En occidente se considera que el observador y lo observado son fenoménicamente iguales. En el misticismo, en cambio, son diferentes. Distinguen claramente entre el alma testigo y todos los fenómenos de la naturaleza.

La literatura psiquiátrica y psicológica considera al yo observador como el “ego observador”, pero no ha investigado su especial naturaleza y su importancia en la comprensión del yo.

La metafísica, la psicología yoga y la budista hacen la diferencia entre el observador y el contenido. Usan técnicas de meditación para potenciar al yo observador, porque para contestar esa pregunta se debe desarrollar una especial forma de percepción.

Hay otras meditaciones, como la vipassana – meditación de los budistas theravada – como el zazen – meditación de los budistas zen – que ponen el acento en la observación continua de los contenidos de la mente. Estos contenidos no deben controlarse ni juzgarse. La observación del contenido de la mente es, afortunadamente, una técnica usada por casi todas las psicoterapias modernas.

La función del yo observador es consciencia. La consciencia no es el yo, ni la evaluación ni la crítica. El yo observador no es el contenido de la mente, trasciende todo el contenido. Tampoco es un objeto porque trasciende el mundo sensible. Como está fuera de los sentidos y del intelecto, debemos considerarlo un conocimiento diferente. Es un conocimiento directo o intuitivo.

En occidente se trata de explicar la función observadora de forma equivocada, porque está basada en la consciencia objeto. La ubicación periférica del yo observador se debe probablemente a su naturaleza única que aún no resuena en el paradigma materialista occidental.

En la ciencia mística – con procedimientos propios de su enseñanza – se persigue que los móviles del yo objeto y su correspondiente forma de consciencia puedan aquietarse y dejar de dominar a la percepción. Esto permite que la persona capte las corrientes más sutiles que reflejan y permean la realidad. Así puede experimentar su continuidad e identidad con esa realidad mayor a la que llaman Tao, Parabrahman, Verdad, Dios, Absoluto.