Continuó investigando y dibujando mandalas, sobre todo cuando en su práctica como psiquiatra empezó a ver que sus pacientes hacían dibujos espontáneos que iban evolucionando a medida que avanzaban en lo que él llamó proceso de individuación. Esos dibujos iban siendo cada vez más definidos y más armónicos durante este período. Algunos aparecían en los sueños de los pacientes y ellos los dibujaban para hacer más explícito el relato de su sueño.

Como fenómeno psicológico aparecen espontáneamente en los sueños en ciertos estados de conflicto, también en algunos casos de esquizofrenia. Con frecuencia contienen una cuaternidad o un múltiplo de cuatro, como una cruz, un cuadrado, un octagono. Por lo general aparecen en casos de disociación o desorientación psíquica cuando la persona se siente atrapada entre impulsos divergentes de igual potencia, que le producen una sensación de desgarramiento interior. Algunos son conscientes de ello y dicen: Necesito centrarme. También sucede en los comienzos de un estado esquizofrénico, cuando el paciente empieza a sentir que su visión del mundo se está haciendo confusa debido a la invasión de contenidos del inconsciente que no es capaz de procesar. Entonces pueden aparecer mandalas como instancia salvadora (acaso los salvavidas no son circulares?). Es posible observar cómo la imagen reguladora de un círculo
se impone – compensando el desorden y la confusión de la psiquis – al mostrar un punto central alrededor del cual se organiza la dispersa y contradictoria multiplicidad de elementos, aparentemente irreconciliables. Por tratarse de una figura arquetípica, trae consigo un impulso de autosanación ancestral que no se origina en una reflexión consciente.

Mientras que los mandalas rituales siempre muestran un estilo definido y un número limitado de motivos típicos en su diseño, los mandalas individuales presentan una riqueza ilimitada de símbolos o alusiones simbólicas. Su fundamento es la representación de una contradicción entre el Ser y el ego, siendo el primero la totalidad de nuestra psiquis – incluyendo el inconsciente – y el segundo, sólo un punto de referencia de nuestra consciencia. A menudo aparecen en series, mostrando una secuencia de estados desordenados, caóticos, llenos de conflictos y angustia. Estas imágenes pintadas con gran devoción, a veces por manos tan inexpertas como las de un niño, son yantras a la manera hindú, instrumentos de concentración, meditación y visión introspectiva, que permiten realizar la experiencia interna de un refugio seguro, de reconciliación y de totalidad.