Otra causa del trance en que vivimos, es lo que se llama “contenido arcáico”. Está motivado por los deseos de dependencia, padres que alimenten, protejan, ayuden. Estos son estructurados por fantasías que dan por resultado una dirección al premio o castigo, la aprobación, la protección, el temor y la condescendencia.

Los papeles del adulto son el desamparo o la fuerza, si ve al otro como superior o inferior. El comportamiento se revela como: “no soy feliz y alguien debería hacer algo”. Las personas demandan la libertad del adulto, pero no sus responsabilidades.

Los supuestos básicos del mundo civilizado constituyen otra de las causas. Por ejemplo, donar dinero para tener una “ganancia diferida”, o enojo por la ingratitud” de otro, no son notados por las personas y son compartidos por los psicoterapeutas. La ciencia mística hace esfuerzos para disiparlos de nuestra cultura.

Otras causas de trance en la vida ordinaria es la fatiga, la droga y ciertos aspectos del trabajo creador.

El psicoterapeuta ayuda a aclarar el tipo de fantasías al revelar los móviles. Con esto se desarrolla el yo observador del paciente, se produce mayor autonomía, libertad, un contacto mejor con la realidad inmediata, una percepción más elevada del medio y de la gente y una mayor satisfacción en la vida. El yo objeto deja de ser el maestro para ser el siervo.

Este trance” normal ” no impide el triunfo porque la energía movilizada por las fantasías puede impulsar la acción que da por resultado utilidades de distinta índole.

Nuestra vida transcurre según la fuerza de la fantasía que está activa en un trance de profundidad variable. Este depende de la mayor o menor orientación generalizada hacia la realidad, interrumpido por intervalos de consciencia relativamente despierta.

Para despertar, el yo observador debe extenderse, hasta liberar las propensiones y supuestos de la cultura.

Meditación

Es una técnica mística muy conocida en occidente, desde mediados del siglo veinte, que se caracteriza por producir alteraciones en la consciencia por efecto de una desautomatización o anulación de los procesos maquinales que controlan la percepción y el conocimiento. Se produce un cambio del yo objeto al yo receptivo que lleva a la modificación de la percepción del tiempo, el yo y el significado. Intensifica al yo observador hasta que su realidad sea incuestionable y hace que el meditante se identifique con ella. El objetivo es centrar la mente en mantenerla despierta, más que en su contenido. Da como consecuencia el desarrollo de la consciencia intuitiva.