El paganismo es también notorio en las grandes asambleas políticas o militares, donde cada cual vibra al unísono en una suerte de comunión inexplicable, Desafío a cualquiera, aun al más antimilitarista, a permanecer insensible frente a un desfile militar. Desafío a cualquiera, aun al más anarquista, a permanecer insensible escuchando los apasionados discursos de un político. Hitler sabía muy bien a qué atenerse a este respecto, y él abusaba de ceremonias de este género, acentuando su carácter pagano. Es de sentirlo por la Humanidad que el procedimiento haya funcionado maravillosamente. Los libre pensadores dicen que las ceremonias religiosas, políticas y militares son histeria colectiva. No se equivocan. Pero el hombre acaso no tiene necesidad de esa histeria colectiva? La prueba es que desde que fue privado de ella en el aspecto religioso, la ha buscado bajo formas aberrantes.

Lo sagrado no está separado de lo cotidiano. Se quiere hacérnoslo creer por medio de una enseñanza donde domina la lógica aristotélica y que conduce a un maniqueismo primario. Los cristianos han marcado el paso porque su sistema filosófico ha sido pedido prestado a Aristóteles. Pero todos los paganismos han afirmado que no había ninguna separación entre lo sagrado y lo profano. Es eso lo que se busca actualmente con el mayor ardor, pero, desdichadamente, las cartas están tan embrolladas que es imposible reconocerlo.

De hecho, el paganismo no ha muerto jamás, porque a partir del momento en que el cristianismo vencedor ha creído eliminarlo, él ha permanecido como un substrato, como un pensamiento paralelo, siempre presto a surgir del inconsciente. El paganismo no es la ausencia de Dios, de lo sagrado, del ritual. Bien al contrario, es a partir de la constatación que lo sagrado está en lo cotidiano, que nace la afirmación solemne de una
transcendencia. Europa es más que nunca pagana cuando busca sus raíces, que no son judeocristianas. La ideología cristiana no ha sofocado los valores antiguos. Los ha rechazado en las tinieblas del inconsciente. Entonces es normal que todos estos valores reaparezcan más fuertes que nunca. Estamos al alba de una nueva civilización y, sin poder predecir lo que ella será, se puede estar seguro que la nueva religión que de ella emanará estará impregnada de todos los elementos paganos que han existido antes de la introducción del cristianismo. Es la ley de los ciclos. Es necesario redescubrir la tradición occidental europea, redescubrir las leyendas autóctonas, los cuentos populares que encierran tantas ideas consideradas caducas, es necesariamente redescubrir una ontología y una exploración del pasado a la medida de las necesidades del hombre actual. Cuántos cuentos populares trasmiten la sabiduría de antaño? Todos, aun los que son expresados en un lenguaje cristiano. El interés actual por la tradición popular oral explica ese retorno y se justifica por la misma razón. Se trata de reencontrar nuestra alma perdida. Pero si Orfeo regresó antes de terminar su búsqueda, guardémonos de hacer como él. No es la nostalgia del pasado la que es factor de progreso; es la visión del porvenir. Toda actitud continuista es ilusoria; no es más que folklore, con todo lo que esto significa de compromiso, Vivir el paganismo no es solamente seguir la corriente, es remontarse a las fuentes.

Jean Markale.

Traducido y extractado por Ester Molina de
Question de
Editions Ritz
París