Nuestro segundo gran mal es ser arrastrados constantemente por el flujo de nuestra consciencia a vivir en el pasado, perdiéndonos lo único que realmente tenemos: el presente. No vivimos el Aquí y Ahora por sumergirnos en un pasado generalmente poblado de hechos vividos que aún nos tienen atados emocionalmente, con sus culpas, resentimientos, frustraciones, etc, Esta contaminación posibilita el temor de que tales hechos vuelvan a suceder y nos hace desconfiados e infelices en el presente. Nunca nos atenemos al presente – ha dicho Pascal – sino que recordamos el pasado y anticipamos el porvenir. Vivimos en tiempos que no son los nuestros y no estamos disponibles para ser felices, Por eso, inevitablemente, no lo somos.

Los recuerdos exagerados del pasado o hipermnesia – donde la memoria es excesiva o exagerada son fuentes de angustias y temores que pueden derivar en neurosis. La memoria emocional juega aquí un papel predominante. Quedamos ligados emocionalmente a los hechos del pasado , lo que nos impide vivir el sentido actual de la vida.

Esta emoción negativa que produce tanto daño es aprendida tal como son las otras. Todo hecho vivido con angustia queda registrado dentro de nosotros y se activa como un toque de alarma en cada situación que
se le asemeja. No es la nueva situación la que nos llena de inseguridad, sino el recuerdo de otras situaciones que hemos vivido anteriormente y que no hemos podido resolver. De ahí la necesidad de estar alertas para observar claramente el origen de nuestros miedos. Si llegamos a su raíz, nos liberamos de ser sus esclavos y tendremos libertad para ser felices como Dios quiere que seamos.

La resistencia al sufrimiento es el tercer fundamento psicológico del miedo, Generalmente pensamos que la desdicha o felicidad dependen de lo penoso o afortunado que sea un acontecimiento. Pero como dice el Dr. Peña y Lillo – … en estricto rigor, ni el gozo ni la tristeza existen en la naturaleza, sino sólo en la consciencia del hombre y surgen, en última instancia, de la propia actitud con que se enfrenta la vida, En cierto modo, los hechos son neutros o, al menos, no necesariamente gratos o dolorosos, y somos nosotros mismos los que les damos un significado.