Tomemos, por ejemplo, la fiesta cristiana de Todos los Santos, es decir, reconocimiento de un lazo entre los vivos y los muertos, comunión total de los espíritus. Al día siguiente, el 2 de noviembre, es la fiesta de los Muertos, el recogimiento de los vivos en memoria de los muertos, particularmente de los fallecidos durante el año. La fiesta de los Muertos está impregnada de tristeza, pero la de Todos los Santos es una fiesta de alegría y buena fortuna. En la práctica ambas jornadas se confunden. En el día de Todos los Santos, la gente lleva flores a la tumba de los muertos de la familia. Los no cristianos también lo hacen. La fiesta ya no es religiosa, se ha vuelto profana: o más bien, escapa a toda clasificación oficial y marca, de una manera que no es susceptible de interrumpir, el culto de los muertos tal como se practicaba en otros tiempos. Se sabe que esta fiesta corresponde a la antigua fiesta celta de Samain, primer día del año, marcada por grandes aglomeraciones, grandes festines y gran embriaguez. En esa fiesta el mundo de los muertos entraba en comunicación con el mundo de los vivos. Y en los países anglosajones, herederos en parte de la mentalidad céltica, está Halloween, el 31 de octubre, fiesta curiosa y a la vez burlesca, donde todos los ritos paganos remontan a la superficie. Allí el cristianismo y el paganismo hacen buenas migas. Y una vez más la fiesta es vivida por todo el mundo, creyentes y no creyentes.

Lo mismo ocurre con Noel, Esta fiesta marcaba el gran cambio sobre el esquema rítmico de las estaciones, La Tierra abandonaba su período negativo de regresión durante el invierno del hemisferio norte. La germinación comenzaba. Desde el punto de vista cristiano, es una fiesta de aniversario del nacimiento del niño Jesús. La fiesta es seguida por los cristianos, pero aún más por los que se dicen no creyentes, quienes la disfrutan con regocijos dignos de las orgías antiguas. Y esto en todas partes. Se sabe que esta fiesta correspondía a la fiesta romana de las Saturnales donde se celebraba la Edad de Oro mítica, el primer estado del mundo, donde gentes y bestias vivían en perfecta armonía, en la paz y la comprensión, de ahí el motivo del buey y el asno en el establo. Y durante ese día se invertían los valores: el amo se transformaba en esclavo y los esclavos pasaban a ser amos. La relación con el niño – dios naciendo miserablemente en un establo es elocuente. Y qué decir de las fiestas de los Locos de la Edad Media, todavía recuperables durante el Carnaval?