Morse era un escéptico, pero quedó fascinado y desde ese momento en adelante procuró aprender cuanto pudo acerca de estas experiencias. En ese tiempo trabajaba para un servicio de ambulancia aérea en Idaho, que trasportaba pacientes al hospital, y esto le permitía la oportunidad de tener acceso a datos de niños resucitados. Durante un período de diez años entrevistó cada niño sobreviviente de paros cardíacos en ese hospital, y una y otra vez escuchó de ellos la misma historia. Después de caer en la inconsciencia se encontraban fuera de su cuerpo, observaban a los médicos trabajando sobre ellos, pasaban a través de un túnel y eran reconfortados por seres luminosos.

Morse continuó siendo escéptico, y en su búsqueda cada vez más desesperada por encontrar una explicación lógica, leyó todo lo que pudo encontrar sobre los efectos colaterales de las drogas que sus pacientes estuvieran ingiriendo, y exploró varias explicaciones psicológicas, pero nada parecía calzar. Entonces un día leí un largo artículo en un periódico médico que trataba de explicar estas experiencias como trucos variados del cerebro , dice Morse. Por entonces yo había estudiado estas experiencias en forma extensiva y ninguna de las explicaciones que exponía este investigador parecía tener sentido. Finalmente me quedó claro que él había omitido la explicación más obvia de todas: que las experiencias cercanas a la muerte son reales. El había pasado por alto la posibilidad de que el alma realmente haga el viaje.

Moody hace eco a este sentimiento y dice que veinte o más años de investigación lo han convencido que esos sujetos se aventuran en otro nivel de realidad. Cree que otros investigadores de este tema sienten lo mismo. He hablado con casi cada investigador de estas experiencias a nivel mundial acerca de su trabajo. Sé que muchos de ellos creen profundamente que ellas son un vistazo a la vida después de la muerte. Pero como científicos y gente del área médica, ellos todavía no han llegado a una prueba científica de que una parte de nosotros continúe viviendo después que nuestro cuerpo físico haya muerto. Esta falta de pruebas les impide hacer público sus verdaderos sentimientos.