La necesidad fundamental del ser humano es vivir siendo él mismo, realizándose. Esta necesidad fundamental y global se expresa en múltiples necesidades que no siempre son conscientes. Algunas se imponen con fuerza, otras menos. Los avances de la civilización y los anhelos de progreso personal facilitan la aparición de estas necesidades en la consciencia. Las podemos agrupar en cuatro aspectos fundamentales del hombre:

a) Su ser corporal
b) Su inteligencia
c) Su ser social
d) Su sentido de trascendencia

Como ser corporal, el hombre necesita un mínimo de bienestar, con ingresos que le permitan vivir decentemente y en condiciones de vida y de trabajo que no sean perjudiciales para su salud. Esto junto a un adecuado reposo y distracción que evite las tensiones exageradas.

Como ser inteligente, necesita desarrollar su capacidad de comprender y de expresarse y siente la necesidad de actuar bajo su propia responsabilidad en armonía con su capacidad. Tener libertad para actuar, tomar iniciativas y el ejercer su creatividad. Poder participar en la vida de los grupos en los que está insertado y ser tomado en cuenta en las decisiones que le conciernan.

Como ser social, tiene necesidad de los demás para llegar a ser él mismo y realizarse. Necesita ser reconocido, aceptado, estimado, amado. Sin ese ambiente de calor humano vegeta o se marchita. Necesita una cantidad adecuada de relaciones. Si son demasiado pocas, su personalidad no se desarrolla o retrocede; si hay un exceso, la personalidad se satura y se asfixia. También influye la calidad de las relaciones, si son superficiales y vacías no proporcionan estímulo para crecer. El ser humano tiene necesidad de dialogar en profundidad para desarrollarse en plenitud, Existe la necesidad de asociarse con otros para realizar algo más grande y mejor, y también la necesidad de justicia, paz y armonía social.

En relación al sentido de trascendencia, la necesidad fundamental de vivir, de ser uno mismo y de realizarse se concibe como ligada a una exigencia interior que transciende al ser humano y que podría conducirlo, paradójicamente, a sacrificar su vida corporal y otras de sus necesidades, para serle fiel. El hombre está ligado a un Absoluto interior que se denomina de distinta manera según las referencias ideológicas o religiosas en las que se viva. Este Absoluto le hace sentir la necesidad de dar un sentido a su vida, adhiriéndose a algo que transcienda al individuo; a vivir en fidelidad a ese ideal, y a la necesidad de profesar libremente sus creencias, cualesquiera que sean, o de servir al ideal que ha elegido libremente.

Cuando estas necesidades fundamentales no están satisfechas, el hombre se siente frustrado. Experimentando la aspiración de su ser de transformarse en aquello de lo que se siente capaz, puede reaccionar agresivamente contra aquel o aquellos que en alguna forma lo coartan. Esta agresividad puede dirigirse a personas u objetos. Algunos pueden capitular, encerrándose en la pasividad o la evasión. Cuando las necesidades fundamentales del hombre están satisfechas, puede realizarse un desarrollo normal.

Pero, además de satisfacer sus necesidades, el hombre necesita que le reconozcan sus derechos; éstos se desprenden, lógicamente, de las necesidades ya descritas. Honrar estos derechos del hombre es facilitar su progreso. Los demás hombres tienen las mismas necesidades que nosotros tenemos. De ahí se deriva nuestro deber de responder a estas necesidades de los demás de acuerdo a nuestras posibilidades.

El ejercicio de estos derechos, reconocidos explícitamente o no por las leyes, tiene sus límites. Es normal, ciertamente, que se les ejerza, que se les reivindique o que se les promueva, aun provocando tensiones sociales. Sin embargo, estas tensiones deben ser tolerables para el cuerpo social dentro del cual se vive, Traspasar el punto límite de tolerancia provocaría un efecto nocivo para el que lo ejecuta, es decir, para el que ha creado esta tensión. Este punto de tolerancia varía según los grupos y, dentro de un mismo grupo, según el grado de madurez.

En efecto, una de las necesidades del hombre que se puede considerar fundamental en cuanto ser social, es la necesidad de aceptación mutua, de paz y de armonía. Si se frustrara a sí mismo en una de sus necesidades más vitales, no tardaría en soportar las consecuencias. Sin hablar del perjuicio que podría causar eventualmente a los demás, quienes, a su vez, también tienen derechos.

Esto significa que el hombre debe aprender a vivir armónicamente el conjunto de sus necesidades para no destruir con una mano lo que quiere construir con la otra.

André Rochais

Traducido y extractado por Sonia Ramírez de
Apuntes Curso PRH.
86 Poitiers
France.