Nuestra mente concreta posee muchas cualidades, como por ejemplo, las facultades de comprender, razonar, analizar, sintetizar, etc. El discernimiento, no obstante, es algo distinto a todas estas facultades,
o tal vez sea el producto sintético del uso de todas ellas, el resultado final alcanzado por la mente después de haber empleado los diferentes procesos.

Es obvio que no puede haber discernimiento y, por lo tanto, capacidad de correcta y justa elección, cuando la mente está aún vaga, informe e inmadura, dado que en tal caso, existe el predominio del cuerpo emocional con todas sus dificultades. Los mayores obstáculos al progreso del discernimiento provienen, efectivamente, del cuerpo emocional.

Tales obstáculos son:
a) Los grandes apegos
b) El deseo de felicidad
c) Las oscilaciones del cuerpo emocional
d) Los bloqueos emocionales

El apego excesivo a las personas o a las cosas ofusca la fluidez de la mente e impiden elegir de modo sabio y discernir el camino correcto. Así mismo, el deseo egoísta de felicidad no deja ver de modo objetivo y claro y puede conducir hacia el camino errado, impidiendo el discernimiento entre el bien y el mal.

Las oscilaciones del cuerpo emocional entre dos polos opuestos constituyen el obstáculo más común y más grave. Cuando el hombre está polarizado en las emociones, oscila continuamente entre pares de opuestos: placer – dolor, amor – odio, euforia – desánimo, etc., y está continuamente en conflicto, sin saber encontrar una solución para su problema. La mente es influenciada por estas oscilaciones y sus facultades son anuladas por las perturbaciones y agitaciones de las ondas emocionales.

Los bloqueos emocionales son un obstáculo más insidioso, porque yacen profundamente ocultos en el inconsciente, disfrazados bajo el aspecto de cualidades o tendencias positivas. El individuo es totalmente impotente contra ellos hasta que su mente se torne de tal modo poderosa e iluminada, que pueda tener capacidad de dispersar las tinieblas emocionales.