Así pues, la compulsión de repetición no es mecánica ni está muerta, sino muy viva.

No alcanzo a ver cómo puede deducirse de esto un místico instinto de muerte. Este es el único caso en el que Freud abandonó el terreno sólido de la ciencia y se adentró en el reino del misticismo, como lo hizo Jung con su desarrollo especial de la teoría de la libido y su concepción del Inconsciente Colectivo.

No me compete a mí descubrir qué motivó a Freud a inventar este instinto de muerte. Tal vez la enfermedad o la cercanía de la vejez le hizo desear la existencia de ese instinto de muerte que podría descargarse bajo la forma de agresión. Si esta teoría fuera correcta, cualquier persona suficientemente agresiva tendría el secreto para prolongar la vida. Los dictadores vivirían ad infinitum.

Freud emplea en forma intercambiable los términos instinto de nirvana e instinto de muerte. Mientras que no hay nada que pueda justificar la concepción del instinto de muerte, el instinto de nirvana podría encontrar cierta justificación. Se puede protestar contra la palabra instinto y aplicar en su lugar la palabra tendencia. Toda necesidad altera el equilibrio del organismo. El instinto da la dirección en que está alterado el equilibrio, como Freud dijo del instinto sexual.

Goethe tenía una teoría similar a la de Freud, pero para él no la libido sino la destrucción, simbolizada por Mefistófeles, se presentaba como el alterador del amor por una paz sin condiciones. Pero esta paz ni es incondicional ni eterna. La gratificación restablecerá la paz orgánica y el equilibrio hasta que, muy pronto, otro instinto presente sus exigencias.
Tomar erróneamente el instinto por la tendencia hacia el equilibrio es como confundir los objetos que se pesan en una balanza con la balanza misma. Podríamos llamar a este impulso inherente de llegar al descanso por medio de la gratificación de un instinto la búsqueda del nirvana.

Postular un instinto de nirvana puede también haber sido el resultado de un pensar según los deseos. Esos períodos cortos en los que la balanza de nuestro organismo ha vuelto a lograr el equilibrio son los momentos de paz y felicidad, que muy pronto se verán alterados por nuevas exigencias e impulsos. Con frecuencia nos gustaría aislar este sentimiento de descanso de su localización en el ciclo de gratificación de instintos y hacer que durara más tiempo. Comprendo que los hindúes, al desaprobar el cuerpo y sus sufrimientos, al intentar matar todos los deseos, afirmen que el estado de nirvana es el objetivo último de nuestra existencia. Si la búsqueda del nirvana es un instinto, no puedo captar por qué han colocado tal cantidad de energía y entrenamiento para alcanzar su objetivo, puesto que un instinto se cuida por sí mismo y no requiere ningún esfuerzo consciente.