Pero él no contestó una palabra. Porque sabía que si les hablaba de Dios perdería su tesoro.

Y los discípulos se marcharon tristemente y la multitud regresó a sus casas. Y muchos murieron en el camino.

Y cuando él se encontró solo, se levantó y volviendo su rostro hacia la luna, viajó durante siete lunas sin hablar a ningún hombre y sin contestar a ninguna pregunta. Y cuando la séptima luna estuvo en menguante, llegó a un desierto, que es el desierto del Gran Río. Y encontrando vacía una caverna habitada en otro tiempo por un centauro, la tomó por vivienda y tejió una estera de juncos para acostarse y se hizo eremita. Y hora tras hora el eremita hablaba a Dios, que le había permitido conservar algún conocimiento de Él y de su grandeza. Y una tarde, estando el eremita sentado ante la caverna que había elegido como vivienda, divisó a un joven de rostro perverso y hermoso que pasaba sencillamente vestido y con las manos vacías, y todas las mañanas volvía con las manos llenas de púrpura y perlas. Pues era un ladrón y robaba a las cavernas de mercaderes.

Y el eremita lo miró y tuvo compasión de él; pero no le dijo una palabra, porque sabía que quien dice una palabra pierde su fe.

Y una mañana, cuando regresaba el joven con las manos llenas de púrpura y de perlas, se detuvo, frunció las cejas, golpeó en la arena con el pie y dijo al eremita:

– Por qué me miras siempre de ese modo cuando paso? Qué es lo que veo en tus ojos? Porque ningún hombre me ha mirado nunca de ese modo. Y es para mí un aguijón y una tristeza.

Y el eremita le respondió:
– Lo que ves en mis ojos es compasión, es la compasión la que te mira por mis ojos.

Y el joven rió con burla y gritó al eremita en tono amargo:
– Tengo púrpura y perlas en mis manos, y tú no tienes más que una estera de juncos para acostarte. Qué compasión vas a tener de mí? Y por qué sientes esa compasión?

– Tengo compasión de ti dijo el eremita- porque tú no tienes ningún conocimiento de Dios.

-Es una cosa preciosa el conocimiento de Dios?- preguntó el joven, y se acercó a la entrada de la caverna.