Detrás de los pensamientos y de la consciencia espacio-temporal, subyace la misteriosa esencia que habita en el Aquí inmutable, en el Ahora perdurable. Esta esencia de todas las cosas es el pensamiento único que aparece tanto en el ego, cuanto en las cosas mismas. La Mente Cósmica es la totalidad de toda experiencia, el punto de partida y el punto final de toda existencia, lo que conoce y lo que es conocido. Cuando el pensamiento se dirige hacia dentro, abandonando la diversidad de las cosas, para pensar en sí mismo, emprende su última tarea de mayor alcance, sólo aquí encontrará la mística unidad que contiene y está en la base de todas las cosas. La razón y la intuición confirman que absolutamente todos los objetos del mundo son manifestaciones de una sola y única sustancia: la Mente. Si se capta esto, la misma existencia de lo múltiple, se contempla como prueba de la existencia de lo Uno.

La enseñanza de la irrealidad del mundo, tiene el propósito de obligar a los principiantes y alumnos intermedios a prestar el máximo de atención a la realidad invisible, es decir, con un valor disciplinario, más que como verdad acerca de las “formas” que capta la experiencia. En una etapa posterior se enseña la doctrina, de que todo es una sola sustancia, de que todo es esencialmente real. Ella dice que después de asimilar la materia a los pensamientos, asimila éstos al Pensamiento.

La división metafísica entre Realidad y Apariencia, entre Ser y llegar a Ser, la división mística entre Espíritu y Materia, entre Dios e Ilusión debe captarse como un antagonismo de tanteo y no de esencia. El estudiante debe superar tal división y debe saber contemplar las cosas, como no diferentes de la Esencia de la Mente, debe abarcarlos en una comprensión junto con la esencia misma.

La mentalidad más madura es enriquecida con una explicación más razonada, que introduce al intangible elemento del Espíritu, como una fuerza que interpreta y hace actuar a la materia tangible.

La concepción filosófica, presenta al universo desde el punto de vista de la consciencia, primero señalando que lo que conocemos son nuestras propias ideas, pero que esas ideas son copia o representaciones de objetos materiales que existen fuera de la consciencia con una base unificadora para todos, en el espíritu.