Antes de poder ayudar a otros, necesitamos encontrar tanta fortaleza como podamos dentro de nosotros mismos. Podemos encontrarla permitiendo al Buda y el Dharma que vengan a vivir dentro de nosotros. La mayoría de nosotros, sin embargo, no somos todavía capaces de experimentar esta verdad interior. Podemos tratar, pero por ahora parece que debemos vivir en el nivel más superficial orientado al sujeto-objeto.

Es por esto que la meditación es tan importante. En ella podemos tener realizaciones experienciales que rompen nuestra manera conceptual de tratar con las experiencias, y estas realizaciones nos ayudan a ver desde un punto de vista más iluminado. Contactamos la calma y claridad que yace bajo el nivel conceptual. La meditación es entonces nuestro refugio, porque podemos recurrir a ella cada vez que necesitamos que nos dé equilibrio. El tomar refugio en nosotros mismos de esta manera, nos da una base más fuerte y una mayor confianza para lidiar con la vida diaria. Esto es refugio en un nivel más alto.

El refugio fundamental yace en un constante contacto con el estado meditativo dentro del cual descubrimos la inmediatez del Ser en el que no existen distinciones artificiales. En este, el más alto de los niveles, vemos toda experiencia como el puro estado de alerta que alcanzamos a través de la meditación. Nos damos cuenta que no hay Buda, ni Dharma, ni Sangha. No hay sujeto, ni objeto, ni un yo que tenga que refugiarse; el concepto de tomar refugio ha desaparecido. Una vez que sabemos cómo no refugiarnos y una vez que comprendemos que no existe el concepto de un yo que necesita ser reforzado, tenemos verdadera protección, la experiencia religiosa es una parte de nosotros. Ella está ahora en un plano enteramente diferente del nivel ordinario de sensaciones y percepciones. Es ver, oír, sentir, tocar, todas las dimensiones de la experiencia que están plenamente vivas, infinitamente ricas.

La fuente para aprender y estudiar el Dharma está siempre a mano; no tenemos que salir a comprar una copia de él, porque está siempre presente en nuestra experiencia. Este Dharma viviente es la enseñanza. Cuando nos abrimos a él, cuando contactamos esta experiencia viva, veremos la esencial unidad de todos los seres. En el más profundo nivel, ya no hay un refugio porque el ego ya no existe. Hay solamente un mandala perfecto en todas dimensiones.