Lo mismo sucede con las ideologías, cuando la imagen se torna más importante que la persona, y es en ese instante en el que es muy posible que surjan los diversos modos de totalitarismo. Se omite lo complejo, lo diverso, la autocrítica y por tanto aquello que no se limita al propio sistema. En cuanto a la relación entre lo ilimitado, vemos que la persona, al enfocarse en lo limitado y creer que es lo único real, gasta mucha energía, puesto que se resiste al fluir natural. Entonces la persona se desgasta, parecerá viva por fuera, pero por dentro no se sentirá completo. En este estado, sentirá cierta sensación de satisfacción por los objetos externos, aumentando los refinamientos excesivos. Así, la naturaleza pasa a segundo plano y es considerada como medio para satisfacer muchas de sus necesidades superficiales, no necesarias. Ya lo atisbó también Platón en su República. Mas si tú quieres que echemos un vistazo a una ciudad malsana, nada nos lo impide. Hay razón, según parece, para creer que algunos no estarán contentos con ese género de vida; agreguemos, pues, lechos, mesas, muebles de otra especie, manjares, ungüentos, perfumes, cortesanas, golosinas, y de todo ello en abundancia. No entrará, pues, dentro de lo simplemente necesario lo que enumeremos al principio, o sea la vivienda, los trajes y el calzado; habrá que introducir la pintura, el bordado, y procurarse oro, marfil y materias preciosas de toda clase. No es así?

Asimismo, Lao Tsé en su Wen Tsu lo comprendió: Los gobiernos de las épocas degeneradas extraían los minerales de las montañas, tomaban metales y gemas, partían y pulían conchas, fundían bronce y hierro; así pues, nada florecía. Abrían los vientres de los animales preñados, quemaban los prados, volcaban los nidos y rompían los huevos; así, los fénix no alcanzaban el vuelo y los unicornios no vagaban libremente. Cortaban los árboles y construían edificios, quemaban los bosques para los campos, pescaban de sobremanera en los lagos hasta el agotamiento. Amontonaban la tierra para poder vivir en las colinas, y cavaban el suelo para poder beber de los pozos. Hacían más profundos los ríos para fabricar presas, construían murallas en las ciudades que consideraban seguras, cercaban a los animales y los domesticaban.(9) Pues bien, el problema está cuando el equilibrio entre necesidad vital y placer superfluo se deja de lado. No hay nada enfermo en contemplar piezas de arte, pero cuando se trata de consumir hasta morir por la aparente necesidad de sentirse lleno, entonces hay conflicto. La proyección limitada ilusoria cuando se la toma como lo único real – desemboca en conflicto con lo inefable, dado que la comprensión no se limita a las palabras.