Un monje Zen explicaba que renunciación “no es abandonar las cosas de este mundo sino aceptar que se vayan”. También se debe abandonar el apego al resultado. Humildad y sinceridad son virtudes importantes para el aprendizaje. El orgullo y arrogancia cierran las puertas de la mente. La sinceridad es “honradez de intención”, según los místicos, y es un requisito primordial para la ciencia mística.

En la psicoterapia, cada paciente tiene sus propias ideas para aliviar su sufrimiento. Creen que el psicoterapeuta les dará lo que les falta: confianza, seguridad etc. En efecto, podría complacerlos, pero debe capacitarlos a que vean la verdadera naturaleza del problema. Debe ayudarlos a ver la falsedad de sus pensamientos y suposiciones.

La virtud que practican los místicos no es sólo funcional, sino que es verdadera. Bajo la superficie, todos somos aspectos de un ser. La moralidad no debe ser arbitraria, ni un producto cultural, sino la expresión de la verdadera naturaleza del mundo. Nuestra sobrevivencia como especie y nuestro desarrollo dependen de que reconozcamos esa realidad. La física cuántica postula tambien la conexión de todo lo existente.

Según Kohlberg, la moralidad se desarrolla en etapas progresivas e irreversibles, encaminadas hacia la realidad de la ciencia mística y no desde el punto de vista del empirismo científico. La moral tiene una base universal absoluta, porque no es un artificio cultural arbitrario.

Fenoménicamente, la palabra yo se refiere a cuatro aspectos de la experiencia:

Yo pensador

La acción de pensar, imaginar, preocuparnos, etc. Este yo controla nuestras actividades inmediatas. Lo consideramos responsable de lo que hacemos y dejamos de hacer. Este dominio contiene un yo conceptual: qué y quién es uno; tiene un aspecto dual: uno es el “mí” de los demás – el público, familia, vecinos, etc. – que dicen que somos tímidos, fuertes, irritables, etc. Son apreciaciones acerca de la persona (máscara). Este yo conceptual público, tiende a ocultar el yo conceptual privado, en donde están las autoapreciaciones primitivas, las fantasías y las interpretaciones especiales de lo que ve el público.