El trabajo de observación y aumento de consciencia para construir al yo unificado es la parte más dura y larga, la que requiere de gran perseverancia y paciencia con nosotros mismos, por nuestra ignorancia y numerosas recaídas. Si bien no se debe dejar nunca de luchar, en cualquier parte del camino es posible ser tocados por la gracia, la transformadora energía del Yo Superior que se ha apiadado de nuestros esfuerzos. Por lo tanto, si nunca antes nos hemos dedicado atentamente a la obra de nuestra propia unificación, intentémoslo, diciendo, desde lo más profundo, Señor, hágase Tu voluntad, sin condiciones, sin reservas.

En ocasiones pasan muchos años y algunas personas permanecen aparentemente sin cambio alguno. Esto sucede porque ciertos individuos tienen emociones, deseos o pensamientos muy fuertes o intensos. No se dan cuenta del trabajo que está siendo realizado, ven solamente que los hombres o las circunstancias se les oponen, que lo que los rodea es demasiado difícil, que tienen mala suerte, que los otros son los culpables. Nuestra principal tarea es la toma de consciencia de que precisamente eso es lo que las dificultades u obstáculos tratan de mostrarnos: que vamos cuesta arriba en el camino de evolución. Si no lo logramos, seguiremos teniendo ese mismo tipo de dificultades, y aún en mayor grado, hasta que comprendamos lo fútil, lo vano de esas ocupaciones. De hecho, es nuestra escasa comprensión, nuestra minúscula consciencia, lo que nos mantiene aparte del Yo Superior, ignorantes de nuestra identidad profunda.

El otro gran impedimento para la doma del ego es el amor propio, que también es miopía, pues es la visión exclusiva y separatista del ego; es decir, buscamos con desesperación una moneda en el camino mientras en nuestro propio jardín hay un gran tesoro enterrado que ni siquiera intentamos encontrar. Recordemos que la única razón para toda mala interpretación, todo mal humor, todo descontento, es que secreta o abiertamente amamos sólo a nuestro ego, que es una dura cáscara; y el objetivo de una cáscara es mantener algo separado, aislado, aparte, de la verdadera vida. Así, planeamos formas para escapar del sufrimiento y los problemas, y muchas veces los problemas aumentan debido a nuestra búsqueda de un camino para escapar, lo que sólo demora aún más la liberación. Pero no podemos huir de nosotros mismos por mucho tiempo.