Sin embargo, la regla tiene sus excepciones. Los recuerdos reprimidos en nuestro Inconsciente, según Freud, carecen de tiempo. Esto significa que no están sujetos a cambio mientras permanezcan en un sistema aislado del resto de la personalidad. Son como sardinas en una lata que, en apariencia, permanecen para siempre como si tuvieran 6 semanas o la edad de cuando fueron pescadas. Mientras están aisladas del resto del mundo hay muy poco cambio hasta que (al ser comidas u oxidarse), vuelven a entrar en el metabolismo del mundo.

El centro de nuestro tiempo como acontecimientos humanos conscientes en tiempo y espacio es el presente. No hay otra realidad más que el presente. Nuestro deseo de conservar más del pasado o de anticipar el futuro podría cubrir por completo este sentido de realidad. Aunque podemos aislar el presente del pasado (causas) y del futuro (propósito), toda renuncia al presente como centro de la balanza como el fiel de nuestra vida – conducirá a una personalidad desequilibrada. No importa que la inclinación sea hacia la derecha (excesiva rectitud) o hacia la izquierda (impulsividad), que se rompa el equilibrio hacia delante (futuro) o hacia atrás (pasado), se puede perder el equilibrio en todas las direcciones.

Esto tiene aplicación a todo y naturalmente también al tratamiento psicoanalítico. La única realidad aquí existente es la entrevista analítica. Todo lo que experimentamos allí lo experimentamos en el presente. Esta debe ser la base para cualquier intento de reorganización orgánica. Cuando recordamos, recordamos en ese preciso segundo y con cierto propósito; cuando pensamos en el futuro anticipamos cosas futuras, pero lo hacemos en el momento presente y debido a diversas causas. La predilección por el pensamiento ya sea histórico o futurista, siempre destruye el contacto con la realidad.

La falta de contacto con el presente, la falta de sentido actual de nosotros mismos lleva a huir, ya sea hacia el pasado (pensamiento histórico) o hacia el futuro (pensamiento de anticipación). Tanto Epimeteo Freud como Prometeo Adler, cooperando con el deseo del neurótico de cavar en el pasado o salvaguardar el futuro, han perdido el punto arquimedeo de reajuste. Al renunciar al presente como referente permanente, las ventajas de retroceder al pasado para sacar provecho de nuestras experiencias y errores se convierte en su opuesto, llegando a ser nocivo para el desarrollo. Nos hacemos sentimentales o adquirimos el habito de culpar a los padres o a las circunstancias (resentimiento). Con frecuencia el pasado se convierte en una “consumación” que ha de desearse con devoción . Brevemente, desarrollamos un carácter retrospectivo. El carácter prospectivo, por el contrario, se pierde en el futuro. Su impaciencia lo conduce a anticipaciones fantásticas que en contraste con la planeación – consumen nuestro interés por el presente y su contacto con la realidad.