Cuando decimos perder nos referimos naturalmente al apego a la vida exterior; no es lo mismo tener y disfrutar un bien que temer perderlo, no es lo mismo amar a alguien que desear poseer a una persona, y sufrir si no lo logramos, lo que es la antítesis del amor verdadero. Así. cada vez que perdemos no hacemos más que ganar. El que va desgastando su duro caparazón, como decía Unamuno, cultiva un estado permanente de aceptación a lo que acontece a su alrededor; nada de lo que pase o deje de pasar, nada de lo que tenga o deje de tener es capaz de hacerlo feliz ni desgraciado. Cada problema frente al que no reacciona irritado, cada insulto frente al que no se altera, cada logro que no lo excita, son la prueba de su avance. Su única fuente de gozo y desdicha está en su interior, en su capacidad para mantenerse conectado o no con su fuente central, con su Yo Superior.

La energía amorosa del Yo Superior no cesa de actuar sobre el ego, de mil maneras, intentando disciplinarlo. Sin embargo, aquí está nuestra dificultad; nos afligimos por pequeñeces, murmuramos ante pequeñas pérdidas o dificultades. Todas las experiencias y problemas diarios se nos presentan con el propósito de que tomemos consciencia de algo específico, todo cuanto nos sucede es lo mejor que nos puede suceder ahora para nuestra evolución. El Yo Superior está preparando el camino para acercarnos a él, sin embargo, no lo reconocemos y nos sentimos desdichados, discutimos, renegamos de nuestra mala suerte o destino y nos volvemos negativos en nuestra actitud. El Yo Superior no derrocha nada, todo lo que hace llegar a nuestras vidas tiene significado. El motivo detrás de todas las acciones del Yo Superior es destruir nuestro hombre temporal, cincelándonos diariamente para nuestro desarrollo. El quiebre del ego es el camino de la paz interior, el camino de los frutos gozosos, pero también es un camino manchado con la sangre de muchas heridas, producto de la destrucción del caparazón, el que incluye todo lo que pertenece al hombre exterior: opiniones, maneras, astucia, amor propio, todo.