Ellas existen en estado inconsciente. Si se analizan fenómenos como conciertos de música rock, pop, folclore, u otras, uno se sorprendería de constatar el extraño ritual que
lleva al delirio y al éxtasis. Los fans que se desenfrenan en este género de concierto participan en una ceremonia mágico-religiosa. Comulgan todos en la misma fe y vibran al mismo ritmo elementario. Se sabe que en numerosos casos esta actitud conduce a los participantes a vaciarse de su energía sexual, sea por sublimación, sea por actividad efectiva. Si se considera el fenómeno en frío, no se comprende. Tendría que comprenderse como una tentativa desesperada de recobrar a los dioses perdidos. Ocurre lo mismo para la sexualidad colectiva, que se desarrolla por todas partes en el mundo, y que no es más que la reanudación de las orgías de antaño, orgías sagradas bien entendido, en el curso de las cuales el espíritu se manifestaba a través de la embriaguez carnal. Ahí también se trata de desbloquearse, de poner en común las fuerzas psíquicas,. George Bataille lo había comprendido bien cuando él promocionaba una religión erótica construida sobre el desenfreno de los sentidos. El no hacía más que seguir el pensamiento de Rimbaud. Gozar, para nuestra sociedad, es disfrutar materialmente de todo lo que se puede obtener. Pero a través de la materia, la espiritualidad aparece, se lo quiera o no. Seguro que se sorprenderían mucho los participantes a este género de sesiones si se les dijera que se entregan a un ritual sagrado. Se podría igualmente clasificar como resurgencia pagana los fenómenos a los que se llama perversiones.

Entre ellos el fetichismo es particularmente esclarecedor. Práctica pagana donde la comunión con el otro es facilitada por el contacto de un objeto. A este respecto, el culto de las reliquias es una expresión del paganismo. Alcanzó su apogeo en la Edad Media, pero permanece actualmente bajo formas llamadas aberrantes. Es numerosa la cantidad de personas que practican este género de cosas. Ellas lo hacen inconscientemente porque esto corresponde a una realidad profunda, que es el culto de la Diosa. Esa diosa fue eliminada por el cristianismo. Pudo aflorar a la superficie gracias al culto de la Virgen María. Actualmente reaparece bajo la forma de un culto erótico rendido a la Mujer, y esto no es nuevo, pues el amor cortesano del siglo XII no era diferente. Lo sagrado es femenino. Los travestis, sin saberlo, imitan a los chamanes, los cuales se visten a menudo con ropas femeninas para participar de las dos naturalezas, masculina y femenina. El mito del andrógino primordial ronda por ahí revistiéndose de formas adaptadas al contexto socio-cultural. Se podría también hablar del gusto por lo macabro y por ciertas ceremonias organizadas en los cementerios, como sucede en México, La finalidad es la de integrarse el alma de los muertos, su fuerza, su inteligencia. Nos sumergimos en pleno en el culto de los ancestros, forma arcaica de religión, pero siempre presente a través de las religiones que se proclaman reveladas y superiores.