Helena Blavastsky, en la Doctrina Secreta, escribe:
Dice el señor Buda que no debemos creer en una cosa sólo porque alguien lo dice, ni en todas las tradiciones porque simplemente remontan a la antigüedad, ni en los rumores como tales, ni en lo que escriben los sabios sólo porque ellos fueron los autores, ni simplemente en la autoridad de nuestros instructores y maestros. Debemos creer cuando los escritos, doctrinas o dichos se vean corroborados por nuestra razón y por nuestra conciencia.

Además de esto, la facultad de discerninimiento es indispensable para el aspirante cuando se enfrenta con el problema de la elección del camino de servicio que seguirá, del método que usará, del momento oportuno para la acción… Todos estos problemas son inherentes al servicio y pueden ser resueltos apenas con el uso del discernimiento. No puede haber verdadero servicio sin él.

En Cartas sobre Meditación Ocultista, Alice Bailey dice:
Sirve con discernimiento aquel que juzga con auxilio de su Yo Superior y del Maestro, sea cual fuera el alcance o problema a resolver, sin ser guiado por sugestiones, pedidos o exigencias, bien intencionadas pero frecuentemente erradas, de sus compañeros.

Sirve con discernimiento aquel que tiene la sensación del tiempo en la acción… y que sabiamente adapta el tiempo a su disposición.

En el servicio, por lo tanto, la facultad de discernimiento es fundamental, dado que sin ella corremos el riesgo de hacer más mal que bien, de desperdiciar inútilmente nuestras energías y de cometer errores más o menos graves.

De hecho, no es fácil alcanzar la plena expresión de esta facultad y podemos preguntar cuáles son los medios para facilitar su progreso.

Existe un solo medio: desarrollar la mente y utilizar su facultad de justa selección. Si la mente no está desarrollada. el hombre no puede tener discernimiento, dado que esta cualidad es esencialmente mental y racional y que se va formando y aumentando cada vez más por el uso correcto de la mente.

Podríamos decir que el discernimiento se perfecciona mediante el uso del propio discernimiento. Esta no es una paradoja sino una verdad, ya que tal vez no exista en el hombre otra cualidad con esta singular característica de desarrollarse, de crecer, de perfeccionarse, por medio del simple uso de sí misma, pues ella se identifica con la propia cualidad de pensar, que es un modo de hacer natural y espontáneo de la mente, hasta cuando ella es todavía inmadura.