Spinoza es el filósofo que más se acerca en su definición de intuición al concepto místico. El distinguía entre el conocimiento razonado y percibido por los sentidos y un estado más alto del conocimiento, en el que la totalidad del universo existe en un sistema interconectado y unificado. La realidad intuída por los místicos es universal y puede aplicarse a los dominios de la física y psicología, es corroborada por los físicos y es coincidente con la realidad concebida a través de la intuición por los místicos desde hace miles de años.

Los físicos confirman que el universo es una corriente de actividad en que las formas aparecen y desaparecen, como patrones transitorios de un flujo viviente y dinámico. Los límites aparentes son fenómenos sensoriales en función del momento particular y de la escala de magnitud que usemos. No son absolutos.

Los seres vivos intercambian material con el medio, Se ha comprobado con radio isótopos que cada año nuestro cuerpo está constituido por distintos átomos.

Las “substancias” de nuestro cuerpo y del universo son actividad, cambio, proceso. La realidad fundamental se caracteriza por ser un continuo, un campo o trama unitivo de energía y consciencia, que se encuentra más allá del espacio el tiempo y todas las formas y que, sin embargo, está presente en ellas.

La tradición mística y las religiones están relacionados con lo sagrado y aunque el trabajo de los místicos estuvo en un contexto religioso, permaneció diferente de las diarias prácticas religiosas. Ellos seguían una enseñanza que explicaba que las formas y conceptos ordinarios debían ser transcendidos, y adoptaban las prácticas que en secreto les impartían sus maestros.

Antes del nacimiento de Mahoma, existió un grupo de místicos a los que se les llamó “los cercanos”, “gente de la verdad”, los amigos o los maestros”. En el siglo 19, se llamó sufismo a su doctrina. Ellos decían que todas las formas religiosas son derivados culturales de la misma percepción intuitiva básica. Opinaron que el ser humano está “dormido”, porque su consciencia sólo tiene respuestas automáticas al servicio del utilitarismo y el miedo. Para tener una “evolución consciente” el hombre debe liberarse de los pensamientos que giran en torno a su yo egocéntrico y de las suposiciones condicionadas.