La relación de una persona con su cuerpo físico, que determina en gran medida su salud, se observan analizando la Casa VI de la carta natal, Casa de Virgo, y la disposición y relaciones de sus planetas regentes (en algunas interpretaciones modernas, el regente de Virgo no sería Mercurio sino Quirón, el mítico sanador herido). Esta es la disposición inicial, pero se puede comprender que los tránsitos de los planetas actuales por sobre los de la carta pueden modificar las condiciones basales, originando tensiones que produzcan enfermedades repentinas, accidentes, u otros cambios. La salud física y su interacción con los estados psicológicos y los períodos de cambio, es una relación dinámica y en constante ajuste y cambios, como todo lo que está vivo, pero debemos partir de nuestra carta natal como predisposición o tendencia energética basal con sus territorios vulnerables.

La interpretación efectiva de esta dinámica y su dependencia con estados internos del ser ayudan mucho a comprender el significado de lo que en un momento dado nos sucede, dándole un sentido, lo que facilita mucho la superación de los períodos difíciles, no sólo en el sentido de dejarlos atrás, sino de ordeñarles el significado que los preña y que puede ampliar nuestro horizonte. Nunca debemos olvidar la función simbólica de la enfermedad, de acuerdo a lo que hemos hablado, por lo que descifrar su significado tiene, en su relación recíproca, la misma importancia para la evolución de la consciencia que para la salud del cuerpo físico.

Por último, brindamos el panorama simbólico de la astrología respecto de los diferentes órganos corporales, de modo de alentar a aquellos de nuestros lectores que conozcan su carta natal a empezar a hacer sus propias asociaciones y reflexiones para conocer sus territorios vulnerables (Luna, aspectos desafiantes entre planetas) y los posibles significados que puedan extraer de sus dolencias, al relacionarlas con sus elementos astrológicos natales. Dijimos que cada signo astrológico rige una región del cuerpo desde la cabeza a los pies. Pero a la vez, estos extremos corporales representados por Aries (cabeza) y Piscis (pies) son una síntesis del organismo entero. En la cabeza se encuentra representado el resto del cuerpo (en la cara, en el iris de los ojos, en las orejas), como asimismo en los pies (reflexología). Pero también, según se mencionó, hay regencias para los planetas, que gobiernan sobre las funciones más que sobre los órganos físicos.

Signos:
– Aries (aspiración): Cabeza, cara, cerebro
– Tauro (integración): Garganta, cuello, laringe, amígdalas, carótida, yugular, cerebelo
– Géminis (vivificación): Pulmones, brazos, hombros, dedos, costillas superiores
– Cáncer (expansión): estómago, plexo solar, diafragma, pechos, sistema linfático
– Leo (seguridad): Corazón, espalda, aorta, médula espinal, cuero cabelludo
– Virgo (asimilación): Intestinos, páncreas
– Libra (equilibrio): Riñones, equilibrio, la piel
– Escorpión (creatividad): Órganos genitales y excretores (recto, uretra), nariz, sangre
– Sagitario (administración): Muslos, caderas, hígado, región sacra
– Capricornio (discriminación): Huesos, dientes, todo lo rígido, rodillas.
– Acuario (lealtad): Tobillos, pantorrillas, sistema circulatorio
– Piscis (aprecio): Pies, dedos de los pies, filtrado de fluidos corporales

Si bien esta enumeración puede ayudar a orientar, la interpretación no es mecánica, pues debe verse la relación entre las distintas partes de la carta y sus planetas regentes, además de los elementos. El elemento Fuego se relaciona con enfermedades o dolencias agudas, fulminantes, de aparición súbita y de igual resolución, a menudo con fiebre alta o fugaz. El elemento Tierra produce enfermedades de tendencia crónica, arraigada, de lenta evolución y recuperación. El elemento Aire manifiesta la enfermedad con un fuerte compromiso mental, tendiendo a agregar tensión, o a sufrir colapsos nerviosos, alteraciones respiratorias y/o circulatorias. La fantasía sobre la enfermedad puede alterar mucho su curso, que es de evolución más imprevisible. Por último, el elemento Agua, de tendencia melancólica, favorece las enfermedades misteriosas, de difícil diagnóstico, cuyo curso está influido por reacciones inconscientes, siendo así más difícil establecer su curso o un pronóstico preciso.

Planetas:

– Sol: vitalidad, irradiación, voluntad, ganas de vivir, glándula hipófisis, circulación de la sangre arterial, el tórax, la mitad derecha del cuerpo del hombre y la izquierda del cuerpo de la mujer, la columna vertebral, el pelo como corona de poder e irradiación.

– Luna: todo lo automático, lo rítmico, lo cíclico, lo instintivo, lo intuitivo, el sistema nervioso simpático y parasimpático, las aguas corporales, el equilibrio acuoso, la transpiración, lo nutritivo (pechos, leche), lo femenino del cuerpo, los órganos de gestación, la maternidad, la sensibilidad, el sistema digestivo, la memoria, la entrega.

– Mercurio: rige todo lo que vibra, la comunicación, el intelecto, el entendimiento, las cuerdas vocales, la lengua, la expresión o destreza de las manos, los impulsos nerviosos, la agilidad, la flexibilidad, el sistema nervioso central, los desplazamientos, las jornadas de viaje, el vello, los cilios respiratorios, el pestañear. Es el planeta regente del sentido de la vista.

– Venus: rige todas las formas redondeadas del cuerpo, de la disposición de la adiposidad, de la capacidad de atracción o magnetismo, el coqueteo, el rubor, la voz, la armonía, algunas glándulas de secreción interna como la tiroides, la actividad renal, los sentidos en general, pero en particular el tacto.

-Marte: rige la actividad muscular estriada del cuerpo, los glóbulos rojos de la sangre, como todo lo que sea abrupto, fugaz, veloz, impulsivo, como la excitación, la fiebre, los nervios motores, los genitales masculinos, los tejidos con capacidad eréctil, la adrenalina, la agresividad. En los sentidos, rige el gusto.

– Júpiter: Rige todo lo que crece y se expande, el optimismo, la confianza, la fe, la jovialidad, el crecimiento corporal, la coordinación motriz, la asimilación de los alimentos y sus mecanismos de control, el hígado, la producción y disposición de las grasas, los excesos, la capacidad de recuperación de las enfermedades. Se lo asocia a la escala de valores, a los ideales, al sentido de vida, la capacidad de vinculación. En los sentidos, rige al olfato.

– Saturno. Rige todo lo rígido o duro del cuerpo, lo que solidifica, y los límites, como la piel en cuanto barrera, las callosidades, los tendones, el tejido óseo, las uñas, la asimilación de calcio y fósforo. Participa en la regulación de la temperatura (enfría, a diferencia de Marte, que calienta). El bazo y el sistema inmunológico también es saturnino como barrera defensiva frente a lo que se interpreta como extraño. Saturno rige la disciplina, la resistencia, lo inexorable como la vejez y las arrugas, el paso del tiempo, los cambios lentos, la conservación de la fuerza. Se le asocia el sentido del oído.

– Urano. Rige los desórdenes repentinos, como los calambres, las convulsiones, lo sorpresivo o imprevisto, la actividad cerebral y los nervios, todo lo eléctrico, las emanaciones magnéticas del cuerpo, las intuiciones repentinas, las crisis nerviosas, lo que desorganiza, la parálisis, todos los cambios bruscos, como un Mercurio pero de una octava superior en cuanto voltaje.

– Neptuno. Rige el sueño, la anestesia, la amnesia, la hipnosis, la ensoñación, la percepción extrasensorial, lo onírico, las alucinaciones, los espejismos, los delirios, la confusión mental; también la iluminación, por su asociación con la glándula pineal. Participa en la actividad de los sistemas vegetativos y automáticos, tal como la Luna, porque ambos funcionan independientemente de la voluntad, normalmente por debajo de la consciencia. Por eso se asocia también a las adicciones, a las enfermedades de diagnóstico difícil o curso cambiante, a los secretos, a los venenos.

– Plutón: rige el código genético y su transmisión (ADN), el cáncer, la vida y la muerte, el inconsciente más profundo, el suicidio y todos los procesos radicalmente transformadores, como los que producen las enzimas digestivas y metabólicas en general, la actividad o motivación sexual, los procesos al interior del colon.

Los límites de las regencias, como puede observarse, no son netos, y en el funcionamiento armónico de un sistema cualquiera participan normalmente más de un signo o planeta. De hecho, los signos opuestos son complementarios, y de alguna manera todo lo que afecta a un órgano en particular influye en cierto grado a aquello que rige el signo opuesto a él, lo que es particularmente notorio en los signos que constituyen la cruz Fija del zodíaco (Tauro, Leo, Escorpio, Acuario). Por ejemplo, el despertar sexual de la pubertad (Escorpio) conlleva cambios en la voz (Tauro). Y cada órgano no es sólo su constitución física, sino también sus funciones e interacción con otros órganos. Un ejemplo sencillo como las uñas, en las que participa la dureza saturnina, pero también la agresividad marciana, o la belleza venusina. En cualquiera de los órganos o sistemas mencionados, la enfermedad puede provenir de la cualidad del signo/planeta con dificultades para expresarse, o por exceso de esa expresión, o por necesidad de expresión de lo opuesto. Debemos recordar que siempre intenta desarrollarse y expresarse la totalidad de nuestro ser.

Nuestro vehículo físico, fuente de grandes experiencias dolorosas y placenteras, instrumento de interacción y relación, puede ser una inacabable herramienta de aprendizaje, pues, siguiendo a T. Dethlefsen y R. Dahlke (La enfermedad como Camino), cada enfermedad simboliza algo que trasciende a lo orgánico, o, dicho de otro modo, cada experiencia no vivida en la consciencia se manifiesta a través de una dolencia corporal. Se puede trascender el cuerpo y sus mensajes, pero lo que no se puede es evitarlo, obviarlo. La única forma de trascenderlo es partir por habitarlo, plenamente, sin zonas contraídas, sin elásticos engramáticos a un pasado que ya no está.

El cuerpo es, debe ser, repetimos, como el elemento Tierra, tiempo presente. Mientras no lleguemos plenamente a ese presente, habitando el cuerpo como un camarada que nos permite una vasta gama de experiencias reales y actuales, el cuerpo puede mantenerse como una permanente molestia o limitación a lo que queremos para nuestras vidas, o para alcanzar cualquier meta más allá de él. Se puede alcanzar ese presente tanto a través de terapias corporales como a través de la observación consciente de las propias reacciones. Así, el cuerpo puede convertirse, de refugio contra la hostilidad o adversidad, en un verdadero hogar desde donde irradie el ser. Dice Krishnamurti que la inteligencia es la percepción de lo que es; y esa percepción se obtiene mediante la atención, no mediante el esfuerzo de atención. Un esfuerzo de atención es ego, no es atención, concluye.

María Maya
Más en Astrología
La Luna en la Astrología

La Luna en la carta natal es un polo energético fundamental que simboliza el origen...

Astrología de la Reencarnación

Actualmente la comunidad astrológica suele aceptar que los nodos de la Luna representan la clave...

Cerrar