Todos estos obstáculos al discernimiento, que provienen del cuerpo emocional, pueden ser superados lentamente por el progreso de la mente y por el uso constante de su poder de dominio sobre las emociones.

Existen, también, obstáculos congénitos a la propia mente, como los defectos mentales del tipo del orgullo, de la presunción, del prejuicio, del fanatismo, etc. Tales fallas traban la facultad de la correcta y justa elección del discernimiento al que no le permiten operar libremente. Pueden, a veces, sofocarlo completamente y otras veces, parcialmente, según el campo al que es dirigida la elección. Un individuo puede tener un discernimiento parcial e incompleto aún si su mente fuera desarrollada, pero no aún totalmente purificada. A medida que el hombre libera su mente de sus defectos, aumenta su facultad de discernimiento, ampliándola y tornándola más completa y más profunda.

Existen varios grados de discernimiento, según el nivel evolutivo del hombre y según el uso que el hombre hace de él. Por ejemplo:

Para el hombre poco evolucionado:
a) entre el bien y el mal
b) entre lo justo y lo injusto
c) entre lo útil y lo perjudicial

Para el hombre común:
a) entre el bien y el bien mayor
b) entre lo justo y lo más justo
c) entre lo útil y lo más útil

Para el hombre evolucionado:
a) entre el bien para sí y el bien para los demás
b) entre lo justo para sí y lo justo para los demás
c) entre lo útil para sí y lo útil para los demás

Para el aspirante espiritual:
a) entre el bien individual y el bien del grupo
b) entre lo justo individual y lo justo para el grupo
c) entre lo útil individual y lo útil para el grupo

A propósito, Alice Bailey escribe: El ser humano, a medida que progresa, percibe que debe confrontarse con distinciones cada vez más sutiles. La discriminación grosera entre lo que es justo y lo que no lo es, ocupa la consciencia aún infantil y es seguida de discriminaciones más sutiles entre lo justo y lo más justo, lo elevado y lo más elevado, y los valores espirituales pasan a ser ponderados con la más meticulosa percepción espiritual.