Posiblemente, los psicoterapeutas no puedan llevar la evolución de sus pacientes a término, pero sus respuestas pueden ser más adecuadas con esta perspectiva de la ciencia mística que crea un conocimiento más amplio del yo y del mundo.

El terapeuta debe desarrollar su propio yo observador para transmitirlo a su paciente. Los maestros místicos, a su vez, pueden transmitirlo debido a lo que “han llegado a ser”.

El trance en la vida ordinaria

Suponemos que tenemos la mente ocupada, la mayor parte del tiempo que estamos en vigilia, en cosas prácticas y concretas. Sin embargo, la más leve introspección, nos muestra que permanece ocupada con fantasías y pensamientos inconexos, porque confinamos la atención a estrechos segmentos de la realidad.

Ese estado de consciencia se llama trance y es sólo un poco más leve que el trance hipnótico que se define como que “la consciencia se restringe, la atención se fija y la conducta parece automática en respuesta a sugerencias y órdenes”.

Este es un tema que a la ciencia mística interesa mucho; en cambio, la psicoterapia occidental sólo la trata en forma tangencial.

Sabemos que nuestro centro es el yo observador, pero nos mantenemos en el yo objeto, en la periferia, y por eso alimentamos fantasías de pérdida y disolución que ocurren en nuestro aprendizaje básico. En esta etapa de la primera infancia, las fantasías se refieren al poder de los padres, porque los necesitamos para satisfacer nuestras necesidades de sobrevivencia tanto físicas como psicológicas. Con las tácticas de temor y control, todas las personas se ven obligadas a desempeñar papeles estereotipados que tienen efecto a largo plazo y forman el telón de fondo de la vida diaria. Como adultos, la fantasía se hace más penetrante y se produce una corriente que soterradamente se inmiscuye en los pensamientos conscientes y les da forma y movimiento con enorme fuerza.

Esta es una de las bases del trance que vivimos cotidianamente.

Otro origen del trance, es el asumir un rol “como si “, un comportamiento que algunas personas mantienen para satisfacer aquello a lo que sus padres o su cultura los indujeron, implícita o explícitamente, para que lo manifestaran. Inconscientemente las personas tratan de agradar a sus padres, porque los idealizaron en sus fantasías. La mayoría de nuestros deseos, metas y cambios de humor tienen su origen en fantasías infantiles.