Entonces se produce una doble inversión cruzada, cuando la carga energética (la función) de los polos respectivos se invierte en cada uno en relación al polo correspondiente en la pareja.

Por ejemplo, en el caso de una unión ordinaria:
l.- El sexo del hombre toma posesión del sexo de la mujer.
2.- La consciencia femenina es activada.
3.- Ella recarga el cerebro del hombre que está receptivo (unificado).
4.- Activación más penetrante del sexo del hombre hasta la explosión orgásmica (implosión en la mujer).

Y en el caso del comienzo del abrazo inverso:
l.- El sexo de la mujer toma posesión del sexo del hombre. Ella es activa y móvil, él permanece inmóvil.
2.- Activación de la mente del hombre (visualización de la absorción de energías, control, lucidez).
3.- Sumergimiento de la consciencia femenina (unificada).
4.- Activación de su sexo (vibraciones uterinas).

Esta misma relación de antagonismo de polaridades se analiza a título de ejemplo:

SEXO DEL HOMBRE +

l.- Estimula activamente a la mujer (movimientos físicos)
2.- Ella recibe la energía y se abandona al deseo.
3.- Ella induce conscientemente las contracciones reflejas que llevan al orgasmo.
4.- Intensificación de la simiente sutil masculina (virya).

CEREBRO DEL HOMBRE –
Consciencia neutra, vitalizada.

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Inversión de los roles:

SEXO DE LA MUJER +

l.- Estimula y emite energía.

SEXO DEL HOMBRE –

2.- Inmóvil absorbe.

CEREBRO DEL HOMBRE +

3.- Controla y retiene.

SEXO DE LA MUJER +

4.- Activación de las vibraciones sexuales.

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CLIMAX DEL ORGASMO:

SM +

l.- Se abandona a la ola y se une al éxtasis del compañero.

2.- Absorbe y es recargada. Inducción de la simiente sutil (virya)..

3.- Ambos son un solo ser.

4.- Ella emite su energía sutil.

CM –

La importancia de esta visión reside en el hecho que el orgasmo es suscitado por la doble inversión cruzada de las polaridades, la sola capaz de exacerbar, por una parte, la presión casi insoportable de la energía en
el sentido de una explosión íntimamente deseada y atizada por la agitación de procesos psicológicos, y por otra parte, la contra-tensión psíquica que unifica los estados vibrantes de la energía en el sentido de una implosión, haciéndolos penetrar en la consciencia e interiorizándolos por una tensión unificada de toda la persona. Este retorno sobre sí, este “éntasis” (opuesto a éxtasis) es la experiencia cero que lleva al centro de un mandala.