La ciencia moderna se presenta como un sistema de conocimiento universal, libre de valores, que ha desplazado a otros sistemas de conocimiento gracias a su universalidad y neutralidad, y por la lógica de sus métodos. A pesar de todo, la corriente dominante dentro de la ciencia: el reduccionismo o paradigma mecanicista, es una respuesta particular de un grupo concreto de gente. Nació entre los siglos XV al XVII, con la muy aplaudida Revolución Científica. Durante estos últimos años, los estudios sobre el Tercer Mundo y la mujer han empezado a denunciar que el sistema científico dominante no emergió como una fuerza liberadora en favor de toda la humanidad (a pesar de que se autolegitimó en términos de beneficio para el conjunto de la especie), sino como un proyecto masculino y patriarcal que necesariamente implicaba el sometimiento de la mujer y de la naturaleza.

Existen otros procesos de conocimiento que se contraponen al ideal baconiano de descubrimiento de las leyes naturales por la manipulación; buscan el conocimiento a través de la identificación, no del control, a través de la participación y no del dominio.

Participar en la vida del organismo no es sólo un método más efectivo para conocerlo; es una fuente de liberación y fuerza para el conocedor. Como escribió Rachel Carson: Quienes contemplan la belleza de la Tierra hallan reservas de fuerza que durarán tanto como dure la vida. Hay una belleza simbólica y real en la migración de las aves, en el flujo y reflujo de las mareas, en el brote que espera a la primavera. Hay algo infinitamente curativo en la sabiduría de la naturaleza: la seguridad de que el alba viene después de la noche y la primavera después del invierno.

Vandana Shiva

Extractado por Farid Azael de
Nueva Conciencia
Integral Ediciones.- Barcelona.