Aunque no es posible todavía dar plena cuenta de las relaciones entre pasado y presente, se dispone de suficiente material para intentar hacer una clasificación incompleta como la que sigue:

1- El influjo de la constitución (herencia).
2- El entrenamiento del individuo (condicionamiento a través del influjo ambiental).
3- Recuerdos futuristas.
4- La compulsión de repetición (lo incompleto de situaciones).
5- Acumulación de experiencias no digeridas (traumas y otros recuerdos neuróticos).

1- Respecto a la constitución, la relación entre pasado y presente es más bien obvia. Tomemos como ejemplo el funcionamiento de la glándula tiroides. El cretinismo (mixedema) se debe a algo que sucedió en el pasado. El ahondar en el pasado tiene valor alguno a no ser el de gratificar nuestra curiosidad científica, o de instruirnos respecto al origen de la enfermedad, de tal modo que este conocimiento pueda ayudarnos a curarla hoy? Añadimos continuamente hormonas tiroideas para solucionar una deficiencia actual de tiroxina.

2- Se puede comparar el entrenamiento del individuo con la construcción de carreteras; el objetivo es dirigir el tráfico de la manera más económica. Pero si el condicionamiento no es muy profundo está sujeto a deterioro, del mismo modo que se pueden destruir las carreteras mal construidas. El deterioro tiende hacia la aniquilación. Las viejas carreteras desaparecerán; nuestras mentes olvidarán. Si embargo, algunas carreteras están construidas del mismo modo que las viejas calzadas romanas. Una vez que hemos aprendido a leer, muchos años de no lectura pueden dejar todavía intacta la capacidad de leer. Pero si se realiza un reacondicionamiento, si se dirige el tráfico hacia nuevas carreteras, la situación será diferente: si nos vemos compelidos a hablar un lenguaje extranjero y utilizar poco nuestra lengua materna, experimentamos un deterioro en esta última y después de algunos años nos podrá resultar difícil recordar palabras que con anterioridad teníamos automáticamente a la mano. El reacondicionamiento, por otra parte, el volver a la lengua materna tomará menos tiempo del que tomó aprenderla en la infancia.

Cuando intentamos detener el progreso de una neurosis tratamos de reacondicionar al paciente a las funciones biológicas, llamadas de ordinario normales o naturales. Al mismo tiempo, no debemos olvidar el entrenamiento, el condicionamiento, de actitudes no desarrolladas. Podemos apreciar los métodos de F. M. Alexander desde el punto de vista del reacondicionamiento, si no olvidamos la necesidad de diluir al mismo tiempo el influjo dinámico de la gestalt equivocada. Cuando simplemente sobreponemos una gestalt a otra, enjaulamos, reprimimos, pero sin embargo mantenemos viva la gestalt equivocada; al anular esta última liberamos energías para que funcione toda la personalidad.

3- La expresión recuerdos teleológicos futuristas suena paradójica, pero con frecuencia recordamos experiencias pasadas para propósitos futuros. Desde el punto de vista psicoanalítico la categoría más interesante de este tipo es la señal de peligro. Cuando han ocurrido varios accidentes automovilísticos en el mismo lugar de una carretera es posible que las autoridades pongan una señal de peligro. No se erige esta señal de peligro en memoria de los que murieron; se crea con el propósito de salvaguardar contra accidentes futuros. Para un neurótico la señal de peligro no es, como dice Freud, el ataque de ansiedad. La persona nerviosa coloca sus recuerdos como señales de alto por todas partes, donde quiera que adivina la posibilidad de peligro. Este procedimiento le parece razonable; parece actuar de acuerdo con el proverbio: Una vez mordido, dos veces cauteloso. Puede, por ejemplo, haberse enamorado y haber sufrido una desilusión. Por ello se cuida mucho de que se repita ese desastre. En cuanto siente el más ligero signo de afecto pone en escena (consciente o inconscientemente) el recuerdo de su experiencia desagradable como luz roja de alto. No tiene en cuenta en absoluto el hecho de que comete un error histórico, que la situación actual puede diferir considerablemente de la anterior. Desenterrar situaciones traumáticas del pasado podría proporcionar aún más material para señales de peligro, podría restringir aún más las actividades y las esferas vitales del neurótico, ya que no ha aprendido a diferenciar entre situaciones anteriores y presentes.

4- Un punto muy delicado de tratar es la compulsión de repetición, en sí un descubrimiento admirable de Freud al que por desgracia éste llevó a conclusiones absurdas. Vio en la monotonía de las repeticiones una tendencia hacia la osificación mental. Freud sostiene que estas repeticiones llegan a ser rígidas y sin vida como materia inorgánica. Sus especulaciones acerca de esta tendencia negadora de la vida lo llevaron a conjeturar que existe un impulso definido que actúa detrás del telón: un instinto de muerte o de nirvana. Concluyó además que, del mismo modo que la libido orgánica se manifiesta como amor, el instinto de muerte se manifiesta como una tendencia a destruir. Hasta llegó a explicar la vida como una lucha permanente entre el instinto de muerte y la libido inquietante. Esta persona antirreligiosa reentroniza a Eros y Thanatos, el científico y ateo regresa a los dioses que había luchado por destruir toda la vida.

En mi opinión la construcción de Freud encierra varios errores. No concuerdo con él en que la gestalt de la compulsión de repetición tiene el carácter de rigidez, aunque en los hábitos existe una clara tendencia hacia la osificación. Sabemos que cuanto mayor es la persona o menos elástica es su visión de la vida, más difícil, más imposible se hace cualquier cambio de hábitos. Cuando condenamos algunos hábitos y los llamamos vicios suponemos que es deseable un cambio. No obstante, en la mayoría de los casos han llegado a convertirse en parte de la personalidad hasta tal grado, que todos los esfuerzos conscientes no pueden cambiarlos y todos los esfuerzos se reducen a resoluciones ridículas que engañan a la consciencia, de momento, sin influir en realidad.

Tampoco los principios son menos obstinados. Son substitutos de una visión independiente. El que los posee se encontraría perdido en el océano de los acontecimientos si no fuera capaz de orientarse por medio de estos apoyos fijos. De ordinario, hasta se siente orgulloso de ellos y no los considera debilidades, sino una fuente de fuerza. Se apoya en ellos debido a la insuficiencia de su propio juicio independiente.

La dinámica de los hábitos no es homogénea. Algunos están dictados por la economía de energía y son reflejos condicionados. Con frecuencia los hábitos son fijaciones u originalmente han sido fijaciones. Se les mantiene vivos por miedo, pero podría cambiárseles en reflejos condicionados. Esta manera de ver implica que un simple análisis de los hábitos es tan insuficiente para romperlos como lo son las resoluciones.

La estructura de la apropiada compulsión de repetición es bastante distinta de la de los hábitos y principios. Elegimos con anterioridad el ejemplo de una persona que se siente una y otra vez desilusionada por sus amigos. Difícilmente llamaríamos a esto un hábito o un principio. Pero qué es entonces esta repetición compulsiva? Para responder a esta pregunta debemos dar un rodeo.

K. Lewin realizó los siguientes experimentos de memoria: a cierto número de personas se les daba algunos problemas para que los solucionaran. No se les decía que se trataba de una prueba de memoria sino que tenían la impresión de que se realizaba una prueba de inteligencia. Se les pedía al día siguiente que escribieran los problemas que recordaban y, cosa bastante rara, recordaban bastante mejor los problemas no solucionados que los que habían solucionado. La teoría de la libido nos llevaría a esperar lo opuesto, es decir, que la gratificación narcisista haría que la gente recordase sus éxitos. O todos tenían los complejos de inferioridad de Adler y recordaban sólo las tareas no resueltas como aviso para hacerlo mejor la próxima vez? Ambas explicaciones resultan insatisfactorias.

La palabra solución indica que desaparece una situación confusa, se disuelve. Respecto a las acciones del neurótico obsesivo, se ha advertido que las obsesiones han de ser repetidas hasta que se ha terminado su tarea. Cuando se anula un deseo de muerte psicoanalíticamente o de otra forma, el interés por realizar los ritos obsesivos (la anulación del deseo de muerte) se retraerá hacia el fondo y más tarde desaparece de la mente.

Cuando un gatito trata de trepar a un árbol y fracasa, repite sus intentos una y otra vez hasta que lo logra. Cuando un maestro descubre errores en la tarea de su alumno le hace repetirla, no para que repita los errores, sino para entrenarlo en la solución apropiada. Entonces se completa la situación. Maestro y discípulo pierden todo interés en ella del mismo modo que perdemos el interés al haber resuelto un crucigrama.

Repetir una acción hasta dominarla es la esencia del desarrollo. Una repetición mecánica que no tenga como propósito la perfección es contraria a la vida orgánica, contraria al holismo creador (Smuts). Se mantiene el interés mientras la tarea emprendida no está terminada. Una vez completa desaparece el interés hasta que una tarea nueva crea otra vez interés. No hay caja de ahorro de la que el organismo (como sugiere la teoría de la libido) pueda sacar la cantidad de interés requerida.

Las repeticiones compulsivas tampoco son automáticas. Por el contrario son intentos enérgicos de resolver problemas importantes de la vida. La necesidad de amistad, en sí misma, es una expresión muy sana del deseo de contacto humano. La persona permanentemente desilusionada está equivocada sólo en cuanto busca este amigo ideal una y otra vez. Podría negar la desagradable realidad por medio del soñar despierto o hasta con alucinaciones; podría tratar de convertirse él mismo en este ideal o moldear a su amigo según él, pero no puede llegar a realizar sus deseos. No percibe que comete un error fundamental : busca la causa de su fracaso en la dirección equivocada: fuera, en vez de dentro de sí mismo. Considera a sus amigos la causa de su desilusión, sin darse cuenta de que sus propias expectativas son las responsables. Cuanto más ideales son sus expectativas, menos se conforman a la realidad, más difícil será el problema del contacto. Este problema no encontrará solución y no cesará la compulsión de repetición hasta que haya ajustado sus expectativas de lo imposible con las posibilidades de la realidad.

Así pues, la compulsión de repetición no es mecánica ni está muerta, sino muy viva.

No alcanzo a ver cómo puede deducirse de esto un místico instinto de muerte. Este es el único caso en el que Freud abandonó el terreno sólido de la ciencia y se adentró en el reino del misticismo, como lo hizo Jung con su desarrollo especial de la teoría de la libido y su concepción del Inconsciente Colectivo.

No me compete a mí descubrir qué motivó a Freud a inventar este instinto de muerte. Tal vez la enfermedad o la cercanía de la vejez le hizo desear la existencia de ese instinto de muerte que podría descargarse bajo la forma de agresión. Si esta teoría fuera correcta, cualquier persona suficientemente agresiva tendría el secreto para prolongar la vida. Los dictadores vivirían ad infinitum.

Freud emplea en forma intercambiable los términos instinto de nirvana e instinto de muerte. Mientras que no hay nada que pueda justificar la concepción del instinto de muerte, el instinto de nirvana podría encontrar cierta justificación. Se puede protestar contra la palabra instinto y aplicar en su lugar la palabra tendencia. Toda necesidad altera el equilibrio del organismo. El instinto da la dirección en que está alterado el equilibrio, como Freud dijo del instinto sexual.

Goethe tenía una teoría similar a la de Freud, pero para él no la libido sino la destrucción, simbolizada por Mefistófeles, se presentaba como el alterador del amor por una paz sin condiciones. Pero esta paz ni es incondicional ni eterna. La gratificación restablecerá la paz orgánica y el equilibrio hasta que, muy pronto, otro instinto presente sus exigencias.
Tomar erróneamente el instinto por la tendencia hacia el equilibrio es como confundir los objetos que se pesan en una balanza con la balanza misma. Podríamos llamar a este impulso inherente de llegar al descanso por medio de la gratificación de un instinto la búsqueda del nirvana.

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