La percepción de la unidad esencial que subyace a la aparente dualidad mente-materia, en la que todos parecen estar ahora de acuerdo, aparece como una de las perspectivas más enriquecedoras y transformadoras que jamás haya conocido el hombre occidental. La captación objetiva y subjetiva consciente de un momento dado permite asir el reflejo del macrocosmos en una generación de energía creativa capaz de ampliar todas las posibilidades futuras. Por el contrario, si la mente individual pone atención sólo en las formas desplegadas de la realidad, tanto esa mente como su realidad circundante se volverán estáticas, estrechándose cada vez más en meros recuerdos y hábitos. La energía renovadora y creativa de los estratos fundamentales es limitada, pues, como vimos, se enriquece permanentemente, además de trascender a toda polaridad, que sólo existe -como el tiempo- en la mente individual.

Y es allí donde los antiguos sabios, al señalar la interdependencia fundamental del universo, también señalaron el modo de acceder a esta mente universal. Una de las etapas fundamentales es la del dominio
de la mente, de esta pequeña mente individual nuestra. Sólo minimizando el ego, disminuyendo el yo personal que creemos tan importante, creamos el vacío, o el declive, en palabras de Jung, suficiente como para que algo trascendente pueda deslizarse hasta nuestra consciencia y darnos ese sentido profundo de identidad del que estamos tan carentes, disolviendo el tiempo, la división mente-cuerpo, sujeto-objeto. Acaso cabría especular si la sentencia “Y seréis como dioses”, se refiera al logro de una unicidad permanente.

Pablo Cáceres

Extractado de
C. G. Jung.- Arquetipos e Inconsciente Colectivo.- Paidós
C. G. Jung.- Formaciones de lo Inconsciente.- Paidós

Más Información:
David Bohm.- La Totalidad y el Orden Implicado.- Kairós
C. G. Jung.- Psicología y Simbólica del Arquetipo.- Paidós

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