La Doctrina de la gente de la comunidad.

1.- Transmitir conocimiento diferenciándolo de información.

Los estudios comunes siempre se basan en la información, no en el conocimiento. En el medio académico el maestro puede poseer conocimiento, pero enseña por medio de la información. Su conocimiento le puede decir qué información es la que debe seleccionar y como proyectarla, pero esto es algo que la doctrina académica ordinaria no tiene en cuenta, excepto para decir cosas vagas, tales como: Ese hombre tiene aptitudes, talento, una forma de ser, presencia, alcance, etc.

2.- La importancia de enseñar conocimiento.

Las personas que poseen conocimiento pueden comunicar conocimiento. Los que sólo poseen información sólo pueden transmitir información. Si el conocimiento existe, como nosotros afirmamos, es tan importante como la información y en muchos aspectos superior. Un primer paso para comunicar conocimiento es aceptar, en principio, que puede existir. Esto nos lleva a métodos para comunicarlo. Mientras continúe existiendo en la mente humana la confusión entre información y conocimiento, no podrá diferenciarse el uno del otro. La situación es análoga a un nivel primitivo de tecnología en el cual una persona puede quemar carbón y obtener algo de luz y un poco de calor, pero no sabe nada acerca de las substancias más volátiles que se encuentran en el carbón que pueden ser extraídas de él, las cuales pueden producir más luz y mejor calor, a menos costo y con mayor facilidad de transporte, almacenamiento y empleo.

3.- Barreras para la comunicación del conocimiento, consideradas desde el punto de vista del maestro.

Puesto que el aspirante a discípulo no puede ver sus propias barreras, se le puede prestar una perspectiva diferente, la del maestro, para mostrarle algo de la distancia que hay entre él y el maestro. Al principio, estas barreras incluyen las siguientes barreras dominantes; que son las dificultades que causan los mayores problemas en la comunicación:

a) Suposiciones: La falta de pensamiento coherente hace que el estudiante piense toda clase de cosas acerca de la enseñanza, y/o del maestro. Esto hace que el estudiante esté viendo las cosas incorrectas, en el momento equivocado, en la forma incorrecta.

Es algo tan arraigado, que hasta se convierte en una motivación. El estudiante, por ejemplo, piensa que la transmisión de conocimiento debe ser continua, que debe poder obtenerlo en el lugar donde cree que puede encontrarlo; que se le puede dar en la forma y en la velocidad que él exija. Todas estas cosas son absurdos generalizados en otros campos de su experiencia.

b) Condicionamiento: El estudiante ha tomado ciertos principios de las lecturas, de las cosas que ha escuchado, de estudios que ha hecho en el pasado, que él cree deben ser aplicables en el aprendizaje. Estos principios varían muy ampliamente, porque cada persona ha recogido un patrón de prejuicios diferente con respecto al aprendizaje. Por ejemplo: aquellos a quienes se les ha enseñado que el conocimiento superior está acompañado de la experiencia emocional, la buscarán en la enseñanza. Si la encuentran, esto será para ellos una comprobación, o evidencia, de la realidad de la enseñanza. Si deciden que está ausente, concluirán que ésta no es la enseñanza para ellos o ni siquiera una enseñanza u otra cosa parecida.

Ninguna enseñanza real podría, ni por un instante, transigir con tales actitudes, porque son superficiales y sintéticas, no sirven para juzgar, reconocer, o beneficiarse correctamente con una enseñanza real.

c) Las emociones humanas comunes: Están atenuadas en la vida social y profesional, pero necesitan ser expresadas y por lo tanto se infiltran dentro de la búsqueda. Se trata, en pocas palabras, de cosas tales como: voracidad, miedo, esperanza y compensaciones por incapacidades de todo tipo. Los procesos tradicionales que han sido diseñados para eliminar estos elementos se introducen deliberadamente para evitar que el discípulo dé rienda suelta a sus emociones comunes dentro del contexto de la enseñanza.

4.- La enseñanza se concentra sobre el individuo, el grupo, y su propio ser.

Esto quiere decir que no cualquier enseñanza dogmática – cuyos principios y prácticas pueden ser resumidos en unas cuantas líneas – puede ser una expresión exacta o suficientemente completa de la gran enseñanza.

El único método que opera con éxito en esta enseñanza, es el que suministra estos tres aspectos:
a).- conocimiento para aquella parte del ser humano que puede adquirir y utilizar el conocimiento,
b).-práctica para aquella parte que puede desarrollarse por medio de la práctica,
c).- información precisa que corresponda a las necesidades actuales. Esta información es diferente a la información especulativa o que pertenezca a otras fases y a otros campos.

Es por las razones antes mencionadas, que la enseñanza real siempre se realiza por medio de una constelación de impactos y no por medio de una instrucción académica de paso por paso, basada únicamente sobre una información sistematizada. Esto explica la aparente falta de continuidad y la naturaleza aparentemente irregular de los maestros, cuyos hechos y dichos en el pasado, a menudo han parecido ser imposibles de sistematizar.

En las enseñanzas fósiles se ha elegido, de un inmenso cuerpo de enseñanza, sólo unos pocos principios y prácticas, que tienen la posibilidad de ser organizados y aplicados masivamente. Estos han sido aplicados, incansablemente por aquéllos que supuestamente estaban enseñando, o más bien celebrando ritos.

El resultado siempre es el mismo, como en cualquier otro sistema defectuoso: Un núcleo condicionado, algunos inconformes, algunos intelectuales y algunos emocionalistas.

La idolatría del ser humano y la veneración hacia la institución, solamente pueden evitarse por la presencia de un elemento que impida que esa enfermedad se manifieste.
Este puede o no hacer uso de la materia prima, y/o, de la recolección de información.

Es el producto humano, común, caracterizado por todas o muchas de las dificultades que acabamos de mencionar, el que enfrenta al maestro y a la enseñanza, cuando existe la posibilidad de establecer el trabajo de la doctrina en un área dada, la que puede ser que esté o no imbuida con los residuos de la enseñanza.

Esta es la que puede considerarse la situación clásica y es casi inevitable.

Una característica muy fuerte de la tradición deteriorada es la creencia de que la enseñanza esotérica sólo puede emanar de lugares misteriosos e inaccesibles, o que el conocimiento superior sólo puede encontrarse en libros cuyos títulos o temas obviamente tratan del conocimiento superior. Esta idea, ampliamente difundida, está nuevamente basada en la compensación.

Ya sea que la tradición esté perdida o en estado latente, se hace la suposición de que ella no puede estar presente en ninguna forma. El meollo de esta situación se puede expresar en la siguiente forma: Donde no hay ningún conocimiento, algo de éste debe expresarse; de no ser así, la gente inventa, imagina o se apega a un nivel inferior de trabajo.

Las personas a las que nos hemos referido, no tienen idea de qué es un nivel inferior, porque admitirlo sería ver su propia ignorancia. Hacerles notar que no están en contacto con ninguna forma de conocimiento real, ya sea en forma escrita, hablada u otra, sería hacerles sentir que son inútiles y que no tienen esperanza. Lastimaría su auto-estima. Pero es lo que le pasa a esta gente, sólo porque no se han molestado en pensar, ni siquiera mecánicamente, en las interpretaciones posibles de su situación, ni aún en las más obvias.

Es una triste reflexión, sin embargo verdadera, decir que una persona, con un conocimiento superior, a menudo encuentra que la gente con la que tiene que tratar, no sólo se desempeña en un nivel de comprensión más bajo del que cree tener, sino también en un nivel inferior a aquel que podría alcanzar. Se permiten tener esperanzas, pero, al mismo tiempo se permiten ser perezosos. Es al escoger esta alternativa fácil, donde dejan deliberadamente que opere el auto engaño; aún cuando pretendan ante ellos mismos y ante otros que están siendo sinceros.

Se necesitan técnicas especiales, conocimiento especial, un mandato especial, para llevar a la gente a la correcta comprensión de su propia situación. El informarles simplemente de que son tramposos, haraganes, sin esperanza, llenos de voracidad, o que están dormidos, no tendrá ningún efecto sobre aquellos que no reaccionan al instante y correctamente a este impacto.

Esto nos proporciona un panorama externo, acerca de las razones de cierto comportamiento, el empleo de ciertos materiales, la dirección de la atención sobre ciertas líneas, realizada por los maestros en diferentes culturas y en distintas épocas.

Esta no es la clase de maestro que la mayoría de la gente conoce. Muchos de aquellos que más los necesitan, serían los últimos en admitir o estar de acuerdo en que éstos realmente son maestros. La función del maestro, no solamente es la de diagnosticar la situación y las necesidades del estudiante, sino también el ayudar a darle lo que se necesita, de acuerdo con la individualidad propia de cada uno. Al estar haciéndolo, es un técnico, un trabajador, hombre o mujer, que está logrando que algo sea posible. Ni siquiera necesita parecerse a otro maestro, y hasta puede que no se le conozca, generalmente, como un maestro. La gente se excita cuando se le dice que existen maestros invisibles y quiere verlos, quiere encontrárselos. Pero, en este caso, invisible puede querer decir que son gentes que contribuyen al proceso de aprendizaje, sin que de ninguna manera parezca que están realizando esta función. También hay maestros que combinan ambas funciones, la del maestro visible e invisible. Hasta que este principio no sea admitido, por lo menos, como un concepto bien conocido, es muy improbable que el estudiante pueda progresar. Los maestros, a causa de su tarea, su individualidad, la situación de los estudiantes, de los grupos de aprendices y otras cosas, no solamente son el símbolo vivo y representativo de la doctrina, sino también su exponente.

El ser un exponente no significa ser un simple teórico, que continuamente da discursos a su audiencia. No significa un simple hierofante que preside el ritual. No significa un simple tradicionalista que sin cesar repite ideas, palabras y acciones de segunda mano. No significa solamente un hombre, que conoce técnicas o rituales, o dichos o que trata de mantener a la comunidad unida. O que trata de defender a esa comunidad de las infiltraciones de ideas o prácticas, ajenas a ellas.

El verdadero maestro es un ser, casi infinitamente versátil, capaz de trabajar, en un número de niveles diferentes al mismo tiempo. Él responde al movimiento de la enseñanza, lo representa y lo comunica de una manera que dará resultados positivos.

Para poder hacer esto, el maestro debe obtener la suficiente cuota de atención e interés de parte de su audiencia para capacitarlos a recibir los beneficios del complejo método de la enseñanza. Si él transige hasta el punto de dar a la gente lo que cree que quieren: reuniones, conversaciones, diagramas, rituales, el sentirse miembros, actividades continuas, una personalidad o institución sobre la cual se puedan apoyar, de ninguna forma es un maestro. Porque ha permitido que la enseñanza se deteriore dentro del dominio de la mecanicidad, movida por el intelecto o la emoción.

Solamente porque en cualquier época hay miles de personas como esas no quiere decir que alguno de ellos esté en lo correcto, y que no exista el maestro real. Al contrario, y usando uno de nuestros más antiguos aforismos, se acepta el oro falso sólo porque la moneda de oro auténtico existe.

A la gente le es difícil percibir sus propios problemas, pero pueden conseguir un vislumbre de ellos, al mirarse a sí mismos con los ojos de los demás.

Recompensa y Castigo:

Desde temprana edad se ha condicionado al ser humano, por medio de la recompensa y el castigo, o por la amenaza de recompensa y castigo. Este condicionamiento no se arraiga bien en algunas personas. Nosotros nos ocupamos de los demás, que son la mayoría.

En el entrenamiento humano, recompensa y castigo también pueden manifestarse como la
alternativa del caramelo y el látigo, real o teórico. Con propósitos prácticos, podemos decir que todos los sistemas de entrenamiento dependen de estos dos factores. Algunas instituciones, como las religiosas, se basan en ellos y también los refuerzan con frecuentes sugerencias. A la gente se le invita a meditar sobre los placeres del posible futuro y sobre los terrores si se desobedecen ciertas leyes. Fundamentalmente todas las leyes dependen de la amenaza de la fuerza, ya sea física o mental, de ciertas condiciones tales como la prisión, lo que también depende del hecho de que ciertas instituciones ejercen un efectivo poder sobre el individuo.

La sociedad misma implanta y mantiene el adoctrinamiento moral y ético, a veces llamado enseñanza, produciendo placer, por medio de métodos emocionales. Como al individuo desde su niñez, se la ha influido por medio de estas técnicas, él lleva consigo, subconscientemente, el sentimiento de que son esenciales. Esenciales, en el sentido de que siempre deberán estar ahí. Por supuesto ha confundido al instrumento con el objetivo. Por haber sido entrenado a buscar la aprobación o la recompensa y a huir del dolor, y a obedecer a la acción o a la dirección autoritaria, le es difícil concebir que existe una moral autónoma, o ética real, basada en lo que podríamos llamar constructividad y destructividad.

Como resultado de lo cual, si usted reúne a un grupo de personas y no les da ninguna dirección, tenderán a perder el condicionamiento de la obediencia, y a evitar ciertas cosas y buscar otras, al no haber un refuerzo a tales sugestiones. Este experimento es comparativamente fácil de organizar. Si usted puede tener a estas personas trabajando sobre algo, en un tipo de organización no estricta, encontrará que en vez de buscar la aprobación y de obedecer instrucciones inexistentes, empezarán a buscar gratificaciones personales menores. Esto constituye el sustituto al yugo bajo el que antes se encontraban.

Pero, lamentablemente, este sustituto también tiende a ser la suma total de su carácter. En otras palabras, la parte de su carácter que ya no es operante, no era en verdad propia de ellos, porque su presencia dependía de la compulsión de un poder que ejercía sobre esa persona o ese grupo un individuo, una institución o un conjunto de reglas. La consecuencia de este tipo de tendencia rara vez es aquella en la que el individuo se pregunte si está llevando a cabo alguna función útil o evidentemente constructiva para su grupo o institución. En vez de hacerse esta pregunta, aflorarán en él ciertas características de autoafirmación. Estas características no habían aflorado, solamente a causa de enseñanzas morales o éticas y por disciplina. Ellas representan la verdadera naturaleza de este individuo y de la mayoría de los hombres y mujeres. Será muy común encontrar delincuencia, robo, mentiras y engaño. Esto se ha verificado una y otra vez, y el que no lo crea está en libertad de verificarlo cuando quiera, y de volver a esta discusión cuando lo haya hecho. De otra forma está invitado a escuchar esta información.

Un objetivo de los Sufís, es el de someter al hombre a condiciones donde no exista una doctrina sostén o reglas que lo apoyen para que ello lo despoje de aquellas partes de su personalidad, que de hecho sólo están presentes como una suerte de extensión de la sociedad y de sus reglas. Esto permite, al maestro y también al estudiante, la observación de lo individual. El estudiante puede ver sus características reales y preguntarse si es que sus formas de acción, que se manifiestan a través de esta personalidad, son constructivas para la organización, para sí mismos, para sus amigos y asociados, o para algún reglamento moral o ético familiar a él, etc. Esta es la forma en la que llega a verse cara a cara consigo mismo.

Generalmente le queda un buen número de tendencias que se caracterizan por la voracidad. Estas tendencias tratan de sacar para sí cualquier provecho que puedan extraer del medio ambiente. Tienden a operar en forma disfrazada por el hecho de que lo que en verdad es voracidad a menudo no parece serlo, puesto que por razones convencionales se utilizan otros términos para designarla. Por ejemplo, gastar tiempo en buscar información fácil sobre la consciencia superior, desperdiciar los dotes materiales de la organización y poner menos y menos esfuerzo eficiente en las tareas que le han sido encomendadas: todas estas y muchas otras tendencias son voracidad, así como lo es comer demasiado. Las formas de voracidad a costa de alguien, o de algo se encuentran una y otra vez, y pueden registrarse por un observador, como yo mismo he registrado más de una vez y sin comentarlo durante los experimentos. Se extienden desde el mismo robo, (en una escala pequeña o grande), hasta el ignorar las cosas que se le han dicho a pesar de estar recordándolas y actuando de acuerdo con una forma selectiva con lo que ha recibido.

Por lo tanto la persona recordará la mitad de una exhortación o la interpretará mal, tergiversándola, hasta que parezca significar algo completamente diferente que pueda ser referido a algún supuesto provecho.

Bajo estas circunstancias, si se tiene una organización y estudiantes y se les da tareas para llevar a cabo, las que deberían estar muy al alcance de su capacidad para poderlas realizar, existirá una tendencia a realizar las tareas en una forma inferior a la que podrían lograr, y hasta habrá casi señales de idiotez y estupidez porque no se ofrece una recompensa o castigo. Esto puede tomarse como una regla general.

La persona que siempre realiza las cosas correctas e incansablemente de acuerdo con una regla que ha aprendido en el pasado, es tan ejemplo de adoctrinamiento como el que no cumple. Lo único que hace este individuo es traer sus propias reglas, a una atmósfera donde no hay reglas.

Todo lo que está sucediendo es, que en vez de que usted, su institución o su doctrina pongan las reglas y las aplique, él trae consigo su propio mecanismo, su propio sargento de disciplina. El está entrenado y hasta disciplinado; no está actuando constructivamente, no tiene flexibilidad, no tiene elección. Tiene que ser eficiente, o dar valor por dinero, por así decirlo. El problema principal de enseñar en esta área es el de asegurarle al individuo – de manera que pueda percibirlo por sí mismo y no a través del adoctrinamiento – que hay un área en el cual las cosas se pueden hacer, y hacer bien, por medio del conocimiento interior sin tener que recurrir a ningún tipo de cuerpo de supervisión, ya sea éste divino, local, o el modelo de uno que haya sido inculcado por el sargento entrenador.

Desafortunadamente todas las religiones existentes, culturas y civilizaciones sólo aprecian, en tan alto grado, el entrenamiento por los medios burdos antes mencionados, que a menudo se cree que la única forma de tratar con el hombre es a través de la fuerza, de las promesas, o de la amenaza de fuerza.

Esta creencia hace que el hombre se vuelva inaccesible a una real conducta correcta. De ahí el hombre tal como es, es una prueba viviente del dogma en el que ha sido adoctrinado.

La única forma de salir de este desconcertante dilema, es la práctica de métodos que le darán al hombre la posibilidad de verse tal cual es hoy; cómo era recientemente y por qué; y cómo es que hay algo dentro de él que puede gobernar sobre lo que será.

Tales prácticas constituyen el sello de la Tradición Sufí. Pero si estos métodos son aplicados incorrectamente, serán puestos al servicio de las tendencias de condicionamiento, que los adoptará como reglas o sustitutos de fuerza. El resultado, simplemente, será otra religión o institución que existirá para su propio beneficio.

El entrenamiento, en cualquier cultura, no es ni más ni menos que algo preparatorio. Enseña al hombre – ya sea en religión, en sistemas idealistas, en la familia, o en lo que sea – a buscar el paraíso y temer al infierno-, como lo dijo Omar Khayyam. Como tal, este entrenamiento es un preludio: El entrenamiento burdo deberá ser reemplazado por el conocimiento directo y por la verdadera elección. No hay elección posible para una persona que elige algo que se le ha implantado por un criterio de juicio que de otra forma no usaría.

Una vez que sabemos estas cosas, somos culpables cuando somos cómplices de convenciones sociales y otras, que suponen que el hombre es impulsado por motivos elevados o por un sentido de justicia, siendo que lo que queremos decir es que él no puede evitar, en todas sus actividades, el actuar y reaccionar de acuerdo con un patrón para el cual ha sido programado como una computadora.

Esto no quiere decir, junto con aquellos que dicen que el hombre es mecánico, que no debe reaccionar en contra de las convenciones y no usar métodos críticos. Pero lo que sí quiere decir es que el hombre debe darse cuenta de que es capaz de Estar en el mundo, pero no ser de él. Y esto significa que mientras continúa actuando de acuerdo con la moralidad local apropiada para él debe ser capaz de buscar y desarrollar su conocimiento directo de la ética absoluta.

Los experimentadores de todas las épocas, han derribado las éticas locales, pretendiendo que los ahogaban o que no eran aplicables a ellos, sin saber qué cosa podría ahogarlos, o lo que podría serles aplicable realmente.

El único resultado, como usted verá si lee la historia o piensa recordando sus propias experiencias, fue que había otra ética, similar a la primera y que a menudo pretendía ser diferente, y nuevamente pretendía ser la mejor y la única.

A veces es necesario, en una situación de enseñanza, empezar con reglas, abandonarlas y después reaplicarlas, cuando las características indeseables (destructivas y ladinas) que se manifiestan en el individuo no pueden, por el momento ser mejoradas.

Al ignorar el proceso por el cual están pasando, es usual que la reacción de tales personas, sea la depresión, la rebelión o el mal humor.

La otra alternativa: la de enaltecer las virtudes idealistas y santurronas hasta que se adueñen por completo de la mente del individuo, no produce ningún efecto real, aunque artificios de este tipo a menudo bien intencionados, se encuentran en ciertos círculos en abundancia nauseabunda.

Otro resultado que se obtiene al quitarle a los individuos los sistemas de aprobación y desaprobación, es que tienden, casi de inmediato, a fabricar chismes y lo que puede llamarse, el comportamiento de una reunión de viejas chismosas tejiendo. Esto se puede demostrar fácilmente. Así como en la guerra, cuando hay escasez de información porque no se le puede decir a la gente como ha de pensar sobre ciertas cosas (por razones de seguridad), crecen los rumores turbulentos y son creídos; así esta misma tendencia se afirma en grupos especiales, donde no hay afirmación continua y fuerte del dogma en el cual hay que creer. También existe siempre la tendencia hacia el reclutamiento. Hacer que otras gentes se interesen en lo que se supone que está pasando. Sumando a esto existe la tendencia a la fabricación de información, la naturaleza detesta el vacío. Y también el choque de personalidades. La gente dice que no quiere ser regimentada, pero cuando no están siendo regimentadas por personas, tareas o ideas, tienden al picoteo de las gallinas. O sea a la auto-regimentación.

Todo esto sucede en el período que transcurre entre la suspensión de alimentos del área cerebral donde está instalada la regimentación y la apertura de otra área del cerebro que permite el conocimiento directo. Pero la gente rara vez está preparada para soportar el período de tiempo necesario para que la fiebre se calme.

Por tanto, falsifican información, jerarquía, chismes y así sucesivamente. Aquellos que no lo hacen progresan, los demás, en el peor de los casos se convierten en víboras. En el mejor de los casos están incapacitados para progresar.

El liderazgo es otro aspecto valioso de la idea de recompensa y castigo. Si a cierta clase de gente usted no les hace el papel de conductor o no hace lo que consideran propio de un conductor, pronto lo empezarán a convertir en un Dios. Tratando de hacerlo un líder, tratando de verlo, de provocarlo a la acción (benigna u hostil) haciendo que la cola mueva al perro. Al actuar otra vez prematuramente hacen prácticamente imposible que una verdadera enseñanza tenga acceso a ellos, ya que insisten en conseguir algo que quieren, a pesar que no lo necesitan, en un período de deliberada suspensión de un tipo de alimento anterior a la introducción de otro.

Se convertirán en un culto, o se irán y se unirán a otro movimiento. Áreas enteras del posible pensamiento humano están sin usarse. El estudiante le presentará un área incorrecta y esperará que usted actúe sobre ella constructivamente. Algo que no se puede hacer. Es como un hombre que le da un colador y dice: llénemelo de agua

Omar Alí Shah

Extractado por Farid Azael de
Sufismo en Occidente.-Ediciones Dervish Internacional

 

 

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