede así desaparecer el síntoma que nos mostraba la parte incompletamente vivida de nuestro territorio. La invitación, repetimos, es siempre a experimentar nuestra totalidad, y no sólo la imagen que tenemos o hemos construido de nosotros.

Como ya se dijo, la astrología simboliza en cada uno de los doce signos astrológicos, tanto una parte del cuerpo, como sus constituyentes energéticos en cuanto elementos. Desde Aries en la cabeza hasta Piscis en los pies. Bastante literatura se ha dedicado a interpretar la patología simbólica, en libros como La Enfermedad como Camino o la reciente Medicina del Alma, que el lector puede consultar como ayuda a la comprensión del significado de dolencias específicas. Cada enfermedad trae un mensaje que puede ayudar a incrementar nuestra comprensión.

El trasfondo, en los dos libros mencionados, es que aquello que no hemos sido capaces de comprender, por falta de atención o por haberse originado en épocas muy tempranas de nuestra existencia, termina por expresarse en el cuerpo, el peldaño más bajo de la manifestación, a través de una lesión orgánica o patología. Si hacemos el recorrido inverso y desentrañamos el significado no aparente de la dolencia, de la enfermedad, del traumatismo físico, a través de la simbología corporal, podremos llegar a comprender el mensaje original. En gran número de casos, esta comprensión, por si sola, suprime la dolencia, que se ha vuelto innecesaria. Porque la dolencia física, la enfermedad, el traumatismo, simbólicamente, vienen a constituir el último alarido de aquella parte de nosotros mismos que no se puede expresar, que no le permitimos ser, que está contraída para defenderse instintivamente de la hostilidad. Evidentemente, los mensajes serán más fundamentales en cuanto se asocien con órganos o funciones más destacados en nuestra carta natal: posición del Sol, de la Luna, del Signo Ascendente.

En la astrología, los Signos más relacionados con el cuerpo físico como un todo son Aries y Virgo, y sus Casas astrológicas asociadas: la Casa I (Signo Ascendente) y la Casa VI.

Aries – según se dijo es como el cuerpo recién nacido, como el impulso inicial a existir, más que en la materia, en la acción. Sabido es que aquellos individuos que tienen elementos importantes de su carta natal en Aries contactan poco con su cuerpo, porque para ellos es principalmente el vehículo que les permite actuar y lograr sus propósitos, siempre relacionados con la acción y el futuro. Virgo, por el contrario, es el signo que más dedicación presta al cuerpo como a toda la materia, a lo creado, y según los aspectos que tengan los planetas ubicados en este signo de tierra o en su Casa asociada esa dedicación será constructiva y depuradora o no.

No pretendemos hacer aquí una descripción completa, sólo son ejemplos explicativos. En el mismo ejemplo de Virgo, que rige los intestinos, (los órganos que separan y discriminan aquello que ingresa al organismo y aquello que es desechado) la energía concreta y a la vez racional del zodíaco, no será la misma según en qué elemento astrológico se encuentre este signo. Si es el Sol, y si se encuentra bien aspectado, su esencia debería poner atención a los detalles concretos y materiales de la creación para perfeccionarla, clasificarla, conservarla, analizarla. Entre estos detalles se encuentra en lugar principal el cuidado del cuerpo físico, su propia materia. Pero si es la Luna, esta atención a los detalles concretos podrá ser una reacción para evitar la intimidad, para evadirse de la angustia que le causa una determinada situación o para huir de la sensación de caos. Las situaciones adversas para la Luna en Virgo se manifestarán a nivel físico en problemas intestinales. Todo esto puede impedirle vivir otros aspectos de su carta natal, mucho más propios de su verdadera esencia.

Por otra parte, si es el Nodo Lunar Norte el que se encuentra en Virgo o en la Casa de Virgo (Casa VI), los aspectos concretos y materiales y su forma de abordarlos será un camino de crecimiento de su alma encarnada como un todo, a través de la atención en los detalles y del servicio desinteresado. Aquí el cuerpo físico experimenta las consecuencias de sus avances y detenciones en su proceso evolutivo, siendo a la vez instrumento del mismo, para sí mismo tanto como para los demás. Es el camino del alma del sanador, que avanza y ayuda a avanzar a otros depurando la materia y eliminando las impurezas. Así pues, las personas con el Nodo Lunar Norte en la Casa VI somatizan los mensajes provenientes de niveles más sutiles de su ser con más facilidad que cualquier otra posición zodiacal de los Nodos Lunares, de modo de transformarlos y devolverlos purificados a su verdadero nivel original.

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Todos tenemos algún porcentaje, aunque sea ínfimo, de todos los Signos zodiacales, que es la eclíptica estelar que se encuentra sobre todas nuestras cabezas. Del mismo modo, todos nosotros debemos desarrollar actividades relacionadas con todas las Casas astrológicas, dado que la carta natal es un mandala que representa nuestra totalidad, aunque con diferentes énfasis de acuerdo a la distribución de los distintos elementos dentro de la carta. Pero mirado en forma lineal, y simbólicamente, el primer cuadrante de la carta representa lo más personal que tenemos, desde Aries o la Casa I, que, como dijimos, es el primer impulso a ser, casi como pura energía vital, la que se materializa abruptamente en la inercia de Tauro o la Casa II, donde ya poseemos un cuerpo real que percibe el entorno. En Géminis ese cuerpo entra en movimiento y actúa, para recién constituirse en un cuerpo con sensibilidad afectiva en Cáncer. Sólo en Leo, o la Casa V, ya somos un ser completo capaz de expresarse.

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