En verdad, cuando uno lee la voluminosa literatura ahora disponible sobre el fenómeno de desdoblamiento, uno es repetidamente sacudido por las similitudes entre las descripciones de experiencias que hacen los viajeros desdoblados y las caracteristicas que ahora asociamos con un universo holográfico. Sumado al hecho de describir el estado fuera del cuerpo como un lugar donde el tiempo y el espacio no existen en propiedad, donde el pensamiento puede ser transformado en formas parecidas a hologramas, y donde la consciencia es en último término un esquema de vibraciones o frecuencias de onda, Monroe hace notar que la percepción durante los viajes fuera del cuerpo parece menos basada en un reflejo de ondas luminosas y más en una impresión de radiación. Esta es una observación que sugiere de nuevo que cuando uno entra en el plano por el que transitan los desdoblados, uno empieza a entrar en el dominio de la frecuencia de Pribram. Otros viajeros se han referido también a la semejanza con un campo de frecuencia que tiene el Segundo Estado. Por ejemplo, Marcel Louis Forhan, un experimentador en viajes fuera del cuerpo que escribía bajo el pseudónimo de Yram, en su libro Practical Astral Projection describía la apariencia de ondas y las características electromagnéticas del plano visitado. También otros han comentado la sensación de unidad cósmica que se experimenta durante ese estado y lo han resumido como un sentimiento de todo está en todo, y yo soy eso.

Por holográfico como sea el desdoblamiento, es sólo la punta del iceberg cuando llegamos a una más directa experiencia de los niveles de frecuencia en otros aspectos de la realidad. Aunque las salidas fuera del cuerpo son sólo experimentadas por un segmento de la raza humana, existe otra circunstancia bajo la cual todos llegamos a un contacto más próximo con el dominio de la frecuencia electromagnética. Es cuando viajamos a ese país aún no descubierto, desde cuyas fronteras ningún viajero regresa. Con el debido respeto a Shakespeare, algunos viajeros sí regresan. Y las historias que ellos cuentan están llenas de características que nos conducen de nuevo al holograma.

Estas son las experiencias cercanas a la muerte de las que muchos de nosotros hemos oído hablar. Incidentes en los que los individuos fueron declarados clínicamente muertos, han sido resucitados, y han relatado que durante esa experiencia dejaron su cuerpo físico y visitaron lo que parecía ser el reino del más allá.

En nuestra propia cultura occidental, las experiencias cercanas a la muerte vinieron a ser ampliamente discutidas recién en 1975, cuando Raymond A. Moody Jr., un médico que además tenía un Ph. D. en filosofía, publicó su difundida investigación sobre el tema en Vida después de la Vida . Poco después Elisabeth Kübler-Ross reveló que ella había efectuado similares investigaciones en forma simultánea, confirmando lo encontrado por Moody. Como desde entonces más y más investigadores empezaron a documentar el fenómeno, fue quedando cada vez más claro que las experiencias cercanas a la muerte estaban no sólo increíblemente extendidas – una encuesta de Gallup encontró que ocho millones de americanos adultos la hablan experimentado, aproximadamente, una de cada veinte personas – sino que además ellas proveían la más poderosa evidencia de una sobrevida después de la muerte.

Igual que los viajes fuera del cuerpo, las experiencias cercanas a la muerte parecían ser un fenómeno universal. Ellas están descritas en extenso en el libro del siglo Vlll, El Libro Tibetano de los Muertos y en El Libro Egipcio de los Muertos, existente desde hace 2.500 años. En La República, Platón da un recuento detallado de un soldado griego llamado Er, quien volvió a la vida justo segundos antes de que su pira funeraria fuera encendida, diciendo que él había dejado su cuerpo y viajado
a través de un pasadizo a la tierra de los muertos. El Venerable Bede nos da un relato similar en su libro sobre el siglo VIIl, A History of the English Church and People, y Carol Zaleski, un conferencista sobre el estudio de las religiones en Harvard, en su libro Otherworld Journeys, hace notar que la literatura medieval está llena de narraciones sobre este tema.

Las experiencias cercanas a la muerte no tienen características demográficas únicas. Varios estudios han mostrado que no hay relación entre tales experiencias y la edad de una persona, su sexo, estado marital, raza, religión, creencias espirituales, clase social, nivel de educación, ingresos, asistencia a Iglesias, pertenencia a comunidades, área de residencia. Tal como el rayo, esta experiencia puede golpear a cualquiera en cualquier momento. Los devotos religiosos no son más proclives a ella que los agnósticos.

Uno de los aspectos más interesantes de este fenómeno es la concordancia de los datos que se van encontrando de experiencia en experiencia. Un sumario típico sería como sigue:

Un hombre está muriendo y de súbito se encuentra flotando sobre su cuerpo y contemplando lo que sucede. En unos momentos viaja a gran velocidad a través de un espacio oscuro o de un túnel. Entra en un reino de luz deslumbrante y es cálidamente recibido por amigos o parientes muertos hace poco. Con frecuencia escucha una bella música indescriptible y ve paisajes – extensas praderas, valles llenos de flores, centelleantes arroyos – más hermosos que nada visto en la tierra. En este mundo lleno de luz él no siente ni pena ni temor sino que es invadido por un sobrecogedor sentimiento de gozo, amor y paz. Encuentra un ser (o varios) de luz, de quien emana una enorme compasión y que le propone experimentar una revisión de su vida, una recapitulación panorámica de lo vivido. El llega a sentirse tan cautivado por la grandeza de esta realidad que lo único que desea es quedarse ahí. Sin embargo, aquel ser le dice que todavía no es su tiempo y lo persuade a retornar a su vida terrena y a volver a entrar en su cuerpo físico.

Convendría tomar nota que esta es sólo una descripción general y que no todas las experiencias cercanas
a la muerte contienen todos los elementos descritos. En unos casos faltan algunas de estas características y en otros aparecen ingredientes adicionales. Los ornamentos simbólicos de las experiencias pueden también variar. Por ejemplo, aunque los que viven esta experiencia en la cultura occidental tienden a ingresar al reino de la otra vida pasando a través de un túnel, los de otras culturas podrían caminar cuesta abajo por un sendero o cruzar una extensión de agua para arribar al mundo del más allá.

De todas maneras, existe un asombroso grado de consenso entre las experiencias cercanas a la muerte narradas por diversas culturas a través de la historia. Por ejemplo, la revisión de la vida que ocurre una y otra vez en los casos de nuestra vida moderna, ya ha sido descrita en la antigüedad, como lo veíamos en párrafos anteriores. Estas similitudes entre culturas muy alejadas han sido confirmadas por estudios formales. Osis y Haraldsson compararon cerca de novecientas visiones en el lecho de muerte informadas por pacientes a sus médicos o enfermeras tanto en EE.UU. como en la India y encontraron que, aunque había algunas diferencias culturales – los americanos tendían a ver al ser de luz como un personaje de la religión cristiana (aún Cristo mismo) y los indios lo percibían como uno de la religión Hindú – el núcleo de la experiencia era substancial mente el mismo y semejante a lo descrito por Moody y Kübler-Ross.

Aunque el punto de vista ortodoxo sobre las experiencias cercanas a la muerte establece que son sólo alucinaciones, hay evidencias substanciales de que este no es el caso. Igual que en los desdoblamientos, los sujetos son capaces de informar sobre detalles que no podrían haber conocido por medios sensoriales normales. Por ejemplo, Moody presenta un caso en el cual una mujer dejó su cuerpo durante una operación quirúrgica, flotó por la sala de espera, y vio a su hija que estaba vistiendo prendas dispares. La niñera había vestido a la niñita tan apresuradamente que no notó el error y quedó sorprendida cuando la madre – que no había visto físicamente a su hija ese día – comentó el hecho. En otro caso, despues de haber dejado su cuerpo, una mujer fue hacia el pasillo del hospital y escuchó a su cuñado decir a un amigo que parecía que iba a tener que cancelar un viaje de negocios para ser uno de los que transportaran el ataúd de su cuñada. Después que la mujer se recuperó, reprendió a su asombrado cuñado por considerarla muerta tan rápidamente.

Y estos no son los ejemplos más extraordinarios de percepción sensorial en los estados de desdoblamiento próximos a la muerte. Los investigadores incluso han encontrado casos en que pacientes que eran ciegos,
y no habían percibido la luz por años, podían ver y describir con exactitud lo que estaba sucediendo alrededor de ellos cuando habían dejado sus cuerpos durante esa experiencia. Kübler-Ross ha encontrado varios de esos individuos y los ha entrevistado extensamente para determinar la exactitud de su testimonio. Para nuestra sorpresa, ellos fueron capaces de describir el color y el diseño de la ropa y joyas que llevaban los que estaban allí.

Lo más impactante son aquellas experiencias y visiones en el lecho de muerte que involucran a dos o más individuos. En un caso, una mujer se encontró moviéndose a través del túnel y al aproximarse al reino de luz, vio a un amigo suyo que venía de regreso. Cuando se cruzaron, el amigo le comunicó telepáticamente que él había muerto, pero que lo habían enviado de vuelta. La mujer también fue enviada de vuelta y después que se recuperó, supo que su amigo había sufrido un paro cardíaco aproximadamente al mismo tiempo que ocurría su propia experiencia.

Hay numerosos otros casos estudiados en los cuales individuos moribundos saben quién los está esperando en el mundo del más allá antes que les llegue por canales normales las noticias de la muerte de esa persona.

Y por si queda todavía alguna duda, otro argumento contra la idea de que estas experiencias son alucinaciones, es que a veces ocurran en pacientes que tienen electroencefalogramas planos. Bajo circunstancias normales, cada vez que una persona habla, piensa, imagina, sueña, etc., su EEG registra
una gran actividad. Aun las alucinaciones pueden ser medidas. Pero hay varios casos en que personas con EEG planos tuvieron experiencias cercanas a la muerte. Aunque hubieran sido simples alucinaciones, tendrían que haber sido registradas en sus EEG.

En resumen, cuando todos esos hechos son considerados juntos: la extensión de la experiencia, la ausencia de características demográficas, la universalidad de su núcleo, la habilidad de los sujetos para
ver y conocer cosas para las que no tienen medios sensoriales normales que lo permitan, y la ocurrencia
de todo esto en pacientes con EEG plano, hace que la conclusión sea inevitable. La gente que tiene experiencias cercanas a la muerte no están sufriendo de alucinaciones o engañosas fantasías, sino que están en verdad haciendo visitas a un nivel de realidad enteramente diferente.

Esta es también la conclusión alcanzada por muchos investigadores de estas experiencias. Uno de ellos es el Dr. Melvin Morse, un pediatra en Seattle, Washington. Morse empezó por interesarse en estas experiencias después de haber tratado a una niña de siete años víctima de inmersión. Cuando la niñita fue resucitada, estaba en coma profundo, tenía las pupilas fijas y dilatadas, sin reflejos musculares ni respuesta de la córnea. En términos médicos, se trataba de un coma tan profundo que casi no tenía posibilidad de recuperarse. A pesar de todas estas desventajas, ella se recuperó por completo y cuando Morse la examinó, estaba consciente, lo reconoció y le dijo que lo había observado cómo trabajaba sobre
su cuerpo comatoso. Al interrogarla más adelante, ella le explicó que había dejado su cuerpo y pasado a través de un túnel hacia un cielo donde había encontrado al Padre Celestial. El le expresó que no era importante que estuviera allí todavía y le preguntó si quería quedarse o regresar. Al principio ella dijo que quería permanecer en ese lugar, pero cuando el Padre Celestial le hizo notar que esa decisión significaba que no volvería a ver a su madre, cambió de opinión y volvió a su cuerpo.