El poder de escoger, de hacer distinciones, de seleccionar, nace en la mente humana juntamente con el poder de razonar, el que crece y se eleva al mismo tiempo que la propia mente.

Cuando la facultad mental del discernimiento es utilizada, como dijimos, volcada hacia el mundo subjetivo, poco a poco enseña a hacer distinciones aún en el plano interior. Comenzamos a sentir que nuestro Yo es distinto de sus envolturas, que él es una realidad permanente e inmutable, entre las mutaciones y modificaciones de nuestro psiquismo. Aprendemos a comprender cuáles son los valores esenciales y eternos y nos habituamos a vislumbrar la esencia por detrás de la forma. Así el discernimiento se torna un sexto sentido, una facultad de sensibilización interna que nos hace descubrir el lado Divino que hay en nosotros y en todas las cosas, además de darnos la capacidad de distinguir lo esencial de lo que no lo es,
lo verdadero de lo falso, el querer del Yo Superior del querer de la personalidad, guiándonos con iluminada sabiduría a lo largo del difícil camino de la evolución que nos lleva a Dios.

Angela María La Sala

Extractado por Farid Azael de
El Camino del Aspirante Espiritual
Era Naciente.