De los actos, el descontrol puede extenderse a las sensaciones. Cuando camino por la calle, perdido en mis pensamientos, puedo cruzarme con un conocido sin saludarlo, porque no lo “veo”, así como puedo no “escuchar” la bocina de un auto y ser atropellado por él.

Es el estado de “no-presencia. Como dice Vittoz: “Las imágenes impactan la retina sin penetrar en el cerebro; psíquicamente, el enfermo mira sin ver, escucha sin oír. En cuanto al tacto, la sensación percibida por la mano parece correcta, pero no alcanza a llegar al cerebro porque ya está borrada, ya que el cerebro no está suficientemente consciente de lo que toca, de lo que hace…”

Cuando el sujeto se da cuenta de este estado, pierde confianza en sí mismo; se siente inepto para cualquier trabajo serio. Todo le da miedo, exagera todo. El menor cambio en sus hábitos, la más, mínima cosa por emprender puede causarle una crisis de angustia, simplemente porque se siente inferior a la tarea que se propone… El estado de ansiedad continua es la consecuencia forzosa de esto. La persona pasa su vida previendo desgracias. Y de la ansiedad a la angustia no hay más que un paso, que se franquea rápido. Es el síntoma más violento del sentimiento de descontrol, que puede llevar al enfermo a todos los extremos y que parece a menudo inexplicable.

Este descontrol causa un estado de fatiga, ya que el trabajo del cerebro es constante, sin reposo ni respiro. Esta fatiga, por lo general, es más intensa en la mañana que en la noche. Este vagabundeo cerebral por falta de estabilidad en las ideas, esta multitud de ideas que se precipitan en el cerebro del enfermo, sin pausa ni de día ni de noche, lo obsesionan, lo angustian, lo cansan enormemente.

El vagabundeo cerebral crea un estado de ensueño; el enfermo vive poco en el presente; su pensamiento se proyecta sea al pasado, sea al porvenir. De ahí resulta una imposibilidad de “presencia” frente a los demás, que es a menudo el punto de partida de dificultades importantes en sus relaciones.

Actos Conscientes

El remedio para el descontrol de los actos pasa, según Vittoz, por la práctica de los actos conscientes, que describe así: “El paciente debe estar absolutamente presente en lo que está haciendo durante el acto consciente; esta consciencia exacta debe impedir toda distracción. Durante el acto consciente, el cerebro debe estar únicamente receptivo; su función consiste en registrar de manera precisa el acto que se ejecuta; el cerebro debe sentir el acto y no pensarlo…

La vista se vuelve consciente si uno deja penetrar simplemente en el ojo las vibraciones del objeto que se mira. Es necesario tener la impresión de que uno absorbe el objeto sin esfuerzo, sin fijación intempestiva. No es una búsqueda de detalles; la consciencia debe dar un efecto de conjunto que se vuelve muy neto con un poco de costumbre.

Para el oído, las mismas observaciones: hay que dejarse también penetrar por el sonido que se escucha. Hay que aprender a abrir los oídos sin atención forzada. Se puede por un instante seguir el tic-tac de un reloj, el ruido de un tranvía en marcha.

El paciente puede realizar los actos conscientes que desee a lo largo del día. Desde “sentir” el agua al lavarse, hasta ver” la expresión de quienes lo rodean. Pero el vagabundeo cerebral está tan bien instalado que la persona frecuentemente “olvida”, y es necesario tomar la precaución de proponerle algunos actos conscientes específicos, pidiéndole que los incluya en su programa de actividades cotidianas. Así podrá seguir la propuesta de Vittoz: “Los actos conscientes deben llegar a ser naturales, a ser parte de ustedes mismos. Hagan durante meses y meses actos conscientes, y por esta vía lleguen a la libertad de la voluntad, es decir a ser independientes de cualquier situación”.

El caminar consciente

Como lo indica Vittoz, consiste en caminar sintiendo primero el pie derecho, luego el pie izquierdo, apoyándose sobre el suelo, recibiendo la sensación del suelo, sintiendo las piernas, luego el cuerpo entero, acompañado de un movimiento armonioso de los brazos. Así, una sensación extraordinaria de calma y equilibrio se propaga por todo el cuerpo; uno está absolutamente presente. Y esta sensación se desvanece apenas uno empieza a asociar o divagar.

Cuando un paciente, durante una cura, experimenta movimientos emocionales, algunos minutos de marcha consciente le permiten recuperar su calma: la sensación ha restablecido el equilibrio. Es una manera de caminar que tiene el poder de “descansar, justamente porque pone en reposo el cerebro. Después de correr todo el día con la idea fija de no perder tiempo, de alcanzar el próximo bus, y quedar agotado por la consecuente tensión nerviosa, basta dar 2 o 3 vueltas en una habitación al volver del trabajo, o subir escaleras “en consciencia”, para sentir cómo desaparece el cansancio.

Vittoz recomienda no olvidar que la vista y el oído deben participar en esta caminata. El tacto, la vista y el oído aportan así un conjunto de sensaciones que ocupan el campo de nuestra consciencia, equilibran nuestro pensamiento y nos descansan.

El caminar consciente puede practicarse cuando uno quiera. Pero, para no olvidarlo durante el período de reeducación, es cauto ubicarlo siempre en el mismo momento de la jornada. Puede ser durante un trecho de camino que hacemos cada día, para ir al metro, por ejemplo, o una escalera que tengamos que subir o bajar.

La lectura en voz alta

Esta forma de leer nos aporta la misma sensación de presencia, de estar ahí, de ser uno mismo”. La experiencia muestra que no podemos leer en voz alta pensando en otra cosa, “estando en otra parte”. Al leer sólo visualmente, nuestro pensamiento puede vagabundear, una idea asociarse con otra, y tenemos que volver atrás para retomar el hilo. Durante la lectura en voz alta, por el contrario, nos “sentimos leer, sentimos nuestro cuerpo en una cierta posición, con el libro en las manos, escuchamos nuestra propia voz. La lectura es entonces verdaderamente un acto consciente.

Los grafismos

Se trata de un simple ejercicio de concentración sobre figuras.

Consiste en hacer, en la imaginación, con ayuda de una tiza blanca sobre un pizarrón negro, los dibujos propuestos, que van aumentando en complejidad.

Como ejemplo, un número ocho, o mejor, el símbolo del infinito, un triángulo, tres cuadrados concéntricos, la estrella de David, el dígito uno… Toda la atención del sujeto debe estar concentrada sobre estos dibujos. Primero hay que hacer el dibujo, luego mirarlo durante algunos segundos, y finalmente borrar todo sin pensar en otra cosa ! El ejercicio de los grafismos le enseña al cerebro a estar presente el tiempo que sea necesario, y prolonga así la concentración fortaleciendo la facultad de atención.

Eliminar para controlar

Después de haber extendido el control cerebral al dominio de las sensaciones y los actos, dándole al sujeto la posibilidad de vivir en el presente, es necesario, dice Vittoz, ir más lejos. Hay que enseñarle cómo hacer desaparecer un pensamiento de su cerebro. Enseñarle a liberarse, a olvidar, a eliminar, porque esa es la condición definitiva y necesaria para la mantención del control y del equilibrio. El paciente siente que su vida ha sido transformada por los ejercicios, que la calma ha sucedido a la tempestad. Pero, y si esta vuelve?

La señora B. se expresaba así en ese momento de su terapia: “Yo sé ahora apartar mis malas ideas… y eso me permite vivir mi vida cotidiana. Pero vuelven a veces como un enjambre de abejas ! Y entonces los ejercicios las alejan. Será necesario practicar los mismos ejercicios durante toda mi vida ?

Sería así, si no fuera porque la psicoterapia Vittoz suministra al paciente los medios para olvidar realmente las ideas patógenas, sin hacerle correr el riesgo de la represión. Así como el cuerpo se libera de sus toxinas, el cerebro también puede aprender a liberarse de las ideas patógenas que lo asedian. Los ejercicios para adquirir y desarrollar esta facultad de eliminar, propuestos por Vittoz, se presentan de manera progresiva:

‘Primeramente, el paciente elige 3 a 5 objetos diferentes que coloca unos al lado de otros sobre una hoja de papel blanco. Después de haberse dado bien cuenta de los objetos que tiene delante de él, elimina uno, poniéndolo a un lado. Y hará bien, en ese momento, en cerrar los ojos y saber si en realidad, mentalmente, ha eliminado el objeto en cuestión: esto es lo principal. Luego hará desaparecer un segundo, y un tercer objeto, y así sucesivamente, hasta que todo los objetos hayan sido sacados. Si la operación ha sido bien hecha, el paciente tendrá mentalmente la visión sólo de una hoja de papel blanco sin ningún objeto”.

En seguida, se trata de escribir mentalmente dos o tres cifras y borrarlas, también mentalmente, de modo que no quede ningún rastro. Apenas el sujeto logra eliminar nítidamente las cifras, pasa a las letras, después a las palabras, y luego a las frases. La palabra debe ser borrada letra por letra, y después entera, así como la frase. Terminado el aprendizaje, se puede aplicar esta técnica a la eliminación de palabras y frases que expresan ideas perturbadoras de las que el sujeto quiere liberarse.

Esta técnica, que no es una simple sugestión, moviliza en nosotros procesos psicológicos importantes.

Al escribir y borrar, se expresa la afirmación de la voluntad de no sufrir pasivamente aquel estado de depresión, de duda, de irritación, y muchos otros que pueden destruirnos. Surge de aquí una dinámica que desarrolla una actitud interior distinta frente a los eventos de la vida.

La eliminación nos permite liberarnos de recuerdos conservados en nuestra memoria. La auto observación a que nos lleva este ejercicio, nos permite desenterrar este recuerdo, hacerlo pasar al campo de la consciencia al escribirlo, y neutralizarlo al borrar, letra por letra, la palabra que lo representa.

La eliminación es también una ayuda importante contra el insomnio, padecimiento frecuente en las neurosis. Frecuentemente nos cuesta dormirnos porque todo lo que ha llenado nuestro día nos asalta y viene a nuestra memoria. Gracias a la eliminación de todo lo que nos ha afectado durante la jornada, al abandonar el film de nuestro día podemos reencontrar la calma y dormimos con facilidad.

La eliminación es el antídoto de la represión. Estamos siempre tentados de sepultar en el fondo de nuestro inconsciente los que nos hiere y traumatiza para defendernos y no sufrir. Pero lo que es reprimido puede volver a la superficie un día, cuando nuestra resistencia haya disminuido. Es necesario eliminar para protegerse contra estas tempestades provenientes de lo más profundo del inconsciente. Y también para no permitir que se instalen en nosotros los condicionamientos que “nos actúan”, cuando reaccionamos como marionetas.

Curaciones

Vittoz relata el caso de una paciente que le fue enviada a causa de sus crisis de angina de pecho nerviosas; había tenido una dilatación aguda del corazón con edema generalizado y cianosis. Su médico diagnosticaba una lesión orgánica, complicada con síntomas nerviosos. Sus crisis eran muy frecuentes, el menor movimiento le provocaba disnea y palpitaciones. Después de practicar los ejercicios recomendados por Vittoz durante quince días, volvió a su casa completamente restablecida.

Como ejemplo del efecto de su método sobre los trastornos del sistema digestivo, Vittoz cita el caso de otra paciente que sufría de acidez y vómitos desde hacía años. Al agravarse, había optado por hacerse operar ( una gastroenterostomía ) pero sin obtener mayor alivio, ya que los dolores y las náuseas persistieron, impidiéndole prácticamente alimentarse. En ese estado comenzó su tratamiento, sin medicamentos ni régimen especial, gracias al cual sus síntomas disminuyeron y terminaron por desaparecer.

Una psicoterapia holístíca

El método Vittoz es una psicoterapia que se dirige al ser humano entero, como unidad cuerpo-mente. Es una reeducación psico-sensorial del control cerebral, habitualmente insuficiente o inestable en las neurosis y enfermedades psicosomáticas. Es una psicoterapia de síntesis y reconstrucción.

Su carácter psico-sensorial es primordial, ya que otorga un rol esencial al cuerpo y a las sensaciones. La toma de consciencia se hace por intermedio de las sensaciones: