Y una tarde salió de la undécima ciudad, que era una ciudad de Armenia, y sus discípulos y una gran multitud le siguieron, y subió a una montaña y se sentó sobre una roca que había en ella. Y sus discípulos se agruparon a su alrededor, y la multitud se arrodilló en el valle.

Y él hundió la cabeza en sus manos y lloró, y dijo a su alma:
-Por qué estoy lleno de aflicción y de temor, y por qué cada uno de mis discípulos es como un enemigo
que avanza a plena luz?

Y su alma le respondió, y dijo:
– Dios te llenó del conocimiento perfecto de Él mismo, y tú has dado esta ciencia a los demás; has dividido la perla de gran precio y has repartido, cortándola en retazos, la túnica sin costura. El que difunde la sabiduría se roba a sí mismo. Es como quien da un tesoro a un ladrón. Acaso Dios no es más sabio que tú? Quién eras tú para revelar el secreto que Dios te ha confiado? Yo era rica un día y tú me has empobrecido. Yo vi a Dios un día y ahora me lo has ocultado.

Y de nuevo lloró, porque sabía que su alma le decía la verdad y que había dado a los demás el perfecto conocimiento de Dios, y que su fe le abandonaba en relación con el número de los que creían en él.
Y se dijo a sí mismo: “No volveré a hablar de Dios. El que difunde la sabiduría se roba a sí mismo”.

Y algunas horas después sus discípulos salieron a su encuentro, e inclinándose hasta la tierra, le dijeron:
– Maestro, háblanos de Dios, porque tú posees el perfecto conocimiento de Él y ningún hombre más que tú lo posee.

Y él les contestó:
– Os hablaré de todas las demás cosas que hay en el Cielo y en la Tierra; pero no os hablaré de Dios. Ni ahora ni nunca os volveré a hablar de Dios.

Y ellos se irritaron con él y le dijeron:
– Nos has traído al Desierto para que podamos escucharte. Quieres despedirnos hambrientos a nosotros y a la gran multitud que invitaste a que te siguiera?

Y él les respondió:
– No os hablaré de Dios.

Y la multitud murmuró contra él y le dijo:
– Nos has traído al Desierto y no nos has dado alimento para comer. Háblanos de Dios, y esto nos bastará.