Hombre
CH – Cerebro Hombre
pasivo-receptivo
CH + Cerebro Hombre activo
consciencia lúcida o desdoblada
SH + Sexo Hombre
emisor activo
SH – Sexo Hombre
receptor pasivo (inmovilidad)

 

Al interior de cada uno de los participantes, los dos polos sexo-cerebro asumirán alternativamente los
roles pasivo-receptivo y activo-emisor, esto en una dinámica antagonista (inversa) en relación a los roles asumidos por estos dos polos en el otro participante en un momento dado.

Así, por ejemplo, cuando el sexo de la mujer (SM) sea receptivo-pasivo (durante los lapsos en el curso de los cuales ella absorbe la energía o simiente sutil del hombre), su cerebro (CM) asumirá el rol activo que mantendrá el desapego necesario a la orquestación consciente (control-relajación) de los pasajes sucesivos de la energía hacia los planos sutiles. Así la mujer coopera al proceso de fijación y de elevación del placer, evitando en el momento justo el abandonarse a una crisis paroxísmica, pues su claudicación (pérdida de consciencia, explosión orgásmica, movimiento brusco) podría interrumpir la fase de transmutación y precipitar la eyaculación en su compañero.

Se produce esta relación antagonista de los dos polos en la mujer, ya se trate del ejemplo citado ( SM – y CM + ) o de su inverso ( SM + y CM – ). En el segundo caso, ella se concentrará toda entera hacia el orgasmo, hasta alcanzarlo en el abandono de la consciencia. Esto permite el despertar de la Kundalini y su elevación, pero también el despertar del andrógino en la coincidencia activamente realizada del hombre y
de la mujer en ella.

Ocurre lo mismo en lo que concierne al hombre. Su sexo será a su turno pasivo-receptivo (en particular cuando él absorbe la simiente sutil de la mujer justo después del orgasmo de ella), en la inmovilidad de la postura, del aliento, de la mente, que facilita la activación de la lucidez de la que depende el control de sus reflejos (eyaculación); es decir, la interiorización de la consciencia y la inversión de la energía simiente. La relación sería entonces:(SH – CH +). Luego vendría la inversión cíclica: (SH + CH -) en el momento en que el hombre estimula a su compañera hacia un nuevo orgasmo, mientras su cerebro receptivo subordina la consciencia a las sensaciones de su cuerpo (identificación), y a la percepción de las de ella, hasta abandonarse juntos a la ola final del éxtasis. Así se produce el círculo por el juego de la dualidad asimétrica de las dos parejas del activo-pasivo y del pasivo-activo en estado eterno de permutación circular.