Todos los yoes, incluso el observador, son fases complementarias de la consciencia. No son la fuente de la consciencia individual. Esta fuente está más allá de la consciencia ordinaria, los místicos la llaman: Yo, Verdad o Conocimiento. La capacidad de percibir al yo se debe al desarrollo místico, esta realidad fundamental trasciende a los cuatro yoes y tambien los límites del individuo.

Esta experiencia lleva a decir “Dios es uno”, “Soy la verdad”, porque induce al conocimiento de la Realidad de la Vida. El yo observador debe ser fortalecido para que sirva de puente entre el mundo objeto y el reino trascendente. El modelo psicológico es deficiente en su forma básica. Para explorar esa zona desconocida que es el yo observador, se necesita el modelo que está en la ciencia mística.

El desarrollo místico se ha explicado en una metáfora que ilustra la progresión de las etapas de trabajo que deben alcanzarse en el proceso: Primero, se debe arar el campo, luego sembrar la semilla y en su debido tiempo, cosechar el grano. Después hay que moler el grano para amasar la harina que mezclada con sal y levadura habrá de ponerse en el horno para panificarla. Sólo entonces obtenemos la nutrición necesaria para avanzar en la vida. Estas etapas se aplican a civilizaciones y a individuos.

El trabajo de desarrollo debe ser con una cultura de base, tiempo correcto, un grupo adecuado y calificado de personas que deben funcionar juntas para hacer el trabajo correcto. El estudiante de misticismo puede ayudar al proceso de preparar el terreno o sembrar la semilla (etapa actual de nuestra sociedad) para que el pan esté listo en varias generaciones posteriores.

El Bhagavad Gita dice: “Es mejor el dharma propio, aunque sea realizado de manera imperfecta, que el dharma de otro bien ejecutado.”

La ciencia occidental no ha aprovechado los benéficos resultados de una meditación bien prescrita. Los efectos triviales que ha obtenido no son la finalidad. Si occidente adoptara los requerimientos de las tradiciones místicas, podría facilitar el recorrer los objetivos verdaderos y últimos de la meditación. No hay que aceptar sólo lo que nos atrae, debemos recordar que es un asunto de desarrollo personal que nos conduce a la verdad y comprensión totales.

Arthur J. Deikman

Extractado por Elisa Aliaga de
Arthur J. Deikman.- El yo observador.-
Fondo Cultura Económica.